¿En la vida hay que dar vida?

¿En la vida hay que dar vida?

La maternidad para muchas es una opción, para otras no. Por eso invitamos a dos escritoras a que nos den sus puntos de vista sobre un dilema que cada vez está más vigente: ¿ser o no ser mamá?

27 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Adiós a la maternidad

Cada vez que digo en voz alta que no quiero tener hijos, la gente me mira como si fuera una subnormal. "Ya te llegará", dicen algunos. ¿Te llegará qué... la regla?, me pregunto perpleja por la incomprensión del mundo ante una opción tan válida como la de no tener hijos. ¿Qué pasa si nunca llega? ¿Por qué demonios la gente, sobre todo en países como este, cree que una mujer no puede realizarse si no pare un crío?

"Es una cuestión de egoísmo", dicen con cara de 'tunosabesnadadelavida'. ¿Creen que no quiero traer a nadie al mundo por ególatra? No conozco un acto más narcisista que el de una persona al querer perpetuar su existencia reproduciendo cachorros humanos que llevan sus mismos genes. Que es cuestión de generosidad, dicen otros. No conozco acto más facho que el de los padres al querer educar a ese cachorro humano a su imagen y semejanza.

Las razones por las cuales no quiero tener hijos distan mucho de querer ser una ejecutiva. No creo que tener un hijo sea un obstáculo para ser exitoso en el mundo laboral. Mucho menos tiene que ver con el hecho de que el mundo se vaya a acabar o de que hoy en día todo sea tan apocalíptico. No me preocupa la superpoblación del mundo, ni la capa de ozono, ni las guerras químicas. La verdad es que ese vicio del ser humano de reproducirse no ha amainado ni siquiera durante las peores guerras y pestes de la historia. En realidad mis razones tienen que ver mucho más con cuestiones metafísicas y con asuntos prácticos.

Empecemos por lo práctico: no sé qué carajos hacer cuando mi sobrina rompe en un llanto desenfrenado que parece alcanzar los decibeles más altos de la tierra. No sé cambiar un pañal, me parece un deporte extremo bañar a un recién nacido.

Podría enumerar un sinfín de razones prácticas, pero pasando a lo metafísico: No sé si valga la pena traer al mundo a otro ser humano que se parezca a mí. Soy neurótica, caprichosa, enredada... en fin. Creo que no soportaría que me pusieran en frente, y tan de cerca, a ese espejo en que se convierten los hijos. Para eso he parido ya dos libros (y espero que eso de escribir tampoco se me convierta en un vicio que hastíe al mundo).

Pero más allá de toda esta argumentación, creo que aquí solo vale una razón que soporta de manera absoluta e irreductible el tener o no tener hijos: querer o no querer. Esa es la cuestión.

Por Margarita Posada

Frutos de una libre opción

Sí, estoy a favor de tener hijos siempre que sean frutos de una libre opción, de una decisión del corazón y de la razón, que es la manera de volver a darle su sentido a la maternidad, además de una vida digna para ese niño o esa niña. Los hijos deberían ser hijos del amor y del deseo, de lo contrario la maternidad seguirá siendo, como en más de 50 por ciento de las veces en Colombia, una triste fatalidad.

Sí, estoy a favor de tener hijos cuando uno, quiero decir, una, está lista para esta faena, que es una de las más absorbentes que se nos puede presentar. Lista subjetivamente, físicamente y económicamente y ojalá bien acompañada, porque se debería poder asumir de a dos. Aunque, claro, se puede sola y millones de mujeres lo hacen así y logran ser mamá-papá con mucho valor y acierto. No obstante, las mujeres esperan que se hagan más visibles estos padres deseosos de asumir una paternidad presente y comprometida. Compañeros y padres firmes, tiernos y sensibles, capaces de acompañarnos en esta fantástica aventura.

Sí, estoy a favor de tener hijos siempre que sea una decisión que no tenga que ver con lo culturalmente correcto. Tener hijos siempre que se sepa que ellos crecerán y se irán, porque les abriremos la puerta el día que estén listos para emprender el vuelo, sin esperar nada en retribución.

Sí, estoy a favor de tener hijos que no le devoren la vida a una madre, que se alegren de tener una mamá que no se olvide de ser mujer, dispuesta a tener una vida fuera de ellos o de ellas y que aprendan con ella el valor de ser mujer... Palabra que significa mucho más que ser madre.

Sí, estoy a favor de tener hijos, no muchos. Los y las que una se sienta capaz de socializar en ese mundo cada día más exigente y complejo; los y las que una se siente capaz de acompañar hasta que crezcan, porque dar la vida significa, ante todo, generar condiciones para que la vida fluya, desde lo simbólico y no solo desde la biología; es decir, desde las palabras, desde los afectos y una inmensa disponibilidad y escucha. 

Sí, estoy a favor de tener hijos siempre que uno, digo, una, sea capaz de desmitificar y desfetichizar la maternidad para que seamos nuevas madres, livianas, desculpabilizadas, generadoras de mundo, portadoras de unos afectos fuera de la ley y, sobre todo, madres que dejan de llevar la pesadísima metáfora de una cultura patriarcal-maternalista, que hubiera deseado que toda mujer sea una madre en potencia y borrar del panorama de la humanidad la generación del concepto de mujer. La maternidad, lo repito, tiene que ser una opción. Y lo repetiré hasta el cansancio en este país en que niñas, entre 11 y 16 años se vuelven madres. La maternidad no puede ser un destino obligado ni una fatalidad biológica, tampoco una consecuencia de la ignorancia o de la pobreza. Hay unas edades para ser madres y unas condiciones subjetivas y psicológicas para ser madres. Solo así estoy a favor de tener hijos. Solo así.

Por Florence Thomas

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