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El fantasma de Kennedy

El fantasma de Kennedy

Con la muerte de Ted Sorensen, el pasado 31 de octubre, desparece < el más grande 'escritor fantasma' de la historia estadounidense.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
04 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

Con la muerte de Ted Sorensen, el pasado 31 de octubre, desaparece el más grande 'escritor fantasma' de la historia estadounidense. Muchas de las frases elaboradas con finura artesanal en cada uno de sus escritos son hoy recordadas por la historia como parte esencial de las mejores piezas oratorias del siglo XX, y muchas de ellas reposan sólidamente en las rocas del cementerio de Arlington, en la ciudad de Washington, donde millones de visitantes, cada año, rinden homenaje a la memoria de John F. Kennedy.

Los discursos de Kennedy definieron una era, inspiraron una generación y enaltecieron el púlpito presidencial en una época donde las comunicaciones televisadas transformaron para siempre el contacto directo entre gobernantes y gobernados.

 En su discurso de posesión, Kennedy se levantó ante miles de personas para hacer un llamado a la reflexión colectiva, señalando que "El mundo es muy distinto ahora, porque el hombre tiene en sus manos mortales el poder para abolir toda forma de pobreza humana y cualquier forma de vida humana". Igualmente, en ese discurso magistral, la definición de una nueva agenda internacional quedó delineada al indicar que "... en aras de la supervivencia y el triunfo de la libertad, hemos de pagar cualquier precio, sobrellevar cualquier carga, sufrir cualquier penalidad, apoyar a cualquier amigo u oponernos a cualquier enemigo".

Del mismo modo, y en un lenguaje adornado por mensajes simples, Kennedy leyó con vehemencia pasional las palabras que él y Sorensen habían construido como obreros incesantes, haciendo un llamado para luchar contra "... los enemigos comunes del hombre: la tiranía, la pobreza, la enfermedad y la guerra misma".

La dupla de Kennedy y Sorensen ha sido y será recordada siempre como un equipo de mentes privilegiadas, cuyos debates, estrategias y acciones cambiaron el impacto del mensaje político. Como lo diría el escritor Thurston Clarke, en una obra magistral denominada Ask Not, dedicada a analizar el discurso de posesión de Kennedy: pocos o tal vez ningún otro escritor fantasma ha disfrutado la intimidad intelectual que Ted tuvo con JFK.

Aunque los enemigos de Kennedy siempre intentaron ridiculizarlo y minimizar sus dotes intelectuales esgrimiendo que Sorensen era el titiritero de su pensamiento, la relación de Presidente y Consejero fue inmejorable, quizás, porque nunca dejaron de ser un equipo unido por la confianza. Kennedy siempre honró y destacó el talento de su mano derecha, a quien confió la investigación y corrección de Perfiles de coraje (libro con el cual ganaría el Premio Pulitzer), y a quien le asignó la responsabilidad de redactar la carta dirigida a Kruschev durante la crisis de los misiles, con la cual se salvó a la humanidad de una confrontación nuclear.

Y Sorensen nunca dejó de reconocer que su mentor y amigo era el único arquitecto de su pensamiento y la fuente estructural de los mensajes que electrizaron a un país con sencillez, poesía y motivación.

Sorensen ha partido dejando, entre otros, una brillante biografía de su jefe y coequipero, unas memorias deslumbrantes publicadas en el 2008, y un libro sobre las decisiones en la Casa Blanca, prologado por Kennedy, cuatro meses antes de morir. Su partida se ha sentido con dolor, como lo expresó el presidente Obama, pero, como ocurre con los buenos fantasmas, su espíritu seguirá rondando por los interminables corredores de la política.

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