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Objetivo de trabajo y empleo

Objetivo de trabajo y empleo

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Con la presentación del proyecto de ley para la creación y formalización de empleo, tres millones en total, el Gobierno honra el objetivo prioritario expuesto en el discurso presidencial de promover por este medio la prosperidad social y la disponibilidad de nuevas y propicias fuentes de ingreso. Los fines determinan las acciones para alcanzarlos. Por su adopción equivocada, frecuentemente se implantan políticas lesivas del interés general y, sin decirlo, se multiplica la pobreza. No por causas extrañas e inexplicables, sino porque las orientaciones rectoras hacia allá llevan.

Más de una vez en Colombia se han labrado desgracias a sabiendas de sus implicaciones. No es lo mismo concebir el empleo como objetivo edificante que el desempleo como mal necesario. Puede haber factores fortuitos, pero los resultados dependerán principalmente de lo que se quiera y procure. Por ejemplo, costo enorme de la apertura hacia adentro fue la propagación del desempleo y la pobreza, en la vana ilusión de que la penitencia temporal valdría la pena. No fue así. La huella de estrago y empobrecimiento fue permanente, según lo confirman las estadísticas.

Ahora mismo, la apreciación del peso colombiano está infiriendo daños severos a la ocupación de la mano de obra. Aunque la ola de decaimiento del dólar tiene complejas y foráneas raíces, Colombia dispone de instrumentos a la mano para conjurar los perjuicios, con mayor razón siendo la nuestra la moneda más revaluada del mundo. Hace pocos meses, en medio de la crisis europea, se buscaba refugio en el dólar como la que, por ser de reserva, ofrecía las mayores seguridades.

Hoy las cosas se han invertido. Mientras el euro se vitaliza ante la sensación de que Europa se halla en condiciones de manejar las crisis de sus deudas soberanas, el dólar declina con el solo anuncio de que la creación de empleo no ha alcanzado los niveles esperados y el mercado de vivienda torna a hundirse. Más aún. Se ha llegado a predecir, con visión pesimista, que Estados Unidos va hacia otra recesión, y el Banco de la Reserva Federal toma precauciones para evitarla. Por lo pronto, el riesgo no es ya de inflación sino de deflación. Así cambian en el mundo velozmente las cosas. Por anticipado se considera insostenible la casual revaluación del euro. La razón es clara: no la resistirían las exportaciones de los países europeos en dificultades. Como tampoco, por la mayor intensidad y duración de la del peso, las colombianas.

Aparte del aspecto monetario, está el fiscal como coadyuvante del alto desempleo nacional. En el afán de acelerar el desarrollo, se establecieron estímulos tributarios a la inversión, incluyendo la minera. Incluso pactos de estabilidad impositiva y promoción de zonas francas. El país estuvo a la orden del día en materia de crecimiento económico, pero, al mismo tiempo, se incrementaron la desocupación y las desigualdades. Con razón, el actual Gobierno ha propuesto el desmonte de tales exenciones que, conforme a los datos publicados, exceden de tres billones de pesos, a fin de utilizar esa suma con propósitos de creación de trabajo y empleo.

La formalización de pequeñas empresas y de trabajadores contribuirá ciertamente a elevar los niveles de vida por el acceso a los bienes, garantías y herramientas que de otra manera no tendrían. Las solas posibilidades de salud y crédito marcan la diferencia. Es algo parecido a la normalización de los barrios subnormales que con éxito indudable se adelantó en Bogotá.

En general y básicamente, incluso en la batalla contra el crimen y el narcotráfico, es indispensable que todo colombiano tenga un ingreso de subsistencia para sí y para sus familias, junto con un horizonte de progreso y movilidad social. No haya excluidos, no haya marginados, mendigando un mendrugo de pan o sintiéndose impelidos al delito para calmar el hambre o atender a las necesidades del núcleo familiar en la miseria. Tras el objetivo, vengan las realizaciones. 

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