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Cuando aburrirse puede ser peligroso

Cuando aburrirse puede ser peligroso

A menudo dicen que el aburrimiento es no tener ganas de nada. Pero se ignora que detrás de ese estado tedioso pueden detectarse problemas, que a largo plazo son peligrosos para la salud.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de junio 2010 , 12:00 a. m.

Está demostrado que la depresión y algunas enfermedades psiquiátricas pueden promover al desarrollo de patologías cardiovasculares. "Creemos que conductas generadas por el aburrimiento, como el abuso de tabaco, alcohol o drogas, predispondrían al desarrollo de las mismas. Es de tener en cuenta que el infarto de miocardio puede ser precipitado por causas múltiples, entre las que se cuentan la genética y la edad, que no son modificables. En cambio, otros factores de riesgo pueden ser controlados por dietas adecuadas, fármacos y actividad física frecuente. Hoy hay una tendencia al sedentarismo en los adolescentes y jóvenes, generada por el uso de la computadora para ocupar el tiempo libre, en vez de practicar deportes, y eso es riesgoso", advierten los doctores Juan Medrano y Carlos Bruno, jefe de Cardiología y médico cardiólogo del Departamento de educación médica de la Clínica y maternidad suizo argentina.

La licenciada Patricia Gubbay de Hanono, directora de Hémera Centro de estudios del estrés y la ansiedad, también coincide en que existe un vínculo entre el aburrimiento y los problemas cardíacos. "Pero esto solo no alcanza, para producir una enfermedad deben coincidir, además, otros factores. Si el aburrimiento está vinculado con la depresión no es raro que las personas aburridas sean más susceptibles a los ataques cardíacos, porque es un estado en el que las hormonas que se liberan son peligrosas y fuerzan el funcionamiento del corazón".

Es interesante la distinción que hace al respecto Rosina Duarte, coordinadora del Centro de asistencia y atención psicológica Clinicar: "Si una persona se siente aburrida cada tanto y no es un estado instalado en su vida cotidiana, no existe peligro. En cambio, si el aburrimiento es constante nos encontramos frente a un problema que puede ser un síntoma de algún comportamiento dañino de la persona, como depresión, problemas psicológicos y adicciones". 

Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad argentina de medicina del estrés, explica que para estar sano se requiere de un nivel óptimo de estrés que permite enfrentar la vida diaria con optimismo, alegría y resultados positivos. "He observado con frecuencia pacientes con lo que denominamos hipoestrés en los que una de las expresiones vivenciales y/o emocionales que presentan es la manifestación de aburrimiento como falta de entusiasmo, de alegría o de expectativa por el porvenir".

Preguntas y respuestas

Entonces, ¿la depresión genera características químicas o fisiológicas que se relacionen con problemas cardiovasculares? Los doctores Medrano y Bruno explican que la depresión generaría situaciones biológicas, como el aglutinamiento de las plaquetas, con mayor posibilidad de obstrucción arterial, y el incremento de sustancias químicas producidas por el organismo, son factibles de favorecer la vasoconstricción arterial. Por su parte, la licenciada Duarte responde al interrogante: "Cuando hablamos de depresión severa se encuentran en relación con ella desequilibrios en el cerebro de sustancias químicas como la serotonina y la noradrenalina. La depresión implica varios cambios estructurales en áreas del cerebro que tienen directa influencia en estados de ánimo, memoria e incluso en toma de decisiones del sujeto".

¿Y qué relación existe entre la depresión y el aburrimiento? "La depresión, dependiendo del temperamento del paciente, trae aparejada falta de entusiasmo, tristeza, melancolía y también aburrimiento, que he observado como parte del cortejo sintomático de pacientes con hipoestrés (nivel de estrés patológico)", asegura el doctor López Rosetti.

"Muchos casos de aburrimiento grave son diagnosticados como cuadros de depresión endógena. Sin embargo, las personas aburridas no tienden a acusarse por sus fracasos -responde la licenciada Gubia de Hanono-. El depresivo se autoflagela echándose la culpa de todo. La imagen que tiene de sí mismo, de los otros y del mundo tiene una connotación negativa. El aburrido tiene otro discurso: se queja de que no le pasa nada. Nada lo entretiene ni lo conecta con el placer. Intenta salir del vacío interior que siente a través de las drogas, el alcohol o las actividades que le provocan emociones violentas. Las personas deprimidas no tienen la energía necesaria para involucrarse en ninguna actividad. En casos extremos ni siquiera pueden hacerse cargo de su higiene personal".

Dicho sobre el ocio

Se puede pensar al ocio como un tiempo de interrupción de las actividades que un sujeto realiza en su vida diaria. Sería una parada, un detenimiento, para tener un tiempo para sí y dedicarlo a tareas no obligatorias, sino placenteras.

"El ocio tiene una carga afectiva positiva, implica descanso, relajo, tiempo para uno mismo, y por otro lado, el aburrimiento se encuentra relacionado con afecto negativo para la persona, desdén, desgano, poca motivación", entiende la licenciada Rosina Duarte.

"Las sensaciones que resultan del ocio son gratificantes, están conectadas con el placer, en cambio las del aburrimiento son displacenteras", relaciona Patricia Gubbay de Hanono.

"El ocio es tener tiempo para hacer algo creativo como pintar, pero el aburrimiento es no estar haciendo nada y requiere abordaje terapéutico", reflexiona el doctor López Rosetti. Y continúa: "En la confección de la historia clínica del paciente se le pregunta: ¿Qué hace para entretenerse? ¿Qué proyectos tiene? Lo central es plantear en un paciente la semilla de un proyecto, tiene que tener un plan que sea simple y que los resultados se vean a corto plazo, para que genere entusiasmo".

Una señal de la posmodernidad

"En la cultura occidental el juego de los adultos está mal visto. Un niño puede estar en una sala de espera de un consultorio, un lugar de aburrimiento prototípico, sentado en el piso, jugando con un carrito, y encontrar diversión, pero si uno ve a un adulto haciendo lo mismo, le ponen un chaleco de fuerza", opina el sociólogo Carlos De Angelis.

Investigador de la Universidad de Buenos Aires, De Angelis considera que el aburrimiento es una señal de la posmodernidad, que uno tiene al alcance de la mano prácticamente todo y nada es suficiente.

"Cuando uno leía un libro, hacía el esfuerzo para imaginar situaciones o descripciones, pero hoy cuando uno mira una película en la televisión todo eso está resuelto -sigue el especialista-. Cada vez hay menos espacio para el descubrimiento propio. También hay partes del cerebro que funcionan menos porque no necesitan hacer esa sinapsis y los espacios de diversión se van achicando. Por eso, en ciertos sectores más acomodados, aparece la necesidad de la diversión y del cerebro proyectándose en otra dimensión con químicos, con drogas. La droga hace que el cerebro empiece a descubrir cosas que en la actividad cotidiana no se encuentran".

Por Luján Moyano
La Nación
Gda

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