La Castellana pasó de ser un barrio residencial en Bogotá para convertirse en un sector empresarial

La Castellana pasó de ser un barrio residencial en Bogotá para convertirse en un sector empresarial

En las grandes casas, que antaño fueron refugios familiares, hoy operan oficinas de todo tipo.

06 de agosto 2010 , 12:00 a.m.
La Castellana, ayer un tradicional barrio residencial de la ciudad -que este año celebra cinco décadas de fundación- lentamente desaparece.

El motivo: dentro de las hermosas casonas familiares de dos y tres plantas, edificadas a partir de los años 60, hoy operan ópticas, inmobiliarias, empresas de vigilancia, servicios de mensajería, fábricas de emparedados y empanadas, oficinas de abogados, cooperativas y confecciones de camisetas, entre otros negocios, un problema de uso de suelo que hoy aqueja a muchos barrios de tradición residencial en toda la ciudad.

La generación del recuerdo

Pese a todo, con mariachis, juegos tradicionales, comida típica y mucha nostalgia por lo que fue su barrio, un puñado de abuelos, con sus numerosas proles a la espalda, celebraron las bodas de oro de la Castellana.

"La urbanización se inició en el año 55. Era un barrio familiar de maravilla. Hoy día cambió, se volvió de oficinas y los residentes que quedamos contados -dice Francisco Ruggiero, de 89 años-.
El lote para mi casa lo compré por 22 mil pesos, y a plazos. Un dineral para la época".

Con tristeza, estos abuelos recordaron también cómo las primeras casas de la Castellana fueron levantadas en lo que era la hacienda El Vergel, y cómo Inversiones Bogotá fue la primera empresa de finca raíz responsable de urbanizar esta zona.

"Compré mi lote con casa incluida por 100 mil pesos. Y las licencias de construcción solamente las daban hasta la calle 100", narra el arquitecto Roberto Uribe, uno de los primeros residentes de la Castellana.

"Donde hoy es el parque principal, los niños jugaban solos todas las tardes. Para poder llegar al barrio, desde el centro, había que coger la flota que iba para Chía, y uno se quedaba en la Autopista con calle 100", relata Noemí Sánchez, otra de las primeras vecinas del barrio.

A diferencia de su presente, hace 50 años en la Castellana sólo era posible construir vivienda. Hoy, lo que más indigna a las familias 'castellanenses' es el crecimiento indiscriminado de oficinas.

"El centro comercial de la calle 95 fue el primero y único sector autorizado para el comercio -añade Uribe-. No se permitían tiendas en otra parte. Hoy, todos los días hay una empresa nueva".

Mauricio Reyes, presidente de la Junta Comunal del barrio, afirma que la movilidad de camiones y carros de carga pesada deteriora la malla vial. "Las calles 93 y 95, y la carrera 47A parecen caminos de herradura". Y agrega que los buses de colegios que visitan el Teatro Nacional invaden el espacio público y que además varias iglesias cristianas abrieron aquí sus puertas. "Aquí, se pagan impuestos para estratos 4 y 5, y este año abonamos valorizaciones de hasta 3 millones de pesos, pero nos siguen atropellando", protesta Monroy.

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