Señora Ministra:

Entiendo que un Estado debe preocuparse por asuntos como cobertura y acceso gratuito a la mayor cantidad de niveles.Pero sería bueno cambiar algo en la educación de este siglo XXI.

19 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Qué jartera, señora ministra de Educación, María Fernanda Campo, que en los primeros días le empiecen a llegar cartas como esta. Pero le escribo antes de que se embolate con tanto que hay que hacer por la educación y después no me pare bolas.

Quiero contarle que me angustia ver cómo la educación no cambia. De abuelos a padres y de padres a hijos se sigue insistiendo en la acumulación de información, en considerar a los alumnos como reservorios de datos, canequitas en las que se echa mucho y se procesa poco.

Pasé por una educación tediosa, carente de imaginación y muy poco creativa, de la que me salvó la soledad autodidacta. Sé que la memoria es una cualidad en vía de extinción, reemplazada por artefactos, pero hay que ver la de listas que fue necesario aprender para ganar una nota, pasar un curso y seguir la carrera de hamsters. Todo para olvidar y sumar a materias que hoy no sirven para nada y que no me dejaron nada. Excepto un recuerdo indeleble de tortura.

Misma memoria de tantos muchachos, que no encuentran hoy sentido a seguir aprendiendo cosas que no les interesan. Para las que no tienen vocación ni voluntad. Y para las que un grupo de esforzados maestros no halla caminos creativos y desafiantes de pedagogía.

Entiendo que un Estado debe preocuparse por asuntos como la cobertura, el acceso gratuito a la mayor cantidad de niveles, recortar la distancia entre lo público y lo privado. Pero déjeme escribirle, Señora Ministra, que sería bueno cambiar algo en la educación de este siglo XXI, en estos tiempos que muchas veces no entienden ni alumnos ni maestros y mucho menos padres de familia. Y no dejar tanto a la 'Escuela de la vida'.

¿Por qué no enseñar a pensar? Organizar las ideas, valorar y presentar argumentos, confrontar opiniones. Enseñar a pensar a pesar de los instrumentos, pensar para que Google y Wikipedia no hagan las tareas. Saber dudar, preguntar. Pensar para sintetizar, para avanzar en la idea propositiva no repetitiva, para que el aporte personal o colectivo haga avanzar el conocimiento y lo aplique a la vida cotidiana, a la realidad productiva.

¿Por qué no enseñar a convivir? ¿Se ha dado cuenta cómo pelean los jóvenes en los colegios, cómo se tratan, cómo son incapaces de tramitar una diferencia, de aliviar un conflicto? ¿Cómo les resulta imposible aceptar al otro y establecer nuevas dinámicas y relaciones positivas de género? ¿Así van a llegar a una relación de pareja más profunda o a formar los hijos que tienen cada vez temprano?

¿Por qué no enfatizar la educación cívica? Enseñar que hay un barrio, una ciudad, un país, un sistema de gobierno que son nuestra responsabilidad. Mientras no tengamos esa conciencia vamos a ser espectadores babélicos. Y van a hacer con nuestro barrio, con nuestra ciudad y con nuestro país, lo que a otros se les dé la gana.

¿Por qué no abordar la educación financiera, la alfabetización en medios de comunicación, la pedagogía de los sentimientos? Mejor dicho, ¿por qué no armar grandes corrientes de vida real, que se sirvan de las 'materias' dándoles una aplicación práctica y creativa en vez de seguir con lo mismo? Gracias por el tiempo, con todo respeto, Señora Ministra.

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