Álvaro Castaño Castillo, un decano de la cultura

Álvaro Castaño Castillo, un decano de la cultura

El fundador de la emisora HJCK ha sido un devoto de la poesía, del deporte y de la naturaleza. El próximo miércoles cumple 90 años.

05 de junio 2010 , 12:00 a. m.

"La cultura es la mejor compañera que puede haber, porque es la confidente, la amiga y la cómplice de nuestra soledad y, además, hace que uno olvide los afanes mezquinos del dinero". Esa consigna es la fuente de la que ha bebido Álvaro Castaño Castillo, "el gran paradigma colombiano de la cultura", como lo llama su amigo, el ex presidente Belisario Betancur, para llegar a los 90 años con una vitalidad y una lucidez envidiables.

El menor de los 13 hijos de Joaquín Castaño Ramírez y Ana Rosa Castillo Gálvez nació en Bogotá el 9 de junio de 1920. Realizó sus estudios en el Instituto de La Salle y luego ingresó a la Universidad Nacional, en donde se graduó como abogado.

En sus años universitarios, que recorrió con su compañero de pupitre, el fallecido ex alcalde Hernando Durán Dussán, se dio el lujo de tener como profesores a Alfonso López, Carlos Lleras Restrepo y Jorge Eliécer Gaitán.

Mientras hacía sus primeros pinitos laborales como secretario de la Escuela de Policía General Santander, Castaño se ennovió con Gloria Valencia, la principal alcahueta y promotora de sus sueños culturales y su compañera inseparable por más de 60 años.

Castaño recuerda que él y sus amigos siempre salían a cortejar a las niñas del Colegio Nacional durante los desfiles que Gloria lideraba como tambor mayor. "Ella nos miraba como gusanos, nos decía los bogotanitos de bigotico boquirrubios", dice.

Pero fue el filósofo Ortega y Gasset, curiosamente, el celestino de esta historia de amor. Castaño llegó al Departamento Administrativo de la Policía con una orden para solicitar implementos para oficina. Gloria, la encargada de "vestir" las oficinas, tenía sobre su escritorio un libro, que estaba leyendo, del conocido ensayista español. Cuál sería la sorpresa de ella al ver que él llevaba consigo Estudios sobre el amor, del mismo autor, con las anotaciones manuscritas de su amigo Eduardo Carranza, el poeta. "Así fue como se inicio este diálogo de amor", recuerda Castaño.

Su hija, Pilar Castaño, comenta que la cultura y la naturaleza han sido dos pasiones que han enaltecido los actos de sus padres y que los llevó a crear, entre otros proyectos, el programa de televisión Naturalia, que presentó Gloria y cuyos libretos escribió Álvaro durante 25 años.

"Mi papá adora la naturaleza y necesita estar rodeado de árboles y flores. Acaban de tumbar el cerezo que estaba sembrado en frente de la emisora y ya se fue al Jardín Botánico y escogió un magnolio en honor de mi mamá", comenta Pilar, para recordar que el día del matrimonio de sus padres, a su papá se le olvidó comprar el buqué de su mamá. "Entonces, se encaramó en el árbol de la entrada de la iglesia de San Diego, bajó dos magnolias, las envolvió en un pañuelo y se las dio a mi mamá".

La cultura: opción de vida

Los encuentros intelectuales de los años juveniles dieron paso a tertulias de domingo en la finca de los padres de su amigo Gonzalo Rueda Caro, a las que asistían el poeta Carranza o Emilia Pardo Umaña.

En esos encuentros dominicales se 'cocinó' la HJCK como un proyecto radial de promoción cultural, que Castaño y Rueda fundaron el 15 de septiembre de 1950 en compañía de Alfonso Peñaranda, Eduardo Caballero Calderón y los hermanos Martínez Rueda.

Cuando se le pregunta cómo hizo para sacar adelante a la familia y la emisora HJCK, que más que un negocio rentable ha sido un verdadero apostolado, Castaño no duda: "Le tengo una respuesta muy linda: se llama Gloria Valencia. Sin el aporte económico de ella a la despensa de mi casa no habría habido HJCK".

Su decisión de entregarle la vida a la cultura le viene desde los 15 años, cuando él, junto con otros amigos, como Durán Dussán, Indalecio Liévano y Diego Tovar Concha, fundó la Academia Literaria José Asunción Silva para repasar ensayos y recitar poemas, que de paso le permitieron cultivar una memoria "descomunal", como la califica Rodrigo, su hijo mayor. "La vitalidad de papá -apunta Rodrigo- radica en que hizo lo que quiso y no cambió de ruta. Eso solamente lo puede decir Fidel Castro".

Esa vitalidad le permite hoy a Castaño llevar una activa vida social y laboral. A todos lados lleva una pequeña grabadora, siempre a la cacería de alguna voz o noticia cultural que enriquezca la programación de la página web de la HJCK, que desde hace algunos años dio el salto al mundo virtual.

Por eso, como él mismo escribió el año pasado en un poema: "No tengo presa mala y me preparo/ para llegar al deslumbrante faro/ de mis cien primaveras. Falta poco".

El deporte, otra pasión

Si el cultivo de la mente ha sido primordial para Álvaro Castaño Castillo, el ejercicio ha representado una faceta igual de importante. Jugar tenis, nadar y montar en bicicleta siempre han estado en su agenda semanal.

Su hijo Rodrigo recuerda que los fines de semana salían en familia hacia Suba, en el noroccidente de Bogotá, donde tenían una finca de recreo. "Cuando llegábamos a lo que hoy es la calle 100 con la avenida Suba, mi papá se bajaba, se montaba en una bicicleta y se iba pedaleando".

CARLOS RESTREPO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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