Al revés

Al revés

15 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Y hoy, un mes después, Antanas Mockus tiene cara de Presidente de la República. Y los conmovedores insultos que le llueven día por día, "¡su moral es inflexible!", "¡sería un buen gobernante de Dinamarca!", "¡idealista!", "¡llorón!", "¡profesor!", poco a poco van conformando el catálogo de sus virtudes. Y hacen ver a los políticos de siempre como cazarrecompensas del Lejano Oeste que no se resignan al imperio de la ley, a los demás candidatos a la presidencia como pasajeros borrosos que se han quedado del tren del presente, y a aquellos analistas de prensa que van "un poco más allá" como viejos nostálgicos que empiezan a anhelar antes de tiempo -sin saber, siquiera, que lo anhelan- ese país sumiso y triste que estaba acostumbrado a vivir a pesar de los vicios de sus líderes.

Simplemente, se resisten a oír a Mockus. Si lo acusan de asumir "posiciones de derecha", cada vez que lo oyen defender una Colombia en la que nadie haga justicia por su propia cuenta y nadie se atreva a presionar a nadie a punta de secuestros, es porque tampoco han comprendido para qué sirven las señales de tránsito. Si se atreven a llamarlo "mamerto", cuando reclama un país equitativo que sepa cruzarse argumentos, respete los gobiernos ajenos y se pliegue a las decisiones de los jueces, es porque todo, desde decir "no todo vale" hasta invocar los derechos humanos, les suena a ser de izquierda. Si reducen su candidatura a un "show mediático", si les parecen "puras palabras" los quince principios en los que el Partido Verde basa su programa o les suena a "populismo" el gesto inédito de renunciar a 4.500 millones de pesos para ahorrárselos al Estado, es sólo porque "el ladrón juzga por su condición": porque ya han olvidado que las palabras y los gestos tienen la misma estatura de los hechos.

Y porque no se han dado cuenta de que es imposible fabricar un fenómeno como el que estamos viviendo -este fenómeno verde que es todo un giro en nuestro drama- en una reunión de publicistas.

Las demás campañas han hecho lo mejor que han podido: han conseguido convencernos a todos de que sus candidatos, un grupo de notables apadrinados por políticos de ultratumba, enfrascados en esos lugares comunes que les dan la razón a los abstencionistas ("él va a privatizarlo todo", "mi candidatura es la única con un proyecto de cambio", "le he dado mi vida a la patria") y enmarcados por el fantasma ruidoso de un Presidente que sólo da declaraciones "bajo la gravedad de juramento" en Radio Santa Fe, se encuentran más que preparados para gobernar este país que ya no se deja intimidar con frases como "las Farc no se acaban con mimos y girasoles" o "las Farc están esperando el 7 de agosto para hacer su fiesta". Las demás campañas han hecho, repito, su trabajo. Pero no pueden hacer mucho más que eso.

Porque en el caso de Antanas Mockus, que brilla con humildad, todo ha sido al revés. No se trata de un buen candidato entregado al oficio de seducir a la gente a como dé lugar, sino de una marcha de votantes más allá de la izquierda y la derecha empeñados en convencer a un buen hombre para que continúe, junto a Fajardo, a Garzón y a Peñalosa, el trabajo que empezó hace algunos años: el de establecer en Colombia un gobierno de la razón. Las 300.000 personas que se han unido en Facebook, los diseñadores que se han volcado a crear su propia campaña verde (sus afiches, sus camisetas, sus documentales) en sus propios computadores, los 45 artistas que repiten "yo creo en Mockus" en el video que circula por la red, los estudiantes rejuvenecidos que componen canciones porque por fin han sabido qué hacer con su esperanza, los ciudadanos que se inventan caminatas de apoyo en domingos lluviosos: todos ellos hacen lo que hacen porque quieren hacerlo: se les ha metido en la cabeza la extraña idea de que su país está en sus manos.

Dirán que es una tontería. Palabras nada más. Pero a mí me suena a punto de partida.
www.ricardosilvaromero.com 

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