Uribe centímetro a centímetro

Uribe centímetro a centímetro

07 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Una universidad inglesa acaba de descubrir que la gallina fue antes que el huevo. Sin embargo, aún se discute si una fuerte gestión del poder genera popularidad al gobernante, o si la popularidad tiene que venir antes que la gestión poderosa. Ocho años de mandarria de Álvaro Uribe Vélez sugieren que el que se dedica a cultivar popularidad tiene más posibilidades de adquirir poder que quien ejerce el poder expuesto a perder popularidad.

Quizás ahí radica la clave de la etapa histórica que se cerró ayer. La popularidad que construyó Uribe mediante el contacto directo con la gente, el manejo de medios, la imagen de patriota laborioso y la sensación de seguridad lo montó en una ola favorable que rara vez bajó del 70 por ciento. Cuando la popularidad alcanza alto nivel, ella misma se encarga de repudiar cuanto la contradice. Por eso ninguno de los graves escándalos del gobierno fenecido lo afectó mayormente. Al mismo tiempo, la borrachera de popularidad impulsó a Uribe, entre otros errores, al caudillismo, a chocar con el poder judicial, al manejo destructivo de las relaciones exteriores y a desafíos personales con magistrados y presidentes vecinos.

Esta semana, el gobierno debutante divulgó las normas éticas que guiarán su conducta. Muy bueno que así haya sido, entre otras cosas porque permitirán juzgarlo con sus propias reglas. Es lo que procuraré hacer aquí con el de Uribe.

Hallándose en plena campaña, en el 2001, el candidato elegido lanzó un manifiesto de 100 puntos que prometía cumplir. Una revisión muestra que solo lo logró en parte. Su mayor conquista (que todos agradecemos) fue restablecer la "legítima autoridad del Estado" (punto 26) y devolver a los ciudadanos algo de la seguridad perdida. Es innegable que se dedicó "día y noche a recuperar la tranquilidad" (No. 30) y que "molió" sin descanso por el país (No. 98). Fue exitosa la "recuperación de la confianza inversionista" (No. 42) y el apoyo a la "vocación empresarial" (No. 66). También, a medias, la "revolución educativa" (No. 46), que extendió el cubrimiento escolar en forma admirable, pero no con la "buena calidad" prometida.

En cambio, el Gobierno defraudó muchos otros puntos del 'Manifiesto democrático'. En vez de reformar el Congreso (No. 18 a 21) acabó corrompiéndolo aún más con la permuta de votos por puestos y notarías y la formación de seudopartidos clientelistas. El No. 17 prometía "cero politiquería", y politiquería fue lo que vimos. También ofrecía (No. 6) combatir el modelo económico neoliberal, y no hizo más que asentarlo. Dijo (No. 26) que protegería a los sindicalistas, y Colombia tiene el récord mundial de líderes obreros asesinados. Anunció "empleo productivo" (No. 68), y esta es la nación latinoamericana con mayor desempleo. Propuso (No. 31) "un país sin droga" y la comisión ad hoc de la Cancillería reconoció el fracaso de esta política. No habló de castigar a los consumidores, pero lo hizo. Proclamó "cero poder para los violentos" (No.2) y le estalló el polvorín de los falsos positivos. Declaró "respeto al medio ambiente" (No. 1) y atropelló la naturaleza. Manifestó: "Necesitamos salvar al Seguro Social" (No. 60) y lo sacrificó. Prometió (No. 85) avanzar en "proyectos viales", y retrasó las obras públicas. Ofreció (No. 63) "una política de tierras encaminada a mejorar las condiciones sociales y productivas de nuestros campesinos pobres", e hizo lo contrario. Anunció (No. 99) "ciento por ciento de tolerancia a la diversidad y a la idea ajena" y acabó llamando enemigos de la patria a algunos opositores y espiando sus conversaciones. Fue claro al expresar que rechazaría a los gobiernos que fuesen "protectorado de nuestros delincuentes", y así obró (No. 92). Pero, sobre todo, se comprometió a "erradicar la miseria y promover la justicia social", y, aunque descendió la pobreza, Colombia es hoy uno de los países del mundo con mayor abismo entre las clases sociales.

Medido con su propio metro, pues, el gobierno de Uribe no cumplió ni 50 centímetros. De haber sido Moisés, sólo habría obedecido tres o cuatro mandamientos.

Desde hace varios años, el autor del texto recibe comentarios a su columna en cambalache@mail.ddnet.es

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.