Un recorrido en bicicleta por el centro de Filadelfia, ciudad histórica de Estados Unidos

Un recorrido en bicicleta por el centro de Filadelfia, ciudad histórica de Estados Unidos

El sol cae sobre la ciudad y calienta la fachada del Hall de Independencia, donde los padres fundadores de ese país firmaron el 4 de julio de 1776 la declaración de independencia.

14 de abril 2010 , 12:00 a.m.

En este edificio George Washington, Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, John Adams y los demás delegados de las trece colonias pusieron a rodar la historia de Estados Unidos. Turistas toman fotos del edificio de ladrillo rojo, de estilo gregoriano, y entran a ver la Campana de la Libertad, todo un ícono universal.

Sus toques más importantes se produjeron en 1774 al anunciarse el primer congreso continental, en 1775 en las batallas de Lexington y Concord, y en el congreso del 8 de julio de 1776, que convocó a los ciudadanos en torno a la lectura de la declaración de independencia. En 1839 fue adoptada por la Sociedad Americana Antiesclavitud, como símbolo de su movimiento. El lugar es tan representativo que el 26 de octubre de 1918 Tomás Masaryk proclamó la independencia de Checoslovaquia en sus escaleras.

Aquí, donde se camina sobre los pasos de Franklin, se encuentra el punto ideal para iniciar un recorrido en bicicleta por esta ciudad del este de Estados Unidos. Ajusto mi casco y subo por la calle Market hacia la alcaldía de la ciudad, de arquitectura francesa en granito, de 167 metros de altura.

Al momento de su culminación, en 1901, la Torre Eiffel de París y el obelisco de Washington la sobrepasaban, aunque fue por muchos años la estructura habitada más alta del mundo. La estatua en bronce de William Penn se erige a lo alto como guardián de la ciudad. Este cuáquero de origen inglés fundó Filadelfia en 1682, como resguardo de tolerancia religiosa.

El río Delaware hizo parte del Mason-Dixon Line, línea divisoria entre el norte y el sur y ansiada por los esclavos, pues si lograban cruzarla hasta Filadelfia se convertían en hombres libres. En invierno la ciudad resulta sombría, pero en primavera se carga de color, las personas ponen su mejor cara y se lanzan a las calles a disfrutar un ambiente relajado que se percibe bien en bicicleta.

Bastan una botella de agua, un casco protector y ánimo para conocer más la primera capital de los Estados Unidos, hoy en día una ciudad moderna, cuyas vías principales cuentan con carriles para ciclistas y parqueaderos de bicicletas en cada cuadra.

Aquí se incentiva este medio de transporte amigable con el medio ambiente, algo sencillo debido a que lo plano de la ciudad hace que no tenga que hacerse un esfuerzo para ir de un punto a otro en la red de más de 320 kilómetros de ciclorrutas. La bicicleta es tan popular que a principios de cada junio se organiza la carrera internacional de Filadelfia, la competencia más prestigiosa del país.
Hay que salir
La primavera marca el inicio de las actividades al aire libre. Subo por la Avenida de las Banderas hasta la plaza Logan, donde estudiantes de arte pintan bocetos de la fuente de agua. Otras personas se refrescan metiendo los pies en el agua cristalina. A su alrededor se destacan la Basílica de San Pedro y San Pablo, la Academia de Ciencias Naturales y la Biblioteca. Sigo hasta el Museo de Arte, donde Sylvester Stallone se inmortalizó al interpretar a Rocky Balboa, el boxeador de ascendencia italiana que entrenaba subiendo sus escaleras.

Visito la colección permanente, que exhibe algunos de los mejores cuadros del período del impresionismo europeo. La temporal muestra una exhibición de Picasso y el avant garde en París. Me devuelvo y avanzo frente a cerezos de flores rosadas que llenan de vida las calles. En la Plaza Rittenhouse personas toman el sol o leen sobre el pasto entre fuentes y azaleas. En la calle Walnut, clientes entran y salen de las tiendas de ropa. Tomo la Avenida de las Artes frente al centro Kimmel, casa de la prestigiosa orquesta filarmónica de Filadelfia, donde se puede ver un concierto por 10 dólares si sobran boletas.

Tanto andar abre el apetito. Bajo hasta Pat's King of Steaks, fundado por Pat y Harry Olivieri, acreditados como los inventores del famoso Filadelfia Cheesesteak, luego de haber llenado el pan de un perro caliente con tiras de carne. Originalmente el sándwich venía sin queso y algunas versiones dicen que Joe Vento, de Geno's Steaks, los rivales de enfrente, se lo añadieron, aunque los dueños de Pat's digan que el primero en hacerlo fuera Cocky Joe, el administrador de una de sus sucursales.

Termino el giro de regreso en la ciudad vieja. Casas de trescientos años de antigüedad en perfecto estado se levantan en el primer barrio de Filadelfia, hoy en día patrimonio nacional. En este punto es recomendable encadenar la bicicleta en un parqueadero y tomar una carroza guiada por un cochero que, vestido con los trajes de la época, lo llevará por los lugares más representativos del sector.

Así es posible ahondar un poco más en la historia de Filadelfia y de la guerra de independencia, en pleno centro de la ciudad que es el corazón de la primera potencia mundial. 

TEXTO Y FOTOS: EDUARDO BECHARA NAVRATILOVA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
FILADELFIA (ESTADOS UNIDOS)

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