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El milagro chino

El milagro chino

Manhattan fue desarrollado en 150 años, Pudong, que hasta hace no mucho era una mezcla de pantanos de los habitantes de Shanghái, hoyluce un conjunto arquitectónico desarrollado en 15 años.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

En días pasados, China Daily comentaba orgullosamente que el tren superrápido había establecido un nuevo récord mundial de velocidad, y que la represa más grande del mundo había llegado a su capacidad.

Esta optimista conciencia de lo que su país está logrando permea la actitud de confianza de los chinos de que su país se está convirtiendo en un superpoder que llegará a disputar con EE. UU., la supremacía global; confianza que se hizo patente en la feria de Shanghái, como en la Industrial de Cantón, en Guanzhou, con la impresionante infraestructura de transporte y vías, combinada con un manejo y creación del espacio público urbano y su embellecimiento, incluyendo programas de arborización de tan positivo impacto ambiental, en el caso de Beijing.

 En efecto, de acuerdo a análisis del Think Tank del PC, el PIB de la economía china sobrepasará el de la americana en el 2025, a la vez que este país se posicionará como segunda potencia global en el 2050.

Retomaré tres puntos ya introducidos en columnas anteriores sobre el milagro chino. Primero, este parte del asiático (MEA), el cual ha resultado de la combinación de lo estratégico colectivo con el incentivo de mercado.

Efectivamente, el funcionamiento social cooperativo que se manifiesta en el característicamente asiático enfoque de lo estratégico colectivo, tiene dos dimensiones que han sido muy importantes en China y en sus precedentes (Japón): primera, la organización económica que incluye formas de coordinación de la inversión, formas de acción colectiva implementadas en compensaciones institucionales de falla de mercado y funcionamiento empresarial en red, el cual se manifiesta en el desarrollo y fortaleza de clusters y otras formas de networking productivo; y segunda, la ética del trabajo y responsabilidad social confucianistas, que se traduce en niveles de productividad y de calidad que fortalecen la competitividad, y en un funcionamiento social que favorece también la acumulación de capital social y las formas de responsabilidad colectiva tan importantes para el funcionamiento de estas redes productivas.

En cuanto al incentivo de mercado, la experiencia china evapora cualquier duda que pudiera quedar entre economistas reformistas (o chavistas) sobre lo imprescindible de este para crear riqueza y bienestar. El nivel de prosperidad que se aprecia en China le pone sustancia a las espectaculares estadísticas que muestran crecimiento sostenido por décadas alrededor del 10 por ciento, flujos de capital y de trabajo sin precedentes en la historia económica universal, y masas de población arrancadas de la pobreza, también sin precedentes.

En términos anecdóticos y un tanto caricaturescos: mientras Manhattan fue desarrollado en 150 años, Pudong, que hasta hace no mucho era una mezcla de pantanos y cultivos de hortalizas de los habitantes de Shanghái, hoy luce una arquitectura (paisajística, como la que se pudo apreciar en la feria mundial) que rivaliza con la de Manhattan; fue desarrollado en 15 años.

Segundo, el pragmatismo como componente crítico de lo estratégico colectivo, ya que este milagro se debe, en gran medida, al de Deng Xiaoping (su conocido gato que caza ratones, independientemente de su color), quien después de visitar Singapur se preguntó por qué los chinos, gracias a su industriosidad y características habilidades mercantiles (su materialismo no dialéctico, sino metálico) prosperaban en todas partes, menos en China.

 Este viene dando lugar a una apertura ideológica ilustrada por ejemplos como el debate sobre políticas tanto en China Daily como en CCTV; por la reunión de los 100 años de la sociedad psicoanalítica en Beijing; y por alguna apertura religiosa pragmática en casos como el apoyo a un convento de monjas taoístas para la reconstrucción de un monumento con potencial de atraer turistas.

El tercer aspecto ya considerado es la profundización del desplazamiento del centro de gravedad de la economía global a Asia Pacífico, como resultado de la resiliencia de esta región a la crisis financiera y la prolongación de esta en EE. UU. y la UE, y el rol que no sólo China, sino los chinos (su diáspora en el sureste asiático y no sólo en Hong Kong y Taiwán) juegan en este desplazamiento.

A lo ya comentado sobre el papel de China ocupando el primer lugar como socio comercial de un crecientemente número de países y convirtiéndose en un eje crucial en varios aspectos de la economía mundial (ej. su ayuda a Portugal, y por esa vía a la estabilidad de la UE y del euro, su posición monopólica en la posesión de materias primas como los materiales raros esenciales para la producción de electrónicos, la inclusión del renminbi entre las monedas para un nuevo Bretton Woods), conviene agregar una referencia al papel de la diáspora China y el posicionamiento de este país dentro de la estructura productiva de Asia Pacífico.

El enorme peso de los flujos de IED y de exportaciones a través de la mencionada diáspora china ilustra claramente el funcionamiento empresarial en red que hace tan potente el posicionamiento chino en la economía global.

En materia de redes productivas, la interpretación del milagro MEA en términos de la manada de gansos volando, con Japón liderando en el vértice y las sucesivas cohortes (1º Corea, Taiwán y Singapur; 2º Malasia, Tailandia e Indonesia y, 3º China y Vietnam), señala a un elemento fundamental para entender la dinámica económica de la región: las actividades productivas se van moviendo de una cohorte a la siguiente por medio de IED y Sistemas de Producción Internacionalmente Integrados, según la dinámica relativa de los salarios y la productividad, de manera que cuando el crecimiento de los primeros copa al margen de crecimiento de la segunda, la actividad se traslada a la siguiente cohorte de más bajos costos laborales.

En esta forma, actividades que Japón viene desechando para concentrarse en aquellas de mayor dinámica tecnológica se van desplazando de cohorte en cohorte a medida que los costos laborales se incrementan, de manera que IED de todas las cohortes se viene concentrando en China, y se está empezando a desplazar a Vietnam en la medida en que los salarios empiezan a erosionar la rentabilidad posibilitada por la dinámica de la productividad en la respectiva actividad.

Desde luego, un jugador del tamaño y el potencial de China viene bajando rápidamente por la curva de aprendizaje en forma de pasar a niveles de I&D, incluyendo laboratorios de multinacionales en varias ramas de las TIC, que lo colocan por encima de las economías del sureste asiático de la 2ª cohorte en potencial de innovación y crecimiento de la productividad. Este nivel de difusión de las tecnologías hace posible una estructura industrial relativamente desconcentrada, la cual se apreciaba en la multitud de empresas presentando sus productos en la feria de Cantón.

Este potencial y esta desconcentración está, desde luego, ligado a un elemento central del MEA, crucial en su combinación de crecimiento con inclusión: la formación de capital humano, de manera que la educación se convierte en un mecanismo esencial para extender los activos productivos a amplios sectores de la población; una condición del desarrollo que señala el camino para países que quieran adelantar un esfuerzo de crecimiento con inclusión (un patrón de desarrollo que efectivamente beneficie al grueso de la población) mostrado como posible por el milagro chino.

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