Poesía / 50 poetas y una antología

Poesía / 50 poetas y una antología

Poetizar es sinónimo de edificación de lo humano y del individuo.

21 de diciembre 2010 , 12:00 a.m.

En alguna ocasión escribí acerca del nacimiento del poeta en la Antigüedad, y también acerca del momento en el cual, después de ser individualizado o distinguido en su comunidad, apareció el primer nombre, esto es, cuando el poeta se sintió dueño de su mundo y lo firmó como algo exclusivo que, eso sí podía enriquecer el mundo de los otros y, desde luego, hacer y dar forma a la cultura. Luego, tuve el más estrecho colegaje con Eduardo Cote Lamus, lo cual avala los términos que hoy traigo a consideración, con mi vinculación a la generación de MITO. Es desde este horizonte del pasado generacional reciente que hago esta valoración.

Este año, en Colombia (y procedente de Ibagué) se ha cumplido y ha salido a luz una empresa, que es también un evento de excepción en cuanto al mundo bibliográfico:  la colección 50 POETAS COLOMBIANOS Y UNA ANTOLOGÍA, con el sello Caza de Libro - Club de Lectores. Se trata del poetas presentes, vivos, que no sólo recogen la tradición del poeta colombiano sino la del poeta del futuro: qué modalidades tomará la poesía; cuál será la auténtica misión del poeta en el universo de la tecnología en una era que, yendo hacia un nuevo hombre, ya se inauguraron: los de la tecnología en suplantación de la cultura y del libro, y la 'aldea global', cuando las posibilidades de información por los 'buscadores' y los recursos de la pantalla del computador son casi ilimitados. Aquí la empresa sigue siendo una aventura, pero ya no un abismo sino un puente.

No sólo es difundir la poesía sino consignar los nuevos nombres y abrir caminos para un nuevo talante en las voces, ya tan disímiles de los poetas. Es actividad  -la única- plenamente gratificante para autor y lector, así como para el acervo afectivo de una comunidad. Por esta razón preserva un espíritu, marcado con la impronta de nuestro ser tradicional. La colección lleva un video en el cual leen sus poemas los 50 poetas, en bellos escenarios íntimos que, además, está acompañado por un video en el cual leen fragmentos de su obra los cincuenta autores.

Para la poesía, entre nosotros, se ha utilizado al impresor, o la imprenta a costa del autor, pero no al editor, y menos cuando este se arriesga con una auténtica Colección de voces afirmadas, que, además de ser difundida ya en las principales regiones, llevó para un lanzamiento oficial a varios poetas a Ibagué, pues para darse a conocer vino a la FERIA DEL LIBRO de Bogotá, donde se presentó en el mejor salón de actos. Todo, al final, obra de Pablo Pardo, en homenaje a sus hermanos, Carlos Orlando y Jorge Eliécer, quienes disponen de una editorial al servicio de los narradores. Pero la empresa no es arriesgada, pues algo que las editoriales ignoran hoy es que la poesía sí se consume.

Pero son 50 voces -algunas de poetas consagrados y otras de noveles poetas, o que se han mantenido en reserva, en círculos cerrados-.  El poeta sigue vivo y su mensaje sigue teniendo eficacia y valor; los libros de poesía sí se venden y el público los espera y más en el sesgo de esta Antología, en la cual conviven distintas generaciones y regiones y aun se sacrifican algunos nombres consagrados para dar paso a poetas inéditos. Acerca del origen de esta labor, quiero recordar la especial unión docente que con Ibagué tuvo Eduardo Carranza.

 Se advierte, primero que el ejercicio de poetizar, que tanto nos ha distinguido, sigue  distinguiendo a Colombia en Latinoamérica, sigue vivo y se sostiene con el mismo entusiasmo o fervor, puesto a tono, por lenguaje, temas, motivos y estados de espíritu ahora sí al día y de la coyuntura histórica y humana en el mundo. Y no sólo esto, sino dentro de una actitud crítica, una postura meditativa que interpreta la historia general y las historias privadas de Hispanoamérica con sus países. 

Hay que resaltar una posición crítica, que viene de la mirada analizadora del los poetas a su entorno vital, social e histórico; el lenguaje regional auténtico en la poesía de provincia, no la que se concentra en Bogotá, sino la que ha tenido el valor de permanecer en las ciudades intermedias, llamando o haciendo llegar hasta ellas la cultura, los movimientos de ideas y las publicaciones de los centros convencionales. Tarea digna de elogio, sí, pero también un llamado al manejo oficial de la cultura, el que se haría de parte del Estado. Esto debe, al final, hacer pensar en la tradición intelectual misma de Colombia, que se ha dado en el Humanismo, los estudios de gramática y filología y, finalmente, coronándolo todo, la tradición siempre dignamente cultivada de los versos o palabra poética. No hay duda de que Colombia goza de alguna libertad, es en el terreno del Pensamiento Poético. 

Por Gustavo Wilches Bautista

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