¿Por qué insistir en la extradición de Yair Klein a Colombia?

¿Por qué insistir en la extradición de Yair Klein a Colombia?

Así se envía un mensaje sobre una conducta ante la que unas naciones desarrolladas cierran los ojos.

notitle
08 de diciembre 2010 , 07:26 p.m.

Mercenario: el término proviene del latín mercenarius, el cual deriva a su vez de merces, es decir, salario.

Se define como mercenario a aquella persona que participa en un conflicto bélico por el simple beneficio económico, sin ninguna consideración con respecto a la ideología, la nacionalidad o las preferencias políticas del bando en el cual lucha.

Los 'perros de la guerra' (como fueron denominados en la conocida novela de Frederick Forsyth, llevada al cine en 1980 por el director John Irvin) son tan antiguos como los condottieri, en la Italia medieval y los mercenarios suizos, desde el siglo XV, los más conocidos.

En los últimos años, y en un mundo crecientemente preocupado por los derechos humanos, el fenómeno de los mercenarios, lejos de disiparse, se ha agravado.

En efecto, tras el colapso del campo socialista y el fin de la Guerra Fría, se inició un proceso de disminución del tamaño de los ejércitos en Europa, Australia, Sudáfrica y otras naciones del mundo y, simultáneamente, empezaron a surgir decenas de empresas privadas, que comenzaron a reclutar esta mano de obra excedente para ofrecer sus servicios, tanto legales como ilegales, al mejor postor.

Lo grave es que las formas de acción de estos 'soldados de la fortuna' en África, América y Asia, así como en las recientes guerras en los Balcanes, causan estupor. Tumban Gobiernos legítimos, asesinan a líderes políticos, participan en guerras interétnicas y en muchas otras actividades ilegales.

¿Quién es Yair Klein?

Yair Klein, nacido en 1942, fue miembro desde muy joven de los selectos grupos especiales de asalto del Ejército israelí. Como tal participó en operaciones espectaculares, como el rescate de rehenes en un avión libio en el aeropuerto de Lod, en Tel Aviv, o la invasión del Líbano, en 1982, en la cual comandó un batallón de infantería.

A su retiro del ejército, fundó una firma de seguridad, Hod Halanit, que estuvo seriamente comprometida con la Falange Cristiana del Líbano, responsable de las masacres perpetradas en los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila.

Más tarde participó en la guerra civil que devastó a Sierra Leona, en donde pagó una pena de prisión de 16 meses por su apoyo logístico al Frente Revolucionario Unido, una de las milicias más sanguinarias de ese país.

En Colombia, participó en el adiestramiento y suministro de armas y equipos al servicio de Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha.

En los campamentos en el Magdalena Medio instruyó a algunos de los principales jefes de las futuras Autodefensas Unidas de Colombia, tales como Carlos Castaño.

Es más: uno de los sobrinos del más antiguo de los jefes paramilitares vivos, Ramón Isaza, alias 'el Viejo', lleva en su honor el nombre del mercenario israelí: se trata de Yair Klein Mazo Isaza, cuyo historial criminal causa horror.

¿Por qué es indispensable seguir insistiendo en la extradición de Klein?

En primer término, uno de los mayores desafíos a los derechos humanos a nivel mundial lo constituye la creciente privatización de la seguridad y la guerra. Una sola empresa, Blackwater (ahora Xe Services LLC de Carolina del Norte), dispone de más de 20.000 'soldados de la fortuna' y 20 aviones de guerra dispersos en múltiples países del mundo. El libro del periodista de The Nation, Jeremy Scahill, Blackwater. El auge del ejército mercenario más poderoso del mundo (Paidós), es impactante.

Estos ejércitos privados actúan con total impunidad, pues escapan a las leyes de las naciones en que actúan e, igualmente, a las normas propias de los ejércitos regulares. Tan sólo en Irak se calcula que existen más de 48.000 contratistas que cometen en ocasiones múltiples atropellos sin ningún control.

En segundo término, así estos 'soldados de la fortuna' se autodenominen contratistas, constituyen de hecho grupos mercenarios. Según el Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949, relativo a la Protección de las Víctimas de los Conflictos Armados Internacionales (Protocolo I), se entiende por mercenario a toda persona que, a) haya sido especialmente reclutada, localmente o en el extranjero, a fin de combatir en un conflicto armado; b) que tome parte en las hostilidades; c) animado esencialmente por el deseo de obtener un provecho personal; d) que no sea nacional ni residente; e) que no sea miembro de las Fuerzas Militares de una de las partes en conflicto, y f) que no haya sido enviado en misión oficial como miembro de sus Fuerzas Armadas por un Estado que no es parte del conflicto.

En tercer término, debido a que se trata de una industria floreciente, que puede afectar a Colombia en el futuro, basta observar las revistas especializadas de las redes mercenarias a nivel mundial, tales como Le Mercenaire o Soldiers of Fortune, las cuales ofrecen distintos servicios (armas, adiestramiento, soldados) para todo tipo de acciones legales e ilegales. ¿Cuántos Gobiernos legítimos en África, por ejemplo, han sido derribados por milicias adiestradas por mercenarios franceses, ingleses, australianos o israelíes?

En cuarto término, la no extradición de Klein constituye una afrenta para la Justicia colombiana. Este mercenario fue condenado por un juez y su condena ratificada por el Tribunal de Manizales. Tenemos la obligación de hacer respetar las decisiones judiciales. Además, debemos reivindicar a la rama judicial y a su capacidad de garantizar los derechos de Klein en caso de que fuera obligado a cumplir su pena de prisión en Colombia.

Finalmente, la no extradición constituye una afrenta para las víctimas de los grupos paramilitares y la sociedad colombiana, pues todos tenemos el derecho de conocer quién contrató a Yair Klein, para qué lo contrataron y a quiénes adiestró. Este testimonio es fundamental para reconstruir una historia manchada de sangre, que todavía nos avergüenza.

Si Yair Klein es obligado a responder ante la justicia colombiana -que ya lo condenó a una pena de prisión de 10 años y 8 meses-, se enviaría un claro mensaje a la comunidad internacional en torno de una reprobable conducta criminal ante la que muchas naciones desarrolladas cierran los ojos hipócritamente.

EDUARDO PIZARRO LEONGÓMEZ*
Especial para EL TIEMPO 
*Ha presidido la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. Investigador y catedrático de la U. Nacional.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.