Secciones
Síguenos en:
Editorial / Prevenir cuesta menos

Editorial / Prevenir cuesta menos

El Plan de Desarrollo, que será presentado al Congreso en los próximos días, debería incluir una estrategia concreta para encarar las tragedias naturales.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

Por estos días, en los que el país está recibiendo los fuertes embates del fenómeno climático de 'La Niña', las páginas de los periódicos y los noticieros de televisión se han vuelto a llenar de imágenes de pueblos inundados y personas que tratan, desesperadamente, de salvar sus pertenencias.

Todo por cuenta del incremento en la pluviosidad, que ha causado un aumento en el caudal de ríos y quebradas, además de una serie de deslizamientos de tierra, responsables de causar el cierre de vías o la pérdida de bienes y vidas humanas.

Semejante situación ha obligado al Gobierno Nacional y a las administraciones locales a reaccionar ante las emergencias. En días pasados, por ejemplo, fue aprobada una partida extraordinaria de 60.000 millones de pesos, con el próposito de reforzar los menguados presupuestos de los organismos de ayuda. Lo sucedido también ha puesto de presente no sólo la precariedad de los mecanismos de respuesta, sino el atraso de una sociedad que no aprende de los golpes que le da la naturaleza.

El triste aniversario de la tragedia de Armero, en la que miles de personas perecieron, no muestra que 25 años después de la avalancha, causada por el río Lagunilla, se haya comenzado a poner en práctica el refrán que dice que 'es mejor prevenir que lamentar'.

Esa realidad es deplorable por varias razones. La primera, que es mucho más barato tomar acciones preventivas que curativas. La segunda, que hechos como el calentamiento global hacen más vulnerable el territorio nacional a inundaciones y sequías, tal como lo dejó en claro, recientemente las Naciones Unidas, al poner al país en el grupo de los cinco de mayor riesgo en el mundo. Y el último factor es que las amenazas deben ser vistas como una oportunidad para rehacer las cosas y corregir los errores del pasado.

Palabras más, ese es el mensaje de un documento dado a conocer ayer por el Banco Mundial y la ONU. De acuerdo con los organismos multilaterales, el costo de las tragedias naturales seguirá creciendo en el mundo, hasta llegar a un promedio de 185.000 millones de dólares anuales, al final de este siglo. Si a ese cálculo se le agregan los probables efectos del cambio climático, la cifra puede aumentar hasta en una tercera parte, algo que hace sonar todavía más fuerte el campanazo de alerta.

En ese escenario, la buena noticia es que los gobiernos pueden disminuir sensiblemente el tamaño de la cuenta si adoptan estrategias de largo plazo orientadas a mitigar los riesgos. Eso implica asumir que lo barato sale caro, y que el precio de no hacer nada puede doblegar a muchos países.

Así lo comprueban los casos recientes de Haití y Pakistán. En lo que tiene que ver con la nación caribeña, la falta de códigos antisísmicos y la poca vigilancia por el respeto a las normas fueron las responsables de que el terremoto del pasado enero dejara más de un cuarto de millón de muertos y varias ciudades arrasadas. Por su parte, las inundaciones que devastaron al país asiático desnudaron la poca calidad de puentes y presas que no resistieron la furia del agua.

Tan tristes ejemplos deberían servir de lección sobre lo que hay que comenzar a hacer en Colombia. De hecho, el Plan de Desarrollo, que será presentado al Congreso en los próximos días, debería incluir una estrategia concreta para encarar un desafío, que no es teórico, sino real, y que merece ser adoptada cuanto antes. De lo contrario, el país se expone a pagar un precio inmenso si no entiende que tanto en las zonas costeras como en las andinas, los peligros naturales acechan más que nunca.

De acuerdo con el informe citado desde 1970, 3,3 millones de personas han perdido la vida por cuenta de huracanes, temblores, maremotos y derrumbes, mientras que las hambrunas que causa la falta de lluvias, derivada, en parte, por la deforestación de cuencas hídricas, aporta la mitad de esa cifra. Ese es un acicate más para que Colombia no tenga un aporte significativo en tan siniestra estadística.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.