Los huesos de Marilyn

Los huesos de Marilyn

26 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Hechos harina -harina más que polvo-, los huesos de Marilyn Monroe siguen generando envidia, alborotando hormonas, despertando malos pensamientos... Aunque ya no le den forma a ese cuerpo tantas veces fotografiado, tantas veces deseado.
Vuelven a ser noticia, sí. Y no los que quedaron atrapados en su tumba: aquellos que multiplicaron el valor de la urna funeraria que está localizada precisamente encima de la suya y por la cual un excéntrico millonario pagó una suma descabellada. Para dormir sobre Marilyn, aunque cuando cumpla su sueño no se dará cuenta de haberlo cumplido ni podrá contárselo a sus amigos.

Esta vez, son los huesos de Marilyn en blanco y negro los que causan revuelo. Esas costillas que tantos quisieron tocar cuando estaban apenas cubiertas por su blanca piel. Aquellas que enloquecieron al beisbolista Joe DiMaggio y al dramaturgo Arthur Miller. Las que tantos problemas le causaron al presidente John F. Kennedy: aunque fueron más las emociones que los problemas.
Hay muchos que están pendientes de las costillas del que podría considerarse, inspirado en los ejercicios de los surrealistas o en la canción de Fito Páez, un cadáver exquisito.

Las costillas de Marilyn -retratadas sin retoque en una radiografía de mediados del siglo pasado- y una buena cantidad de objetos íntimos de la actriz serán subastados en Las Vegas a finales de junio. Ya hay quienes anhelan con enmarcar sus huesos y colgarlos en la sala de la casa. Otros sueñan con quedarse con su último frasco de Chanel No. 5, tal vez con la ilusión de cerrar los ojos, quitarle la tapa lentamente, sentir ese aroma ya casi imperceptible e imaginar que está abrazado a la diva, con la nariz muy cerca de su cuello espigado.
O encima de ella, sin que medie entre los dos la pared húmeda y mohosa de una tumba.

Si hubiera sobrevivido a los excesos, a los estragos de la fama, a las ganas de desaparecer, al curso implacable del tiempo, Marilyn estaría a punto de cumplir 84 años. Y sería, probablemente, una mujer gorda y arrugada, o estirada tantas veces que parecería de otra especie del reino animal. Y, al mirarla, muchos sentirían lástima por la que alguna vez fue la más deseada.

Pero, por dolorosa que haya sido su muerte, se dio el lujo de mantenerse joven para siempre. Y muchos -casi todos- cuando piensan en ella, cuando la vuelven a encontrar en una postal, en un libro, en un calendario, no caen en la cuenta de que Marilyn ha muerto. Ni siquiera cuando la imaginan en los puros huesos.
fquiroz64@gmail.com 

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