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Ahogados en petróleo

Ahogados en petróleo

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de junio 2010 , 12:00 a. m.

Hoy, dos meses después de la explosión del pozo Macondo de la British Petroleum y del hundimiento de su plataforma Deepwater Horizon, que cobró la vida de once personas, se cree que es demasiado temprano para determinar las causas y las consecuencias del cada vez más desastroso derrame petrolero en el Golfo de México.

Tony Hayward, presidente de la BP, dijo esta semana al Congreso de los Estados Unidos que aún quedaba mucho por investigar. Los políticos notaron el afán de Hayward por salvar su responsabilidad. "Ni yo ni el resto de la directiva estuvimos presentes cuando se tomaron las decisiones", dijo.

El gobierno de los Estados Unidos asegura que, en busca de un mayor beneficio económico, los de la BP fueron laxos con sus protocolos de seguridad. Su socia, Anadarko Petroleum, aceptó que había habido "negligencia grave" e "intencionada mala conducta" en el "imprudente manejo" del derrame que está acabando con los pelícanos, los delfines, las tortugas, los cetáceos, los mariscos y demás peces y aves de la zona, para desgracia de los pescadores, los turistas y los comerciantes de las costas del Misisipi, la Florida y México, hasta ahora.

Es que las consecuencias, como el mismo escape de petróleo, no parecen detenerse. La BP anuncia que podrá parar el vertido del combustible a mediados de agosto, cuando ya el daño sea incalculable. Y eso no es lo peor. Varios investigadores y especialistas del mundo estiman que el derrame fatal podría seguir por años y años. Unos, como Vladimir Kutcherov, del Royal Institute of Technology, de Suecia, temen que lo taladrado por la BP haya sido un cauce de migración de hidrocarburos que buscan salir a la corteza terrestre, igual al de Ghawar, en Arabia Saudita, uno de los más prolíficos campos petroleros del mundo, productor de millones de barriles diarios por casi setenta años y sin señales de llegar a su fin.

Se dice que tanto la BP como el gobierno de los Estados Unidos esconden las cifras verdaderas de la cantidad de petróleo que infestan las aguas del golfo. Después de citar mil, cinco mil y veinte mil barriles diarios, están aceptando la cifra de cuarenta mil, aunque algunos expertos hablan de ¡cien mil! Obama y la BP se habrían propuesto minimizar las verdades de un megadesastre que causará daños cercanos -no a los 20.000 millones de dólares fijados por Obama-, sino a un billón.

La Casa Blanca se ha resistido a soltar informaciones "perjudiciales", pero ya los grandes periódicos norteamericanos han hecho públicos estos temores también de guardacostas e ingenieros. Los informes de los submarinos que supervisan el escape negro del lecho marino describen su erupción como "volcánica" y hablan, no de un orificio sino de una caverna del tamaño del monte Everest. Si esa especie de géiser de petróleo no se detiene en dos meses, dañará de modo irreversible los ecosistemas marinos del Golfo de México, del norte del Atlántico y más allá.

Estamos, quizás, frente a la mayor catástrofe ecológica de la historia y muchos le están haciendo el juego al tapen-tapen oficial. Aquellos que, por otro lado, se estén preguntando, por ejemplo, por las protestas de organizaciones de protección ambiental, como Greenpeace, Nature Conservancy y Sierra Club, debemos decirles lo que leímos: que estas organizaciones recibieron en los últimos años pagos significativos de la industria petrolera, sobre todo de la BP, con el fin de que la compañía pudiera rediseñar su imagen, "con un rostro amistoso frente al medio ambiente".

Conservation International habría aceptado dos millones de dólares de la BP para varios proyectos. El Environmental Defense Fund se habría también unido con ella, la Shell y otras corporaciones mayores para formar una sociedad que estudiase los problemas climáticos, mientras Nature Conservancy, tal vez el consorcio ambiental más poderoso del mundo, habría otorgado un asiento a la BP en su junta directiva, tras recibirle un cheque por diez millones de dólares.

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