En Colombia hay dos víctimas de minas antipersonales cada día, este martes les rindieron homenaje

En Colombia hay dos víctimas de minas antipersonales cada día, este martes les rindieron homenaje

El evento se celebró en el Centro Comercial Gran Estación de Bogotá.

06 de abril 2010 , 12:00 a.m.

A Humberto Guevara de 27 años la vida le cambió hace 10 meses cuando en medio del campo una mina antipersonal destrozó una de sus piernas. Tuvo que arrastrarse 7 metros para llegar a una carretera y recibir ayuda. Este martes, con una prótesis recuperó lo que pensó haber perdido: su oficio de agricultor en el Huila.

"La vida cambia mucho, pero todo depende de uno, de ver las cosas de forma positiva", exclama en medio de unas 25 personas que como él han sufrido uno de los flagelos más fuertes del país: Las minas antipersonal.

Colombia sigue siendo uno de los territorios nacionales que más aporta víctimas de minas todos los años en el mundo y por eso este martes en el Centro Comercial Gran Estación se rindió un homenaje a esos campesinos, civiles y hasta miembros de las fuerzas militares que han vivido esta experiencia y se conmemoró el día internacional de la sensibilización en contra del uso de estos artefactos.

"La problemática aún es grave, pero no tanto como lo fue entre el 2005 y 2006. Hemos pasado de tener 1.110 víctimas al año, a tener menos de 700 durante el 2009. Sin embargo, todavía hay dos víctimas diarias", señaló Andrés Dávila, director del Programa Presidencial para la Lucha contra Minas Antipersonal (Paicma).

El Director señaló que Colombia sigue en pie con el tema, a través de tres caminos: la atención integral a las víctimas y a su familia, la prevención y educación en el riesgo, en la que destacó las aulas móviles que junto al Gobierno suizo promueven una educación sobre el tema, y el desminado humanitario que hacen 9 pelotones de miembros de las fuerzas militares, en especial en 35 bases militares.

El homenaje que empezó sobre las 12 del día se inició con una danza del grupo Concuerpos que tiene integrantes con o sin discapacidad. Una joven sobre una silla de ruedas fue el centro de atención, pues bailó como los demás y demostró la fortaleza que sigue manteniendo.

Pero tal vez el momento más emotivo fue la charla entre los vigilantes en sillas de ruedas del Centro Comercial Gran Estación y las víctimas de las minas. Algunos preguntaban cómo llegaron a trabajar a ese lugar y otros no paraban de repetir que las oportunidades no se esfuman.

Al final tres artistas dejaron plasmados en graffittis un homenaje a las centenas de víctimas que cada año pierden uno de sus miembros inferiores.

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