Editorial: Bolivia: feliz Año Viejo

Editorial: Bolivia: feliz Año Viejo

Evo tendrá que ver cómo remedia un lío que él mismo creó.

04 de enero 2011 , 01:08 p.m.

    El mensaje que envió el 31 de diciembre el presidente Evo Morales a los bolivianos se resumía, poco más o menos, en desearles un feliz Año Viejo. Su breve alocución de medianoche anunció la derogación del decreto supremo 748, dictado cinco días atrás, que reajustaba el precio de los combustibles entre 57 y 82 por ciento.

    El "gasolinazo", como lo llamaron los bolivianos, desató bruscas alzas en los transportes y los alimentos, pese a que iba acompañado de otras medidas paliativas, entre ellas una mejora del 20 por ciento en el salario mínimo. La reacción ciudadana fue masiva e inmediata. Aun las bases electorales del MAS (Movimiento al Socialismo) protestaron por la medida. El Alto, una población vecina de La Paz cuya agitada y densa estirpe popular sirve como termómetro de la situación en las clases menos favorecidas, se lanzó a la calle y al bloqueo de carreteras. Hubo manifestaciones e incluso gritos del sector indígena que advertían: "¡Evo, cuidado, el pueblo está enojado!".

    Así era, evidentemente, y el Presidente, sindicalista y líder cocalero, echó atrás el decreto: volver al 2010 era suficientemente alentador para los bolivianos a manera de antesala del 2011, de modo que se desconvocaron las marchas de protesta programadas para esta semana. En una encuesta del diario La Razón, el 55 por ciento de los preguntados consideró que fue un acierto derogar el "gasolinazo".

    Sin embargo, el problema principal subsiste y el atroz y fallido remedio deja cicatrices. Existe un grave desajuste entre los precios nacionales y los internacionales del combustible, que va en aumento desde que el gobierno de Morales nacionalizó los yacimientos petrolíferos en mayo del 2006. El Estado enjuga la diferencia con un subsidio que le costó el año pasado mil millones de dólares, según el Gobierno, y ha fomentado el contrabando de gasolina a países vecinos.

    Lo paradójico es que los partidarios socialistas de Evo le echan en cara adoptar medidas neoliberales, contra su propio programa, y piden la renuncia de los ministros del sector económico. Mientras tanto, los trabajadores saludan el reversazo en el precio de los combustibles, pero exigen que se mantenga el alza del salario mínimo. Evo, que se metió solito en el lío, tendrá que ver cómo lo remedia en los próximos meses... o años.

editorial@eltiempo.com.co

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