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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de mayo 2010 , 12:00 a. m.

Y un día, cuando ya los habíamos dado por perdidos, los jóvenes se levantaron de sus tumbas. Y gracias a Internet, que les ha devuelto el alma a tantos cuerpos, que a todos nos ha hecho comprender de qué hablan cuando hablan de "democracia", descubrieron que no son una minoría de inconformes condenados a quejarse de la sangre fría de los políticos, que a nadie puede delegársele la responsabilidad de corregir el mapa de Colombia, y que el destino de este país ajeno, en el que apenas han sobrevivido como si fueran inmigrantes ilegales, en verdad está en sus manos. Este domingo saldrán a votar para abrirle paso a una revolución pacífica que dejará al mundo entero con la boca abierta: reclamarán, como una conciencia colectiva, la patria que les quitaron a los padres de los padres de sus padres.

Usted, que no le debe nada a nadie, que no entiende por qué debe reelegir este escándalo que nunca cesa, que aún no puede creer que el miedo haya definido todas nuestras elecciones a favor de la aristocracia, tiene en sus manos mi vida. Usted, que se indigna cuando la gente de este gobierno turbio sale a decirle por quién debe votar, que no confía en los políticos de siempre porque no se debe confiar en los extraños, que está cansado de que menosprecien la inteligencia de su juventud, tiene en sus manos la vida de la persona que más quiere. Usted, que se quedó callado cuando se enteró de que miles de muchachos de su edad habían sido ejecutados para mostrar resultados, que por cinco mil pesos, en los comentarios sobre la versión electrónica de esta columna, difamará a un candidato que lo está mirando fijamente a los ojos (usted, que le ha vendido su juventud a gente capaz de comprarla), tiene en sus manos su vida: vote.

¿Ha oído hablar de esos congresistas espeluznantes que un día acaban en la cárcel por representar los intereses de los paramilitares?, ¿ha visto en los noticieros a esos gobernantes caraduras que niegan la miseria que no se ve en televisión?, ¿ha leído las declaraciones de esos inescrupulosos que llegan al poder a punta de promesas que jamás van a cumplir?: todos han sido elegidos por jóvenes que no votan.

Antanas Mockus habla la lengua de los jóvenes. Se niega a traicionarse a sí mismo. Se resiste a pasar por encima de los demás para que los demás lo quieran. Se juega entero por las cosas que cree. Sabe bien que los gritos conmovedores con los que lo reciben en todas las ciudades de Colombia, "¡no más miedo!", "¡mi profesor, mi Presidente!", "¡yo vine porque quise, a mí no me pagaron!" resumen el país que puede suceder a partir de este domingo: un lugar al que se viene a dar ejemplo. Tiene claro que las redes sociales de Internet no son un ingenioso recurso de campaña ni un universo paralelo en el que se refugian los desadaptados, sino una plaza inmensa, tan real como una plaza de piedra, en donde cada persona puede ser oída: gobierno en línea" significa "gobierno en tiempo real", "gobierno con las cartas sobre la mesa", "gobierno del pueblo": democracia.

Votar por Mockus es asumir la responsabilidad: pasar de una vez esa página arrugada en la que ha estado escrito que Colombia debe resignarse, como una manada de borregos, a lo que sus pocos dueños hagan con ella.

Este domingo podrán votar 13 millones de hijos, 11 millones de padres y 6 millones de abuelos. Todos están a tiempo de ser jóvenes. Todos, convertidos en personas del mismo sexo, de la misma clase social y de la misma edad en el momento justo de elegir al candidato que les dice la verdad, están preparados para salir a la calle como quien sabe que hay que merecerse el regreso a la casa: que no es vida una vida que se niega la esperanza. Ahí van. Son una marcha de individuos. Les da lo mismo la lluvia. Les da lo mismo el frío. El semáforo les ha cambiado a verde por primera vez en estos 200 años de historia. Es su primera oportunidad para avanzar.
www.ricardosilvaromero.com 

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