El Castillo Pittamiglio en Montevideo cumple 100 años y es la nueva atracción de la ciudad

El Castillo Pittamiglio en Montevideo cumple 100 años y es la nueva atracción de la ciudad

Cautiva a turistas con siniestras esculturas, torres disparejas y leyendas sobre su difunto dueño, un excéntrico alquimista que, aunque lo donó, prometió volver a habitarlo tras resucitar.

04 de agosto 2010 , 12:00 a.m.

Puertas que no conducen a ninguna parte, ventanas ciegas, símbolos ocultos e inquietantes pasillos laberínticos: todo parece esconder un misterio, aunque el mayor de sus enigmas sigue siendo su arquitecto y morador, el ingeniero y alquimista Humberto Pittamiglio (1887-1966), hijo de emigrantes italianos.

En 1910 el joven Pittamiglio, de 23 años, compró unos terrenos en Punta Trouville, frente al río de la Plata, para asentar su casa, su laboratorio y su templo. Desde entonces, cientos de leyendas han rodeado al castillo, donde se llegó a decir que estuvo escondido el Santo Grial y donde, según los vecinos, se llevaban a cabo ritos satánicos y orgías.

Aún hoy, flanqueado por dos anodinos edificios de apartamentos, despierta pasiones encontradas gracias a un estilo arquitectónico imposible de clasificar que asoma desde su fachada, en la que se mezclan una réplica de la escultura de La Victoria de Samotracia, muros de ladrillo y símbolos masónicos grabados en piedra.

"Su padre era zapatero y su familia, muy pobre, pero él consiguió prosperar hasta convertirse en un prestigioso arquitecto", explica la escritora uruguaya Mercedes Vigil, autora de un libro sobre Pitamiglio titulado El alquimista de la Rambla Wilson.

Fueron su carácter reservado, su inclinación por lo esotérico y su religiosidad los que le llevaron a abrazar el arte de la alquimia, una antigua práctica que transforma los metales en oro y que encierra una filosofía basada en la búsqueda de la inmortalidad a través de la pureza del alma.

"Los vecinos le temían, porque le veían pasear a altas horas de la madrugada con su larga capa de forro carmesí", recuerda Vigil, quien oyó desde joven las historias que del lugar se contaban.
Se le achacaron cultos satánicos, pero lo que en su casa se fraguaban eran experimentos con metales, estudios de química y matemáticas, y una búsqueda constante a través de la meditación de la luz que le daría la juventud eterna.

"Era muy cristiano y llegó a ser muy amigo del Papa Pío XII, de quien se dice que le dio el Santo Grial para que lo guardara en su casa", agrega la escritora sobre uno de los mitos.

El interior de su castillo, donde en la actualidad funciona un centro cultural y en el que se realizan visitas guiadas, "despierta toda clase de emociones a quienes lo visitan", remarca la directora del centro, Patricia Olave. A cada paso, el visitante se encuentra con símbolos ocultos, escudos camuflados e imágenes fantásticas.

El número ocho, la flor de lis, el cuadrado, el círculo y el octágono, todas ellas figuras y signos significativos para la alquimia, están a la vista en baldosas y ventanas, pero también ocultas entre los ladrillos, codificadas en los frisos y latentes en los escalones de la mansión.

Pittamiglio, que hizo de su casa un templo en el que buscaba la paz, diseñó su propia tumba para que una vez cerrada no se pudiera reabrir, y también dejó escrito en su testamento que al resucitar regresaría al edificio para vivir de nuevo entre sus paredes y, quizá, finalmente terminarlo.

MONTEVIDEO
URUGUAY
EFE

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