El asesino del profesor Cruz ya había estado preso en la cárcel Modelo de Bogotá

El asesino del profesor Cruz ya había estado preso en la cárcel Modelo de Bogotá

A Mejía Bulla le figura en sus antecedentes judiciales una entrada al centro de reclusión en 2003, donde estuvo ocho meses por el delito de porte ilegal de armas.

21 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

En la habitación 219 del Hospital Santa Clara, y custodiado por hombres del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía, permanece José Enrique Mejía Bulla, de 29 años, el fletero que el pasado fin de semana le quitó la vida a un profesor del Colegio La Enseñanza.

Este hombre, que estuvo a punto de morir tras los disparos que recibió en un enfrentamiento con la Policía, visitará por segunda ocasión la cárcel Modelo, tan pronto como los médicos del centro asistencial lo consideren pertinente.

Desde su ingreso al hospital, y antes de ser notificado de la orden de captura, sólo tres de sus familiares fueron a verlo: su esposa, su mamá y una hermana.

Sin embargo, desde el pasado viernes, cuando fue judicializado por el juez 29 de Control de Garantías, a Mejía Bulla le quedaron prohibidas las visitas.

Así fue la persecución

Voceros del Hospital Santa Clara dicen que al asesino, que aceptó los cargos por homicidio agravado, hurto calificado y secuestro simple, le restan dos operaciones en las piernas, que se sumarán a las dos intervenciones que le practicaron en el tórax y uno de los brazos.

Aunque en un comienzo se especuló sobre la existencia de un cómplice, investigadores del CTI desvirtuaron la versión. Del confeso homicida las autoridades no cuentan con mayor información, salvo que residía con su familia en el sur de la ciudad.

El pasado 14 de agosto, el profesor de religión Andrés Giovanny Cruz Morales, retiró dos millones de pesos en un centro comercial.

Acompañado de su novia, el docente se desplazó al barrio La Castellana. Allí fueron interceptados por Mejía Bulla, quien con arma en mano intimidó a su víctima para que le diera el dinero. Todo indica que el catedrático se negó a la petición del delincuente, por lo que recibió dos disparos, que le segaron la vida.

El homicida salió corriendo y en el camino encontró a un suboficial del Ejército -vestido de civil- a quien le robó una motocicleta y el arma de dotación. Desde ese momento se inició la persecución de las autoridades, que llegó a contar con 50 policías motorizados e incluso con el helicóptero del organismo de seguridad.

En la calle 80 con carrera 30, Mejía abandonó la moto y amenazó al conductor de un vehículo perteneciente a una empresa de helados, a quien obligó a conducir hasta la calle 6a. Allí bajó y, tras tomar a una mujer como rehén, recibió seis disparos. Inexplicablemente, 36 horas después, una fiscal le concedió la libertad.

El sindicado aceptó los cargos

Por los delitos que le imputó la Fiscalía, el autor del crimen pagaría 40 años de prisión. No obstante, el hecho de haber aceptado su responsabilidad le puede significar un descuento de hasta el 50 por ciento.

En medio del dolor, familiares del docente dicen que ya están más tranquilos y que sólo esperan que el asesino pague con todo el peso de la ley.

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