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Entre pelotas y botellas / Hablemos de vinos

Entre pelotas y botellas / Hablemos de vinos

Cuando ustedes lean esto, el mundial ya habrá comenzado. Ya estaremos todos atrapados.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de junio 2010 , 12:00 a. m.

Ya no habrá salida. Al menos, no habrá salida para mí que soy un futbolista de pacotilla, el católico que se dice ferviente con una misa al mes; el atleta de fin de semana. No merezco nombrar la palabra "fútbol", pero lo hago. Tengo derecho, imagino. Como todos. Pero no soy un conocedor, no soy un experto. Apenas balbuceo cuando, en el bar, hablamos con mis amigos de defensas, pases y estrategias varias.

Sin embargo, si hay algo que sí sé es que me gusta el fútbol porque -muy en el fondo- no se trata ni de pelotas ni de redes ni de millones en contratos. De lo que se trata todo esto es de pequeñas hazañas humanas, pequeñas personitas tras una pelotita en busca de la gloria, de esfuerzos inhumanos para meter la pelotita en el arco contrario. Y, a pesar del sinsentido de tal meta, hay pasión y drama, lágrimas y frustraciones, y todos los demás condimentos que nos distinguen de las jirafas.

El vino me gusta por exactamente las mismas razones. Ya sé que es sólo una bebida en una botella, el producto de la fermentación natural de uvas. Pero lo realmente alucinante es que hay gente que cree que esa botellita -como ese gol- puede ser algo más que vino, más que uva fermentada, más que alcohol.

Llegué aquí, me quedé en este pequeño mundo del vino porque desde el comienzo lo que conocí fue a gente, a productores, que me enseñaron que el vino, más que una bebida, puede ser un medio de transporte o, si prefieren, una excusa. Produces lo que hay allí, dentro de la botella, pero lo que de verdad estás haciendo es salir desnudo a la calle, correr por la avenida como loco, mostrando tus partes más íntimas, llorando o sonriendo.

Cuando el vino se vuelve algo más que vino es cuando hay gente detrás que cree que producirlo es un acto de catarsis: 'esto es lo que puedo hacer; en esto se me va la vida, esto que tiene en sus manos es todo lo que necesita saber de mí, porque todo lo que yo conozco de mi está allí, en ese líquido. Y úselo para lo que quiera, pero no se olvide de que lo que está bebiendo fue hecho con mi sangre'.

En cada botella, un pedazo de alma

No estoy en el vino sólo porque es rico, porque te permite pasar un buen rato o, en mi caso, alimentar a mi familia. Estoy en el vino porque he conocido gente que en cada botella entrega un pedazo de su vida, un pedazo de su alma; gente que a través del vino pueden expresar sus alegrías, sus esfuerzos, sus frustraciones, sus fracasos, sus penas y sus pequeños y grandes triunfos. Todo en una botellita.

Por eso me quedé aquí. Porque creo que en ciertas contadas ocasiones los productores de vinos pueden tener tanta potencia como alguno de los músicos o escritores que admiro.

Pero claro, usted que está allí, sentado cómodamente leyendo esto, no tiene porqué preocuparse de lo que en realidad significa el vino. Sólo basta con que vaya al supermercado, compre una botella y la abra y la disfrute con su familia, en el almuerzo del día domingo o del martes. Antes, durante o después de un partido del Mundial. Puede quedarse así, claro, en esa suave ignorancia. O puede que decida otra cosa. En uno u otro caso, nos estaremos viendo.

PATRICIO TAPIA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
SANTIAGO DE CHILE

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