Casos de condenas por balas perdidas

Casos de condenas por balas perdidas

Un hombre que disparó para celebrar y dejó inválido a un deportista paga 11 años.

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08 de enero 2011 , 08:15 p.m.

El caso de Jhon William Nieto, una promesa del microfútbol que quedó postrado en una cama por una bala perdida, es uno de los pocos que han terminado en condena contra el responsable del disparo.

"Estaba bailando y lo último que recuerdo es que un tipo empezó a disparar al aire, muy borracho, para celebrar la Navidad -narra John William, quien luego de tres años todavía tiene en su cuerpo la bala que lo dejó cuadripléjico-. Me desperté en la camilla de un hospital y no podía moverme. Me dijeron que habían pasado tres días y que había quedado invalido".

La bala pasó cerca a la yugular y le destrozó la médula. Desde entonces el joven depende totalmente de su padre, William Orlando Nieto, quien no tiene un trabajo estable y que además tiene que responder por otros tres hijos pequeños. Todos viven en un cuarto de una casa del barrio Lucero Medio, localidad de Ciudad Bolívar de Bogotá.

Mientras la Policía busca en Soacha al responsable de la bala perdida que segó la vida del niño Esteban Ramírez en la noche de Año Nuevo, el caso de Jhon es emblemático porque no solo se identificó plenamente al que disparó, sino que hubo una condena que acaba de ser ratificada por la Corte Suprema de Justicia.

Juan Gabriel Castaño Cardona está hoy en la cárcel de Acacías (Meta). En el 2008 un juez le impuso una condena de 20 años de prisión por el delito de tentativa de homicidio agravado. Los testimonios de varios asistentes a la fiesta -que afirmaron que el hombre intentó escapar después del incidente- fueron claves durante el juicio.

Sin embargo, la decisión del Juzgado 32 penal del circuito fue apelada y llegó al Tribunal Superior de Bogotá, que cambió el delito a tentativa de homicidio simple. La pena pasó de 20 a 11 años.

En un nuevo intento por tumbar la condena, Castaño interpuso un recurso de casación ante la Corte Suprema de Justicia. Su argumento era que los testigos en su contra eran poco confiables, pues habían consumido licor esa noche de Navidad. La Corte desechó el recurso y dejó en firme la condena de 11 años de prisión.

"(Castaño) plantea su propia valoración de las pruebas (...) No expresa argumento alguno que haga evidente cuál fue el error cometido por el Tribunal (...) Es una demanda carente de los mínimos requisitos para la impugnación", consideró la Corte.

Ahora, la familia de Jhon William espera que el próximo 13 de enero la justicia determine el pago de una indemnización. Es su esperanza para mejorar las condiciones de vida de quien hasta hace tres años era el delantero estrella del equipo Los Hooligans, con el que había ganado tres campeonatos de microfútbol. Incluso, varios cazatalentos habían alcanzado a contactarlo.

William Orlando Nieto recuerda que tuvieron que llevar a Jhon en una silla de ruedas prestada para una de las audiencias: "Para colmo, la realizaron en el quinto piso de Paloquemao, donde no hay accesos para discapacitados".

Por eso, si resulta la indemnización hay ya dos compras definidas: una silla de ruedas adecuada y un cupo en un colegio para que el joven termine el bachillerato.

Demandan al Estado

Medellín. Ocho años han servido para que el médico Adolfo Betancur hable con tranquilidad de la muerte de su hija Laura Cecilia, quien falleció por una bala perdida en el occidente de Medellín.

Junto con su esposa, aún vive en el apartamento donde el 14 de octubre del 2002 pereció su hija. A Laura, que tenía 19 años y cursaba octavo semestre de medicina, un tiro de fusil le perforó la arteria aorta y la vena cava. Al parecer, fue disparado desde una de las colinas de la comuna 13, donde se libraban enfrentamientos entre la Fuerza Pública y las milicias de la guerrilla. Los Betancur consideran que los uniformados los pusieron en riesgo y por eso demandaron al Estado en el Tribunal Administrativo de Antioquia. El caso fue fallado en primera instancia a su favor y pasó al Consejo de Estado.

