Nadie acabará con los libros

Nadie acabará con los libros

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03 de junio 2011 , 08:14 p.m.

    'Nadie acabará con los libros' es una conversación entre dos artistas de la palabra y la imagen: Umberto Eco, autor de El nombre de la rosa, y Jean-Claude Carrière, libretista de Buñuel. Allí divagan con la libertad que da la inteligencia sobre el futuro del libro en la era digital. Pero, como ellos mismos señalan, el libro es parte de la civilización, de la cultura de los pueblos, algo que proviene del origen de la humanidad, como la rueda, la cuchara y el martillo. Eco afirma que el libro cambiará de forma, pero en esencia no dejará de ser un libro. Y destaca su funcionalidad: "¿Quién podrá llevar un iPod a la bañera?".

    Un capítulo especial es 'Todos los libros que no hemos leído', donde Eco confiesa que leyó Guerra y paz cuando tenía 40 años. Y encontramos las mejores definiciones de una biblioteca: "¡Una biblioteca recoge los libros que podemos leer, o que podríamos leer, aunque no los leamos nunca", o "es la garantía de un saber". El tiempo no nos alcanza y en ese sentido somos selectivos.

    Los libros no se apagan ni se prenden, se abren y se cierran, diremos defendiendo nuestros derechos de papel, convencidos de su poder, de su textura, de su tamaño. De la mano que lo abre, de la mente que se enciende y viaja, del libro, ese amor, esa mujer de páginas abiertas, esa mujer que está siempre sonriendo en una buena carátula, cuyo plastificado mate los dedos tocan antes de iniciar un recorrido incierto, que muchas veces altera el recorrido de la vida. Cómo no recordar ahora esos primeros amores: Iluminaciones, El Spleen de París, El túnel, La metamorfosis, El extranjero, Cien años de soledad, Muerte en Venecia, Crimen y castigo, Los heraldos negros, Hamlet, El aleph, El doctor Jekyll y míster Hyde, amores que nos ayudaron a pensar el mundo de una manera diferente, si se quiere más compleja, más profunda, más divertida y graciosa.

    Mientras llega el libro digital, que está a la vuelta de la esquina, da grima en un país como el nuestro la poca importancia que las editoriales y las grandes librerías dan al llamado marketing editorial, es decir, a utilizar la imaginación para incrementar la venta de libros, para ampliar su circulación, para ser creativos y encontrar otros canales no convencionales. El menor esfuerzo económico nos caracteriza. Sí, tal vez nadie acabará con los libros de papel, pero hay que luchar para mantener su perdurabilidad. Mañana, cuando llegue el libro digital, otro será el cantar. Mientras tanto, gocemos los postreros alientos de la era Gutenberg, que todavía regocija nuestros sentidos.

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