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Libros / Decisión de irse

Libros / Decisión de irse

Duermevela, un libro escrito por Melba Escobar de Editorial Planeta.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

La trama de esta historia es sencilla y aunque no es la primera vez que se ha escrito sobre el tema, resulta un claro punto de partida para una ópera prima: la elaboración del duelo como detonante.

Reconocer en sus líneas al autor es un punto importante. Veo a Irene, su narradora, como encarnación de Melba. Veo la historia como una necesidad. El libro trata sobre la decisión de irse, irse lejos para intentar hacer una vida por sí mismo, sin ataduras, caminos trazados, ni herencias. Una intención válida, verdadera y común a muchos. Pero prácticamente imposible de llevar a feliz término sin que se cruce la historia personal en el medio. Allí es donde esta historia empieza a tomar forma y va demostrando que la vida, esa vida de la que se quiere o pretende huir no es remotamente tan interesante como quisiera que lo fuera. Y que está determinada por algunos, en este caso el padre, esa imagen enorme, brillante, amorosamente aplastante. "(...) Siempre había que escuchar. A menudo se aprendía más que en clase de Historia o de Sociales. Y a menudo se tenía la sensación no de tener nada que decir. O mejor, de no saber cómo decir nada. Por eso guardábamos silencio. El hombre tenía su sentido del humor. Y había días en los que la conferencia era más amena que otros. En ocasiones nos hacía preguntas. Por lo general preguntas existenciales. ¿Cuál es la materia que más te gusta? Me preguntaba a mí que estaba en kínder. Siempre quería decir algo inteligente para impresionarlo. La opinión de él era importantísima. Era, quizá, la única importante. Eso nos los transmitió mamá con la leche materna. Tal vez por eso Silvia es de las cuatro la única verdaderamente amiga de mi padre. A ella mamá le dio leche de tarro. Las demás solo éramos fans". 

El padre muere justo en el momento en el que el mayor acto de rebeldía era partir, era separar cobijas y declarar la independencia. Una injusticia. En lugar de poder pensarse se ve obligada a pensar en él, a revaluarlo todo, a hacer cuentas, a llorarlo, a recordarlo. Es allí, sin embargo, que se da cuenta cómo pesa esta figura en su vida. Y que la adoración no era de sus niñas, sino que era un hombre respetable, un hombre público que quiso cambiar el mundo. Así como Melba se entrecruza con su personaje y habrá allí algo de ficción en sus rasgos y vivencias, no pasa lo mismo con Rodrigo Escobar. De él sí reconstruye su historia como servidor público y lo pone en carne y hueso como padre. Es una interesante mezcla de géneros. Quienes lo conocimos, en ese rol de padre, no queda más que declarar que en efecto era un hombre fenomenal. 

En cuanto al estilo, Melba Escobar escribe frases cortas, en momentos de cajón, lo que agota por instantes. Cuando se pierde en enumeraciones e imágenes resulta una narradora entretenida y cargada de humor negro. Quizás lo mejor que puede decírsele a esta autora es que no se resista a la descripción de los afectos, que lo hace tan bien. También que todavía falta mucho por afinar y que hay lugares comunes gratuitos que sobran, porque tiene tanto las ideas como la fluidez en la pluma. Que Duermevela quede como lo que es, un arreglo de cuentas con la memoria. Y que siga.

Dominique Rodríguez Dalvard
Noviembre de 2010

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