Por poco pierde a su hijo

CALI. Postrada en una cama en su casa, en el oriente de Cali, está una joven de 17 años víctima de una bala perdida.
La tragedia le madrugó el miércoles 5 de enero. A las 5:40 a.m., cuando con su abuela alistaba los elementos para la venta de alimentos en el barrio El Diamante. Un disparo, al parecer en un atraco en una esquina cercana, interrumpió su labor. "Apenas sonó el tiro entré con mi abuela a la casa. En la sala sentí un ardor y me levante la blusa. Ahí vi la sangre y al rato salimos y unos policías me llevaron al Hospital Carlos Carmona. Por fortuna, no sufrió lesiones en sus órganos y menos en el bebé porque la bala rozó su vientre en el costado izquierdo. Ante su avanzada gestación, le recomendaron reposo absoluto. La joven se abstuvo de establecer alguna denuncia.

Una  bala  perdida que mató  a reconocido odontólogo del Valle

TULUA. Los  cambios  en la   comandancia  de  la  Policía  de   Tuluá  se  volvieron  malditos  para  esta  ciudad  del  Centro del  Valle.

Ya  es usual que  a  la par que se  registran  esos  cambios,  como  una  "macabra  bienvenida"  ocurren accidentes de tránsito  con trágicos  resultados , secuestros, suicidios  o acciones  de  sicarios.

La llegada  del  teniente coronel, Luis Rodolfo Díaz Castiblanco quien llega de la Dirección de Carabineros en Bogotá a dirigir la Policía en los municipios de Tuluá, Bugalagrande, Andalucía, Riofrío y Trujillo  no fue la  excepción.

Al  nuevo comandante policial  quien en entrevista con los periodistas  dijo que no le tiene temor a la Tuluá, ciudad a la que mucho oficial consideran  como un "quemadero de oficiales"  a las pocas  horas de  asumir  el mando  además  de  haberle  asesinado una  mujer  quien había llegado  a  la  ciudad, una bala  perdida  quita la vida le  mata a un reconocido odontólogo.

Tristeza  por muerte de quien buscó la mejor  sonrisa

El prestigio como uno de los  dos periodoncistas residentes  en  Tuluá,  hicieron  que la agenda  de trabajo para el primer  trimestre  de  Pablo Andrés Echeverry  Bravo,   estuviera repleta  de compromisos.

Este  odontólogo, egresado de la Pontificia Universidad Javeriana de  Bogotá,    especializado en la prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedades en las encías,  en la Universidad El Bosque, no  los  podrá  cumplir  porque ayer  viernes   hacía  el medio día,  una  bala  perdida  lo asesinó.

Después  de  haber cumplido con la atención a uno de sus pacientes,   Echeverry se  dirigió   hacía  "Jhon Autos", en la carrera  40 con calle  33,  del  Barrio  Panamericano,  en donde  buscaba la  venta de  su carro.

En el sitio se  encontraban el propietario del establecimiento  Jhon Jairo Salazar  Mejia, de  38 años conocido como "Pitufo" y David Felipe  Toro Mazuera de  23, quienes  también fueron baleados.

El primero, contra quien, de  acuerdo con las  informaciones entregadas por las autoridades  estaría dirigido el atentado ya que recibió  cinco impactos  de  bala, falleció cuando era atendido por los médicos  de la Clínica San Francisco.

El odontólogo  también, pese a  su juventud  de  33  años, ya  era  todo un  experto  en la colocación de implantes dentales, lo que le había  generado admiración incluso entre sus colegas,  recibió un  impacto de  bala  que  ingresó  por  el  torax y  cruzó   para  salir por la espalda.

Todo parecer indicar que los  criminales  utilizaron  un taxi y una motocicleta para cometer  el atentado 

Hijo de  Gerardo Echeverry,  reconocido empresario tulueño en el campo de la maquinaria agrícola y  directivo de la Junta de  Ferias  de  Tuluá  y Edith Bravo,  co propietaria de Lácteos "El Hato",   familias  apreciadas  en Tuluá  por sus actividades  en beneficio social, el  odontólogo Pablo Andrés Echeverry  Bravo  "deja  una tristeza  porque  siempre  buscó la mejor  sonrisa.  Mucho antes  de irse a su trabajo,  se le veía por las calles  del Barrio Nuevo Alvernia de Tuluá, dándole  vueltas  en su coche a  su niña  de escasos tres años", comenta una de sus colegas.

justicia@eltiempo.com.co

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