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Un testimonio

Un testimonio

Prólogo al libro 'Los 103 años de Don Próspero Cabal', de Jaime Pinzón López (Oveja Negra).

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

"La historia es una forma de predecir el pasado".

J. L. Borges

Borges decía que una forma de predecir el pasado era la historia, en una frase antinómica, de otra que seguramente no conoció, la afirmación de Samuel Goldwin, el inventor del león de la Metro y de su rugido, cuando le contestara a un periodista que no acostumbraba hacer predicciones, sobre todo para el futuro. Don Próspero Cabal cuenta su historia, sin predecir pasado ni futuro, porque la vivió casi durante un siglo, según nos refiere Jaime Pinzón López en un libro ameno, divertido, rebosante de información, de buen humor, con los avatares que una vida centenaria puede ofrecer a quien vive el país, su país Colombia, a quien vive por fuera del país y a quien siempre le interesó lo que pasaba en ambos lados.

Jaime Pinzón López conoció a su personaje muy bien y le interesó su historia, y de ahí que decidiera contar la vida de don Próspero y alrededor de esa vida, un siglo de aventura de una nación que está celebrando con alborozo los 200 años de su independencia. Es un alborozo al cual se mezcla un sentimiento agridulce, porque todo en estos dos siglos ha sido un poco de gloria, mucha tragedia, esperanza, confrontación de una dura realidad y espíritu de tenaz capacidad de sobrevivir, de progresar, de cruzar el charco difícil del espíritu parroquial, para asomarse a un mundo regido por los computadores, por la Internet, por la vivencia instantánea de lo que ocurre aquí y a cien mil kilómetros. Don Próspero vivió todo eso y a su experiencia de la Nación en formación, sumó su aventura personal, sus años de riesgo en París contados con picante y fresca inocencia; la saga de su familia con nacimientos y defunciones, con duros golpes de realidades económicas, con aromas de perfumes importados de Francia y, en fin, con una conciencia permanente de que a él le tocaba vivir su siglo de ilusiones y realidades.

Aparte esa vivencia, también va aprovechando su vida para contar lo que ocurría en otros países de América. Golpes militares, invasiones, secuestros, asesinatos políticos y aun pequeños incidentes que son los que hacen una vida poblada de interés, de joie de vivre. El hombre que vive la vida paralela de don Próspero y que la cuenta con fluidez, con buen humor y con mucho detalle con la precisión de las circunstancias, también ha vivido su vida en muchos frentes y ha acumulado sus experiencias con juicio, de manera civilizada, con realismo y capacidad de análisis. Jaime Pinzón López ha sido durante más de medio siglo protagonista y testigo de la vida nacional y de muchos otros acaeceres de la vida internacional, y todo esto ha sido posible porque fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia, parlamentario, ministro de Estado, embajador en cinco naciones, rector universitario, como lo fuera de la Tadeo Lozano durante seis años de la presente década. Hoy es asesor de instituciones educativas y de la vida civil, sigue activo, y como cronista de la existencia de don Próspero, demuestra ser un testigo fidedigno y un estudioso de toda la historia de Colombia durante un siglo.

Entonces ahora sí podemos afirmar que no predice el pasado, sino que lo cuenta tal y como lo viviera don Próspero Cabal. Hay muchas formas de contar la historia. Cuando se ha vivido la forma, es la autobiografía; cuando se ha vivido al lado de los demás, la manera es la memoria. Un modelo de la vida testimonio es la que nos ofrece James Boshwell cuando cuenta la vida del Dr. Samuel Johnson, quien lo único que hacía era leer y conversar y Boshwell, en la primera obra maestra de la biografía contemporánea, cuenta en centenares de páginas qué leía Johnson, sobre qué escribía y qué pensaba del mundo y de los seres que lo habitan. Por ejemplo, su visión resignada del segundo matrimonio de un amigo, que para él era el triunfo de la esperanza sobre la experiencia.

Otra forma de contar la historia es vivirla por los demás, o convertirse en un relator coadyuvante, una especie de notario que registra las experiencias de un ser humano, cuya vida tiene interés y cuyas posibles memorias son dignas de preservarse. Jaime Pinzón López pensó durante años que la vida de don Próspero merecía contarse y que todo lo que recordaba don Próspero o todo aquello en que había tomado parte, constituía una historia que, hilvanada con simpatía, con juicio, con mesura y con humor, debía preservarse. Y en este sentido, al preservar la vida de don Próspero, su biógrafo y confidente, su memorialista, nos sirve bien, porque al ser fiel al espíritu y la vida digna de un colombiano, nos sirve a todos, porque puede convertirse en un ejemplo. ¿Acaso no hizo Aubrey de sus Vidas breves una obra maestra al transformar en paradigma el transcurso apacible, ignorado y solitario de algunos contemporáneos ingleses en el siglo XVII?

Enero de 2010.

Por Bernardo Hoyos P.

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