Liberadas y desiguales

Liberadas y desiguales

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03 de junio 2011 , 08:09 p.m.

LUXEMBURGO. Una innombrada camarera de hotel, africana, inmigrante, viuda y pobre ha conseguido romper un tabú mantenido a pesar de décadas de luchas feministas y legislaciones y acuerdos para proteger a la mujer.

    Empezando en Francia, cuna de Dominique Strauss-Kahn, el famoso ejecutivo acusado de ataque sexual por la indefensa empleada de hotel y extendiéndose por el resto de Europa, las mujeres y el público en general están cambiando de actitud frente al silencio cómplice mantenido hasta ahora alrededor de los casos de acoso y violencia sexual cometidos a diario por hombres poderosos contra subalternas.

    "No más botas" es el mensaje entre las mujeres que trabajaban para Georges Tron, el ministro francés forzado también a renunciar hace unos días ante las denuncias de agresión sexual presentadas por dos de sus empleadas. Las botas eran una forma de protección contra los libidinosos avances del funcionario que usaba la oferta de masajes en los pies como táctica de seducción.

    Otro cuarto de hotel, otro ejecutivo importante y otra camarera atacada sexualmente. Esta vez también en Nueva York, un alto ejecutivo egipcio, Mahmoud Abdel-Salam, ex presidente del Banco de Alejandría, fue arrestado por intento de violación de la empleada que le traía los 'kleenex' extra que había pedido. Las denuncias se multiplican y finalmente algunas son escuchadas. "Ahora que las voces de las mujeres han sido liberadas y el techo de cristal y vergüenza, roto, muchos más escándalos han de venir", vaticina el diario francés Liberation en un editorial reciente.

    En Francia, los medios no dan abasto con las historias y entrevistas de mujeres dispuestas finalmente a denunciar la cultura machista y paternalista que permite y protege la conducta pervertida de muchos hombres en el poder. Si esa tendencia continúa y se abre la represa de silencio sobre acoso sexual, debemos todos temer la inundación por venir. Los casos abundan en el mundo y especialmente en países tradicionalmente "latinos", donde la línea que separa seducción y agresión ha sido siempre tenue.

    Para Christine Lagarde, la ministra de finanzas francesa y principal candidata para reemplazar a Strauss-Kahn en la dirección del Fondo Monetario Internacional, esa línea es "cuando el hombre recibe una buena cachetada o cuando la mujer dice NO". Desafortunadamente, en la mayor parte de los casos de acoso sexual el "no" de la mujer es interpretado como "sí" por el agresor.

    La liberación femenina consiguió liberación sexual para las mujeres del mundo occidental. Pero liberación no significa igualdad. En el poder y en la sexualidad la desigualdad entre hombres y mujeres sigue siendo enorme. Para entender la diferencia entre liberación e igualdad basta ver la reacción y los comentarios masculinos en lugares públicos al paso de una mujer en minifalda. O el uso de expresiones como "linda" o "mamita" o "nena" o "muñeca" que muchos hombres usan cuando hablan con colegas o clientas en oficinas y almacenes. Pero si bien esas expresiones de atención machista no solicitada son desagradables, el gran problema es lo que pasa en la esfera privada. En particular, en los más altos niveles de poder, tradicionalmente dominados por hombres, y donde una conducta sexual predatoria se puede ejercer con impunidad porque es celosamente protegida por amigos y colegas de las mismas élites, por una prensa servil y, en muchos casos, por las propias esposas. Sobre todo por el silencio de las víctimas temerosas.

    Tanto Strauss-Khan como los otros hombres acostumbrados a ejercer lo que una de mis tías llamaba "los derechos de sucio viejo verde" niegan las acusaciones y tienen el dinero necesario para contratar a los mejores abogados para defenderlos. Aun así, algo importante está ocurriendo. El código de silencio ha sido roto y ni el hombre más poderoso puede repararlo.

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