La forma de un árbol en la calle 92 en Bogotá tiene impresionados a los transeúntes

La forma de un árbol en la calle 92 en Bogotá tiene impresionados a los transeúntes

"Hay muy pocos árboles como este, parece que tuviera un niño jorobado", relata un vendedor ambulante del sector.

30 de junio 2010 , 12:00 a. m.

 "Parece un hombre incrustado en el árbol", "es un cristiano", "es como un cuadro nudista", dicen quienes lo han visto, si es que lo han visto, en la calle 92 con carrera Séptima -costado occidental-.

Algunos pasan derecho, ensimismados. Otros hablan por celular o pasean al perro mientras miran hacia los lados para cruzar la calle. Sin embargo, para residentes de El Chicó como María Clara Laverde, él no pasa desapercibido en el costado norte del parque Chicó Oriental: es un protagonista de sus tardes y sus mañanas, cuando hace deporte o visita a su mamá. 

Ella se fijó en él por primera vez hace más o menos dos años. Sobrecogida por su aspecto, le ha tomado fotografías y en ocasiones, en compañía de algún familiar o amigo, pregunta si ven lo que ella: una persona herida abrazada al tronco de la acacia negra. 

Melkin Villanueva, vendedor ambulante de la zona, no se había fijado en detalle en la apariencia de la planta hasta que Laverde, como Reportera Ciudadana, lo entrevistó. "Hay muy pocos árboles como este, parece que tuviera un niño jorobado", relató Villanueva. 

Otra persona que transitaba por casualidad por el lugar se asombró con el descubrimiento de la reportera. "Me la paso trabajando en la calle y veo figuras humanas en todas partes. Esta es impresionante", indicó Inés Angarita. 

La fantasía y la enfermedad

La acacia negra de unos 15 años, ubicada en la esquina norte del Chicó Oriental, está enferma.

"La figura corresponde a una enfermedad, es decir, es un síntoma de un chancro producido por un agente bacterial, y el árbol lo pudo haber adquirido recién plantado o ya de viejo", manifestó José Castro, ingeniero del Jardín Botánico.

Pese a la explicación científica, el árbol se presta para imaginar historias terroríficas. "Una noche que vine a hacer mis necesidades, pensé que era un animal o un cristiano, y salí corriendo", recordó la semana pasada Ernesto Murillo, vendedor de flores de la calle 92. 

La reportera Laverde tiene su propia fantasía: "Parece que hubieran asesinado a una persona y la hubieran enterrado ahí. Cuando el árbol empezó a crecer, esa persona se plasmó en el árbol como una forma de aferrarse a la vida para volver a vivir".

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