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Niñas y nubarrones

Niñas y nubarrones

Hay varias situaciones que vienen acompañando el invierno en nuestro país. De negros nubarrones han pasado a verdaderas tormentas en algunos casos y, en otros, se insinúan como posibles vendavales.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

En primer lugar, el fenómeno de 'La Niña' es un hecho. En varios departamentos se han perdido muchas hectáreas cultivadas -ha sido necesario cosechar acelerada- mente- y la calidad en los sitios de provisión de productos agrícolas ha disminuido, los pastos no se recuperan y se teme una escasez de leche.

 Se ha reducido el área sembrada como consecuencia de las lluvias y las dificultades irán en aumento, por lo menos hasta marzo del 2010; se incrementarán las importaciones y disminuirá la producción nacional. No será un buen año en el sector agropecuario y cabe la posibilidad de un aumento importante en los precios y la inflación.

Por otra parte, ya se vislumbran nubarrones en la Bolsa de Valores. Lo que algunos consideran una corrección necesaria en los precios de las acciones, todos sabíamos que se encontraban inflados, podría derivar con la conocida situación de Irlanda y las consecuencias para otros países europeos, en la punta del iceberg para una nueva crisis financiera que se extendería al mundo.

Se desacelera el crecimiento de la economía China, y en Estados Unidos no escampa. Por las cuentas de nuestra balanza de pagos, se sabe que hasta el tercer trimestre salieron más capitales que los que entraron por Inversión Extranjera Directa y, curiosamente, los inversionistas de portafolio se están refugiando en la moneda más inestable del mundo, el dólar, con una emisión monetaria incontrolada por parte de la Reserva Federal.

En el vecindario, después de unos meses de relativa tranquilidad, se ciernen nuevos cielos oscuros. Dos delicadas situaciones con Venezuela, que han sido identificadas claramente por el presidente Santos y que amenazan con agravarse: la extradición del ciudadano de ese país, Makled, que ha prendido un ventilador sobre la corrupción en el gobierno Chávez, y, de otro lado, la identificación de qué parte de la deuda con Colombia no era tal, sino simplemente exportaciones ficticias, con empresas que a ellas se prestaron en los dos países y cuya identidad y razones sociales se conocen, pero aún se manejan en voz baja.

Finalmente, la noticia de uno o varios muertos, al parecer de nacionalidad ecuatoriana, en un bombardeo a las Farc en la frontera con ese país, prende nuevamente las alarmas sobre el proceso de normalización de las relaciones. Hasta ahora la información es incierta, lo que preocupa es que nuevamente se producen contradicciones en el Ejército colombiano sobre la identificación de los muertos. Ojalá simplemente estemos pensando mal y nada ocurra.

Son dos nuevos retos para la diplomacia y para nuestra prudente Canciller. Esperemos que continúe siendo la exclusiva vocera de las relaciones, tensas y difíciles, con nuestros vecinos.

Escribo estas líneas a mediados de noviembre, en diciembre conoceremos con claridad si los nubarrones se transformaron en tormentas y si viviremos una Navidad pasada por agua. Mi deseo es que los buenos 100 días, al decir de la mayoría, se extiendan a los próximos tres años y nueve meses que le restan a este Gobierno.

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