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Aguas profundas, en la encrucijada

Aguas profundas, en la encrucijada

Doloroso y complejo el trance que está atravesando la industria petrolera mundial, y la BP en particular. Más que una emergencia nacional en EE. UU., este accidente va a tener un impacto definitivo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
07 de junio 2010 , 12:00 a. m.

Doloroso y complejo el trance que está atravesando la industria petrolera mundial, y la British Petroleum en particular, ante el accidente de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México. Más que una emergencia nacional en Estados Unidos, este accidente va a tener un impacto definitivo en el desarrollo de la exploración de petróleo y gas en aguas profundas en todo el mundo. Después de este episodio la industria petrolera no será la misma y sus efectos se van a sentir en la exploración por petróleo y gas natural en áreas costa afuera.

La primera consecuencia es política, puesto que este accidente se convierte en un revés para la política energética del presidente Obama, quien había señalado recientemente que la producción nacional de petróleo es parte esencial del balance energético de ese país, pero que todo ello debe hacerse preservando la integridad de las personas y del medio ambiente.

El Presidente ya había anunciado la decisión de permitir la exploración petrolera en la plataforma Costa Afuera, en el Golfo de México, lo que podría considerarse como el preludio de posteriores aprobaciones en zonas de alta sensibilidad ambiental como el Ártico. Esta medida, que parece ser más de corte republicano que demócrata y la situación derivada del accidente del Golfo de México, tendrán implicaciones de cara a las elecciones próximas en los Estados Unidos, donde se esperan cambios de fondo en la composición del Congreso, y donde en cierta manera, el actual Gobierno comenzará a jugarse las cartas de su reelección en el año 2012.

Aunque es probable que abiertamente los republicanos no le den mucho palo a la administración Obama, teniendo en cuenta que la mayor parte de estas concesiones petroleras se otorgaron en tiempos de George Bush, padre e hijo, seguramente el ala ambientalista del Partido Demócrata, así como las comunidades afectadas por el derrame de crudo y en general la opinión pública de ese país, le van a pasar la cuenta de cobro por considerar que la Casa Blanca ha actuado con lentitud, improvisación y sin una estrategia definida frente a este accidente.

Por lo pronto, el episodio del Deepwater ha obligado a la administración Obama a congelar el otorgamiento de nuevas licencias, con lo cual se afecta toda la actividad exploratoria en el Golfo de México, hasta que se conozcan con claridad las causas de este desastre. Para ello, se han dado las instrucciones a la Environmental Protection Agency y a la Secretaría de Energía, a fin de que dispongan de las conclusiones respecto a las precauciones y los elementos de nueva tecnología que es necesario poner en marcha para que estos incidentes no se repitan.

Cabe recordar cómo en 1989, el llamado Desastre de Santa Bárbara, California, donde un pozo exploratorio perforado por Union Oil a 3.500 pies de profundidad y ocho kilómetros de la costa, registró una alta presión ejercida por el gas natural, lo cual agrietó las tuberías de perforación y causó fisuras en el fondo del mar en los alrededores del pozo, ocasionando una gran explosión y la pérdida de 80.000 barriles de petróleo.

El impacto fue de tal naturaleza, que el propio presidente Nixon dijo en esa oportunidad que el incidente de Santa Bárbara había tocado la conciencia de los ciudadanos de Estados Unidos. Después de esto, la exploración de petróleo en los lechos marinos de California se congeló indefinidamente.

El segundo impacto de fondo es de balance energético de largo plazo. De tiempo atrás se viene dando el debate respecto al número de años durante los cuales las reservas mundiales convencionales de petróleo podrán atender la demanda de este recurso energético. En Estados Unidos, el 40 por ciento de la energía primaria proviene del petróleo y se prevé que esos porcentajes no van a variar significativamente en los próximos 20 años, pese al desarrollo de los biocombustibles y de las fuentes de energía renovables.

La gran esperanza de encontrar nuevas reservas se encuentra en las fajas de petróleo pesado y en las aguas profundas costa afuera, gracias a plataformas como la Deepwater, las cuales permiten llegar a profundidades de más de 1.5 kilómetros del nivel de superficie.

Pero de nuevo, el incidente del Deepwater, y sus consecuencias en términos de la moratoria sobre nuevos permisos exploratorios, la renovada preocupación sobre la capacidad del hombre de contener las fuerzas de la naturaleza, que se desencadenan cuando la exploración toca las entrañas mismas de la tierra y de los mares, y la esperada reacción de oposición de las comunidades vecinas a nuevos esfuerzos exploratorios, va a dificultar que estos aportes de petróleo y gas de las aguas profundas se conviertan en realidades en el mediano plazo.

La British Petroleum, que ha hecho de los temas ambientales uno de sus pilares corporativos, y que incluso, su propia sigla puede traducirse como Beyond Petroleum, es decir, más allá del mundo de petróleo convencional, está atravesando por lo peor que le puede ocurrir a una empresa petrolera en sus actividades de exploración de hidrocarburos, y es enfrentarse a una situación como ésta, cuya solución técnica hasta el momento de escribir este artículo aún no se conoce.

Lo único claro es que los mejores recursos de esta compañía están dedicados a encontrar la solución a este problema, y que si algo se puede hacer, se hará. Algunos analistas pretenden establecer comparaciones entre el accidente del Deepwater y el Exxon Valdez, ocurrido en 1989. Nada que ver entre ambos. El desastre de Alaska fue producto del choque del tanquero contra un arrecife, lo que ocasionó la pérdida de 250.000 barriles de petróleo, que llegaron a los cuerpos de agua y afectaron comunidades casi de manera inmediata.

En el caso del Deepwater, se trata de un accidente ocurrido en el campo de producción en aguas profundas y a fuerzas de la naturaleza, que no han podido ser contenidas hasta ahora por la tecnología diseñada por el hombre.

Y finalmente, según un informe de prensa de 1998, las pérdidas acumuladas de petróleo crudo vertidos a los ríos y campos de Colombia por el Eln ascendían a más de 2'000.000 de barriles. En una información de Ecopetrol se encuentra que desde los años 2001 a 2005, se produjeron 287 atentados y se derramaron 770.000 barriles de petróleo, sin contar la tragedia de Machuca, ocurrida en 1998, donde murieron calcinadas 70 personas y 60 quedaron heridas, de una población de 2.500 habitantes.

Estas noticias nunca levantaron las exclamaciones de la prensa internacional ni de las grandes ONG que tienen el tema ambiental como una de sus banderas. ¿Serán cosas del subdesarrollo?

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