Majestad y soberanía históricas / Historia

Majestad y soberanía históricas / Historia

Otro estudio sobre la independencia a propósito de su bicentenario.

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03 de junio 2011 , 11:55 a.m.

  El libro de María Teresa Calderón y Clement Thibaud que, con el título 'La majestad de los pueblos', ha publicado Taurus se diferencia grandemente de la mayor parte de la producción bibliográfica que ha habido con motivo del bicentenario, posiblemente por el lugar desde donde hacen las preguntas: la teoría y la filosofía política.

No se trata de una historia de las ideas tradicional sino una historia conceptual que reconstruye la genealogía de los discursos políticos que se produjeron, buscando en ellos la comprensión implícita o explícita de los conceptos de soberanía y de majestad: cómo aparecen en los discursos, cómo son usadas, cómo cambian de significados, cómo la una se dice en la otra o se transfigura.

La complejidad y la densidad del texto, su naturaleza decididamente argumental, con concesiones mínimas al relato, hacen de él un libro para iniciados. Un adecuado corpus documental de discursos de diversos actores políticos, proclamas, actas y constituciones son puestos en contexto y examinados cuidadosamente. El debate con los historiadores nacionales aparece solo como telón de fondo, cosa sabida, punto de partida. Pero al tiempo, retoman temas propios de la vieja historiografía académica: la relación entre independencia e ilustración, entre reformas borbónicas e independencia, entre Santander y Bolívar, entre federalismo y centralismo, entre los padres de la patria y la formación de los partidos. Pero el tratamiento está regido por las preguntas sobre la soberanía y la majestad que arman todo el libro. Por eso su formulación nos parece tan renovada y refrescante, aunque nada ligera.

Entre sus aportes vale resaltar: La ilustración borbónica no fue ni tan estatista, ni tan modernizadora ni tan centralista. Más bien impulsó los cuerpos intermedios como los municipios. La Independencia reforzó esta corporativización.

Concuerdan con Francois Xavier Guerra en que la crisis de la monarquía dio lugar a la disgregación y aparición de Estados en Hispanoamérica y no al revés.

Se desmarcan de un debate tradicional. Para los autores no es real la disyuntiva entre influencia de la ilustración o del iusnaturalismo para explicar las ideas de las independencias. Los actores usaron ambas y además el jansenismo, el republicanismo neoclásico y el liberalismo, a su antojo.

Tampoco es una disyuntiva metodológica analizar prácticas o discursos sin el circuito de construcción discursiva de la realidad y construcción real del discurso.

Se alejan de los análisis de los ochenta y noventa que se centran en la manera como los discursos legitiman y justifican un orden. Prefieren preguntarse por la efectividad simbólica y tratan de explicar las transformaciones de las nociones de soberanía y majestad. El centro federalismo de Nariño que defiende dos soberanías, la de la capital y la del Congreso, no es la anticipación del centralismo de Bolívar.

Asistimos así a una historia de las soberanías, que se inicia en la Colonia, con los Borbones, cuando existían unas soberanías encajadas, encarnadas en ciudades, villas y pueblos pero inscritas en el orden de majestad, que constituyen la unidad política y religiosa del cuerpo místico político. Ya había allí una contradicción en términos, pues en las soberanías encajadas se fragmenta y distribuye la soberanía que es por definición una. Este peculiar orden metafísico de la monarquía hispánica es el que sufre la crisis por la invasión napoleónica. Estamos acostumbrados a pensar que entonces se pasa de la soberanía del rey a la soberanía popular, así, sin más. Este es uno de los asuntos que los autores tratan más cuidadosamente, señalando diversas comprensiones de la soberanía en distintos momentos. Muestran cómo se combinan con la idea de majestad y encierran tensiones entre pueblo principio y pueblo sociológico y entre democracia corporativa en el orden civil y democracia inmediata que se da en el orden militar.

Este libro definitivamente merece la atención de todos los que creemos que es necesario comprender a fondo el pasado para entender el presente y el futuro.

Por Margarita Garrido
*Directora Biblioteca Luis Ángel Arango

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