Editorial: La ira al pie de las pirámides

Editorial: La ira al pie de las pirámides

Aún es incierto si las protestas en Egipto desembocarán en la salida del presidente Hosni Mubarak.

28 de enero 2011 , 07:26 p.m.

    Cinco días llevan en Egipto las masivas protestas contra el régimen del presidente Hosni Mubarak. Miles de ciudadanos han salido a las calles de las principales ciudades del país norafricano para exigir la renuncia del octogenario dictador y para pedir más apertura democrática y mejoras a la difícil situación social y económica.

    Esta milenaria nación amanece hoy con el ejército en las calles, el internet y las comunicaciones censurados y bajo toque de queda. A pesar de esta fuerte presencia militar y de un saldo de 26 muertos, los egipcios continuaban desafiando el control de Mubarak, como nunca se había visto en sus 31 años de poder faraónico.

    El levantamiento popular en Egipto le sigue los pasos a la 'revolución del Jazmín', la movilización social tunecina que tumbó hace dos semanas una dictadura de 23 años. La rabia magrebí tiene las mismas raíces que la furia en el Nilo: altos precios de los alimentos básicos, masivo desempleo, corrupción política y brutalidad policíaca. La intención del anciano presidente egipcio de escoger a su hijo como sucesor y la persecución de opositores como el Premio Nobel de Paz Mohamed El Badarei, alimentan el descontento.

    Aún es incierto si los 'días de la ira', como han sido bautizadas estas jornadas de protesta, desembocarán en la salida de Mubarak, quien en su alocución dijo que no renunciaría. De lo que no hay duda es de que la revuelta en Túnez, las protestas en Egipto y marchas en Yemen están enviando un mensaje fuerte y claro al mundo árabe acerca de la necesidad de aperturas democráticas.

    Casi todos los países árabes comparten las rigideces políticas y la desesperanza económica que hoy empujan a los egipcios a enfrentar al ejército en El Cairo y Suez. Si se le suman unas juventudes frustradas, sin oportunidades y con acceso a las redes sociales, este explosivo coctel podría conducir al Medio Oriente en direcciones imprevisibles. De caer Egipto -la nación árabe más poblada y un aliado de Washington-, el resultado podría ser un efecto dominó de cambios en una región marcada por la autocracia. La ira al pie de las pirámides tendrá repercusiones en la política exterior de EE. UU. e Israel, así como en los movimientos por la democracia y en los partidos islámicos de un puñado de países, atentos a las calles de El Cairo.

editorial@eltiempo.com.co

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