En favor de las minorías

En favor de las minorías

23 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

El mes de agosto concluye con buenas nuevas para las comunidades indígenas -que suman cerca de un millón y medio de miembros- y para los casi cinco mil gitanos que pueblan Colombia. Por una parte, la ministra de Cultura saliente, Paula Moreno, dejó en imprenta la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, que pronto será distribuida por todo el territorio nacional, en formato bilingüe.

Este compendio es el primero en su especie y además de difundir poesía, historia y relatos indígenas, protege de la desintegración a valiosas lenguas y referentes literarios ancestrales. El reconocimiento de los primeros pobladores del territorio americano fortalece su bagaje cultural, los blinda frente a la inminente desaparición de sus lenguas y difunde sus cosmovisiones a través de la palabra escrita.

El presidente Juan Manuel Santos envió un poderoso mensaje al iniciar los actos de su posesión en la Sierra Nevada de Santa Marta el pasado 7 de agosto. Esa ceremonia comprometió al Primer Mandatario a desarrollar una agenda para los pueblos indígenas en los próximos cuatro años. Las precarias condiciones de seguridad y de preservación cultural de una centena de pueblos aborígenes han sido el común denominador en la historia reciente: de allí la importancia de que los mandatos constitucionales comiencen a cobrar fuerza mediante estos proyectos y decretos.

El nuevo gobierno recibe del anterior un paquete de compromisos adquiridos con las comunidades aborígenes, después de muchas protestas por las dramáticas secuelas del conflicto armado en sus territorios. El juez español Baltasar Garzón, asesor de la Corte Penal Internacional y garante del cumplimento de esos acuerdos, visitó a mediados del mes el resguardo indígena La María, en zona rural de Piendamó (Cauca). Sin duda, un apoyo importante dentro del proceso de protección de sus resguardos.

A la publicación de la Biblioteca se suma el reconocimiento oficial de la cultura rom y el respeto de sus costumbres en todas las regiones del país. El decreto firmado por el Ministerio de Cultura contrasta abruptamente con la criticada actitud del gobierno de Francia, el cual deportó en días pasados a una centena de gitanos a Rumania. Si bien la presencia rom en Colombia es marginal, la protección de sus costumbres es un punto a favor de la tolerancia y del respeto. Mientras París deporta, Bogotá reconoce y legitima. Se espera que las recientes buenas noticias en pro de estas dos minorías étnicas sean un buen augurio para la dura situación de todos los pueblos, incluidos los afrocolombianos.
editorial@eltiempo.com.co 

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