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Santa Rita, Atlántico, ya tiene agua potable; Finqueros habían 'chuzado' el tubo del acueducto

Santa Rita, Atlántico, ya tiene agua potable; Finqueros habían 'chuzado' el tubo del acueducto

Después de 15 años, los habitantes de esta población volvieron a disfrutar de una larga ducha; lavaron ropa con abundante agua, y los pequeños jugaron y tomaron del grifo cuanto pudieron.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de junio 2010 , 12:00 a. m.

El pasado 21 de febrero, a las 10:00 a.m., los 600 habitantes de Santa Rita recibieron la mejor noticia de los últimos 15 años: había agua potable. El pueblo disfrutó de una larga y refrescante ducha, las mujeres cocinaron y lavaron, y los niños, que no conocían el agua cristalina, jugaron y bebieron una y otra vez.

"Fue tanta la presión que se reventaron las viejas tuberías, y después de años de espera, paradójicamente, ese día el agua limpia corría por las calles y casi que se inunda el pueblo", contó el inspector Jaír Morales Reyes.

Pero el 'milagro' tomó mal paradas a muchas personas, en especial a los niños, que luego de beber sin descanso amanecieron con problemas estomacales.

Arrieros de agua

Santa Rita es un corregimiento a seis kilómetros de Ponedera, su cabecera municipal, al oriente del departamento del Atlántico. Es un pueblo de pescadores y jornaleros que hace unos 50 años llegaron huyendo de las inundaciones del río Magdalena.

El inspector de la localidad, un estudiante de derecho, cuenta que hace unos 15 años a Santa Rita llegaba el agua por una conexión que venía de Ponedera. "No era constante ni de buena calidad", dice.

Luego, los dueños de unas 40 fincas, ubicadas entre Ponedera y Santa Rita, chuzaron el tubo para darle agua al ganado y regar los cultivos. Poco a poco, el agua se fue esfumando del pueblo, hasta que el óxido ahogó las tuberías y campesinos y pescadores se resignaron a esperar la lluvia.

Desde esa época a los habitantes se los veía transitar día y noche con tanques hacia los jagüeyes (pozos), ubicados en esas fincas. A ellos les tocaba caminar un kilómetro cargando tanques y ollas.

En el verano, peleaban con las vacas, los burros y los caballos el turno para beber agua. Lo más peligroso era desafiar la seguridad de las fincas, donde les prohibían entrar. Los niños comenzaron a sufrir enfermedades de la piel y diarrea.

"Se los veía tristes. No eran sanos", recuerda la psicopedagoga Ángela Salas, del colegio del pueblo, a donde asisten 150 niños y jóvenes.

Pero hace dos años, cuando el candidato a la gobernación Eduardo Verano de la Rosa llegó a Santa Rita, la comunidad le entregó una muestra del agua. El hoy gobernador, con una inversión de 300 millones de pesos, logró poner en servicio el acueducto de Sabanalarga a Ponedera. Desde allí ahora se alimenta a los corregimientos de Martillo, La Retoma y Santa Rita, que tienen servicio permanente.

"Ya estaba resignada a que de esas plumas no saldría ni una gota de agua", dice Esther, una mujer que lleva cuarenta años viviendo en el pueblo. La vieja, ahora es feliz al ver a su nieta Gisel Paola - de 4 meses- sonreír bajo el agua.

LEONARDO HERRERA D.
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
SANTA RITA (ATLÁNTICO)

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