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Evaluar y proyectar (opinión)

Evaluar y proyectar (opinión)

Ya sin las suspicacias y distorsiones de una segunda reelección, la Secretaria de Estado viene a Colombia más a oír que a decir cosas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de junio 2010 , 12:00 a. m.

 De hecho, tanto el gobierno saliente como los dos candidatos finalistas le van a decir cómo se imaginan las relaciones durante el próximo cuatrienio, y si bien existe un consenso en torno a la conveniencia de conservar la alianza, se percibe en el ambiente la necesidad de revisar el rumbo.

En materia comercial, por ejemplo, ya es tiempo de que la Casa Blanca defina si su influencia sobre los demócratas será suficiente para ir más allá de las preferencias arancelarias y sacar al TLC del vaivén al que ha estado sometido, o si las próximas elecciones para el Congreso van a ser utilizadas nuevamente como excusa para seguir teniendo el tema en la nevera.

En cuestiones políticas, también va siendo hora de que el Departamento de Estado valore adecuadamente a la OEA y ayude a dotarla de instrumentos efectivos que, más allá de la promoción de confianza y los retoques a la Carta Democrática, logren contener los apetitos intervencionistas del régimen chavista y su apoyo tácito o expreso al terrorismo.

Por último, la agenda de seguridad será tan espinosa como las anteriores. Con un enfoque que ahora se centra más en el tránsito que en los otros eslabones de la cadena antidrogas, Clinton tendrá que decidir hasta qué punto le interesa seguir considerando a las Farc como un cartel que aún ejerce relativo control sobre ciertas áreas cultivadas con hoja de coca.

Asimismo, la Secretaria tendrá que vérselas no solo con la necesidad colombiana de que el acuerdo de cooperación militar y las siete bases militares compartidas hagan parte de la estrategia de disuasión mínima suficiente sobre Caracas, sino también con la idea de que, diga lo que diga la nueva estrategia norteamericana de la defensa nacional, en materia de persecución del terrorismo Colombia no puede sentirse con las manos atadas ni abandonar el concepto de legítima defensa preventiva.

En definitiva, una discusión franca, apasionante y compleja sobre temas que, entre aliados, son a veces mucho más difíciles de tratar que entre adversarios.

VICENTE TORRIJOS R. *

* Profesor titular Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la U. del Rosario

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