Hitler, Blanca Nieves y Tarzán son uruguayos

Hitler, Blanca Nieves y Tarzán son uruguayos

El directorio telefónico del país suramericano está repleto de nombres que rinden culto a la inventiva popular y a la ignorancia.

17 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Si Hitler levantara la cabeza jamás imaginaría que varias personas usan su apellido como nombre de pila en Uruguay, donde una regulación insuficiente y la inventiva popular han dejado registros tan sorprendentes como Napoleón, John Kennedy, Blanca Nieves, Einstein, Tarzán, Préstamo, Oxígeno o Demencia.

En pleno siglo XXI y a miles de kilómetros de Alemania el fantasma del dictador nazi pareció vagar este mes por el país sudamericano cuando en la pequeña ciudad de Tacuarembó, en el norte uruguayo, un hombre de 70 años mató de un tiro a su pareja de 38 y luego se suicidó.

Una nota más en la sección de Justicia de no ser porque el autor del crimen se llamaba Hitler Aguirre Fuentes, un nombre que legó a su hijo y que comparte con al menos otros tres compatriotas, cada cual con una curiosa historia.

Uno de ellos, Hitler Ignacio Da Silva, de 71 años y oriundo del departamento de Rivera, explicó que debe el nombre a su padre, policía de profesión y que, no contento con ello, intentó registrar a su hermano como Mussolini pero la madre de los niños lo impidió.

Da Silva, que junto con Aguirre protagonizó el documental Dos Hitleres, asegura que nunca quiso cambiarse el nombre pese a las peleas que le ocasionó de niño y a que en un viaje a Buenos Aires varios hoteles se negaron a admitirlo. En el caso de Hitler Gayoso, de 75 años y que vive retirado en la capital uruguaya, la responsable fue su madre, una humilde mujer de campo que tuvo 12 hijos. El diario de la época fue su fuente de inspiración.

"Pensó que era un nombre lindo", la justificó Gayoso, que en el algún momento pensó en acudir a un juzgado para cambiárselo, pero no lo hizo porque "antes era muy complicado".

Juan Hitler Porley, de 67 años y residente en San José, explica su suerte por haber nacido en 1943, en plena Guerra Mundial. "A mis padres se les ocurrió, sería porque les gustó como sonaba. Ni idean tenían. Me pusieron Hitler como me podrían haber puesto el nombre de un cantante famoso de la época", relata.

La falta de regulación a la hora del registro

La razón de este curioso fenómeno, según el director del Registro Civil uruguayo, Adolfo Orellano, es que durante la primera mitad del siglo pasado, cuando el esplendor económico de Uruguay abrió sus fronteras a un torrente de cultura desde distintas partes del globo, "no había ningún control en la inscripción de los nombres".

Según Orellano, en los años ochenta se promulgó una ley que prohíbe los nombres "extravagantes, inmorales, ridículos o que generen equívocos respecto al sexo", pero la decisión final de inscribir a un ciudadano recae todavía en los funcionarios del Registro Civil, intérpretes últimos de la norma. Por ello, el año próximo se enviará un proyecto de ley al Parlamento para dotarles de una detallada reglamentación que impida valoraciones erróneas.

"El nombre debe ser una denominación y no una carga en el futuro para el niño", argumentó Orellano.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.