Temperaturas de 35 grados bajo cero ya no serán problema para recorrer Moscú

Temperaturas de 35 grados bajo cero ya no serán problema para recorrer Moscú

Cinco yates rompehielos ofrecen la posibilidad de viajar por el río Moscova y descubrir la capital rusa. Quedarse en el hotel ya no es necesario.

22 de diciembre 2010 , 12:00 a.m.

'Ferdinand', 'Scarlet', 'Bon Voyage', 'Celebrity' y 'Capella' son barcos de paseo con capacidad de abrirse paso entre los hielos y permitirles a sus viajeros gozar de una visión diferente de Moscú, con comodidad y seguridad. 

Cada buque tiene capacidad para doscientos pasajeros, a los que ofrece durante dos horas y media una cita romántica con la ciudad, que se revela totalmente diferente, enigmática, fascinante y elegante, incluso para aquellos que creían conocerla bien. La idea surgió como parte del proyecto de reconstrucción del histórico hotel Ucrania, uno de los siete rascacielos estalinistas de la capital rusa, de 29 plantas y 200 metros de altura, en su momento uno de los más altos de Europa y que ahora ha sido reformado y acaba de sumarse a la cadena Radisson Royal.

El propósito era encontrar una alternativa a los vetustos y oxidados barquitos que desde hace años pasean a moscovitas y turistas por el río en verano. Además, aprovecha las particularidades del legendario invierno ruso para ofrecer a sus clientes una diversión tan tradicional como los paseos en la nieve en trineos tirados por caballos o perros.

En esencia, el objetivo es brindar a moscovitas y turistas una diversión tan habitual y obligatoria como las que ofrece cualquier ciudad europea con agua, desde París y Londres, atravesadas por sus respectivos ríos, hasta Venecia y Amsterdam, perforadas por los canales. Cada yate es capaz de romper hielos de hasta diez centímetros de grosor y puede alcanzar una velocidad media de 10 nudos (18,5 kilómetros por hora).

Realiza cuatro viajes diarios (cinco los fines de semana), desde primera hora de la tarde hasta la noche y en los que por un precio adicional los turistas pueden recibir un exquisito almuerzo o cena, con platos a base de carne, pescado o verduras para los vegetarianos, y elegir bebidas a su gusto en el bar. El salón del yate, de 300 metros cuadrados, fue transformado en un elegante restaurante con cabida para doscientos pasajeros, que pueden disfrutar la vista desde el interior, resguardados tras el cristal, o subir bien abrigados a la cubierta del barco para sentir en su piel la gélida respiración del invierno ruso.

Al final del día, una hilera de faros se enciende bajo la línea de flotación del barco para iluminar el agua y el hielo, acentuando la magia de la noche y dando un último toque a esta breve inmersión en el corazón de una de las grandes capitales del mundo.  

EFE REPORTAJES
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