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Agudelo Villa

Agudelo Villa

Para Agudelo, la política no era un ejercicio para repartirse los puestos públicos: era la lucha de las ideas para mejorar la sociedad y el Estado. Tal vez por eso no lo eligieron Presidente.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

El sábado 31 de julio despedimos a uno de los grandes pensadores del liberalismo. En medio de injustificada indiferencia murió Hernando Agudelo Villa, cuya vida transcurrió fructíferamente por buena parte de la segunda mitad del agitado siglo XX colombiano.

Hizo parte de una generación brillante, que inicialmente vio cerradas las puertas de la vida pública por la ruptura institucional que se presentó a partir del cierre del Congreso, el 9 de noviembre de 1949. Integró la 'generación del 47', así llamada, porque todos ellos (Hernando Durán Dussán, Otto Morales Benítez, Virgilio Barco, Augusto Espinosa Valderrama) llegaron por primera vez a la Cámara de Representantes en ese año, en medio de la violencia partidista. Les tocó vivir el asesinato de Gaitán, el cierre del Congreso y la balacera en el parlamento con las conocidas trágicas consecuencias.

Restablecida la democracia electoral, la mayoría entró como prominentes figuras al primer Gobierno del Frente Nacional, bajo la tutela intelectual y política de Alberto Lleras Camargo. Con excepción de Barco, ninguno de ellos llegó a la Presidencia, a pesar de que la merecían. Lo que le significó al país y al liberalismo haberse saltado esa generación en la década del 90, no ha sido suficientemente analizado.

Sin éxito, en los 80, el ya ex presidente Lleras Camargo quiso impulsar la candidatura de Hernando Agudelo Villa. Como joven Ministro de Hacienda, en el primer Gobierno del Frente Nacional, se le recuerda por muchas cosas, pero principalmente por haber impulsado la ley antimonopolios en 1959. Era un liberal, representante típico de una izquierda democrática, culta y políticamente aterrizada. Si cabe la expresión, se podría decir que fue un 'socialista liberal', que hizo de la lucha contra la desigualdad social una de sus banderas.

Siendo abogado, fue uno de los grandes hacendistas. Tuve el honor de ser su colega en la Cámara, cuando él regresó al parlamento en 1986, y era para nosotros un maestro en las intrincadas ciencias económicas. Lo consultábamos cuando teníamos que pronunciarnos sobre reformas tributarias o proyectos de contenido económico-social.

Las décadas del 60 y del 70, fueron esclarecedoras para el liberalismo. El movimiento revolucionario liberal de López Michelsen significó una sacudida intelectual que dio lugar al surgimiento de nuevos liderazgos fundados en la controversia ideológica y política. Los encuentros de la Ceja (Antioquia) liderados por Agudelo Villa eran verdaderos foros de discusión abierta sobre los problemas nacionales. No habíamos caído todavía en el paralizante 'pragmatismo' que se apoderó del partido, lo alejó de las masas, y aún hoy le sigue haciendo daño.

Para Agudelo, la política no era un ejercicio para repartirse los puestos públicos: era la lucha de las ideas para mejorar la sociedad y el Estado. Tal vez por eso no lo eligieron Presidente.

Siempre estuvo preocupado por la suerte del Partido Liberal. En la última contienda, le envió una carta a los tres candidatos liberales que se disputaban la Presidencia, explorando fórmulas de unión.

Ninguno le contestó. Pueda ser que el legado de Agudelo nos sirva para pensar en la importancia de los partidos -ahora de capa caída- y en la necesidad de volver a hacer de la política una actividad intelectual, que no se limite al acomodamiento permanente por la burocracia y los contratos estatales.
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Corte a las corridas: ojalá la Corte Constitucional no se deje impresionar por lo ocurrido en Cataluña al prohibir las corridas de toros, pues allí el veto tiene otros alcances. En Colombia valdría la pena confrontar las normas constitucionales, con una parte de la tradición en muchos pueblos y ciudades. 

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