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Biblioteca Pública Ramón Correa de Pereira abrió sus puertas para lectores noctámbulos

Biblioteca Pública Ramón Correa de Pereira abrió sus puertas para lectores noctámbulos

Hasta las seis de la mañana los amantes de la lectura pueden pasar la noche devorando páginas en medio de la tranquilidad nocturna.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

La 1 de la madrugada es una buena hora para repartir café. Jorge Iván Salazar repite esta rutina a diario. Su propósito es que los lectores noctámbulos que van a la Biblioteca Pública Ramón Correa Mejía, de Pereira, se sientan en casa y no se duerman.

Desde hace 6 meses, cuando la biblioteca abrió en las noches, Jorge Iván se volvió el mejor anfitrión para los estudiantes, desempleados, lectores empedernidos, escritores principiantes y enamorados que buscan un lugar tranquilo para leer poesía.

Jorge Iván es el bibliotecario nocturno. Este estudiante de etnoeducación de la Universidad Tecnológica de Pereira inicia su jornada a las 10 de la noche y termina a las 6 de la mañana, después de cerciorarse de que ninguno de los amantes nocturnos de la lectura se haya quedado durmiendo en una de las 38 mesas.

Entre ellos está Óliver Bermúdez, de 25 años, quien dejó sus estudios de educación física, para sumergirse en la lectura.

Es martes. La noche no es cálida. Óliver llega a la Biblioteca a las 8 p.m. Ese día, no llevó su termo con café. Jorge Iván tiene que aumentar la cantidad de agua en la cafetera, pues hay un lector más para atender.

Comienza la jornada

Susurrando, Óliver confiesa que de pequeño no era un buen lector. Ahora se mueve entre los anaqueles repletos de libros, con el mismo sigilo con que lo haría un fantasma.

Ya el reloj marca las 9:40 de la noche y una mujer, entrada en años, junta unas sillas en la parte de atrás de la sala de lectura, para dormir mientras su hija hace un trabajo de la universidad.

Abrigado con una chaqueta negra, Óliver se acomoda en uno de los salones. En ese espacio, desde donde se divisa la ciudad, dice encontrar más tranquilidad y privacidad para seguir leyendo a Francis Bacon. "Estoy empezando a leer Novum Organum. En una noche leo entre 3 y 4 capítulos, dependiendo del libro".

La primera vez que asistió a la biblioteca por la noche fue para cumplir una cita con una mujer. "Era viernes. Leímos mucho. Tal vez venga acá esperando a que ella vuelva un día", comenta.

Mientras la mayoría de los que viven en Pereira duermen, los lectores noctámbulos hacen apología del calificativo de 'trasnochadora' de la ciudad. La noche avanza lentamente y, para Germán Melo, el vigilante de la sala, lo mejor es unirse al grupo de escasos lectores.

"También leo. Estoy aprendiendo muchas cosas en estas largas noches. Jorge Iván me enseña la clasificación de los libros", dice el uniformado, mientras sostiene en sus manos el libro Cómo vencer las preocupaciones.

Óliver sigue abstraído por su lectura. "Los libros son mejores que la gente: a veces, tanta gente fastidia. Tener un libro es como estar solo, sin el ruido del mundo", asegura.

El reloj sigue descontando minutos. A las 12 en punto abandona la biblioteca un grupo de muchachos que estudian sistemas.

Hasta mañana

Mientras se llega la hora de salir, Jorge Iván avanza en su tesis. A la 1 de la madrugada camina hacía la parte trasera de la biblioteca, donde hay una cocina y prepara el café. "Dicen que me queda bueno".

Esa noche la ronda de café es corta. En la sala sólo están Óliver, la universitaria y su madre, y el vigilante. "Aquí lo tratan a uno bien", cuenta Óliver, quien ha visto muchos amaneceres allí.

Los escasos lectores se sumergen en un silencio sepulcral. Desde la hora del café las palabras entre ellos se anulan. Sólo cuando el reloj se acerca a las 6 a.m, rompen su pacto con los libros y se dirigen unas pocas. "Hasta mañana", le dice Óliver al bibliotecario. La frase no deja de sonarle extraña a Jorge Iván, a pesar de que lleva seis meses en ese turno. "Es raro que a uno le digan hasta mañana cuando el día está aclarando", asegura el guardián nocturno de la biblioteca.

ANGÉLICA ALZATE BENÍTEZ
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
PEREIRA

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