Murió Thomas van der Hammen, investigador de los ecosistemas colombianos

Murió Thomas van der Hammen, investigador de los ecosistemas colombianos

Hammen fue uno de los primeros en viajar a la Amazonia y dejó grandes aportes científicos.

26 de marzo 2010 , 12:00 a.m.

Desde sus primeros años de vida, el pequeño Thomas van der Hammen mostró un notorio interés por la naturaleza. Pertenecía a un club de ciencia infantil, no faltaba a las salidas de campo y coleccionaba rocas, insectos y plantas, de los alrededores de Shiedam (Holanda), su ciudad natal.

No muchos años después, la incidencia familiar, la educación integral europea y los conocimientos avanzados en geología, biología y botánica lo estructuraron hasta convertirlo en un científico.

Thomas van der Hammen, recién doctorado en botánica y paleontología (estudio de los fósiles), llegó a Colombia en 1951. Tenía 27 años y vino a trabajar en el Servicio Geológico Nacional (Ingeominas).

Aquí emprendió una serie de viajes a lugares hasta entonces poco o nada estudiados. En 1952, a bordo del hidroavión 'El Catalina', realizó su primera expedición al río Apaporis. Allí, a punta de remo, brújula, y altímetro, efectuó los primeros estudios de geología y botánica para la Amazonia.

"De ahí en adelante no paró. Su vida fue un extenso viaje por Colombia. No dejó de sorprenderse. Sus sitios preferidos eran sencillamente todos: el páramo, el Amazonas, el Caribe, los nevados, los Llanos Orientales", comentó Carlos Rodríguez, director de la Fundación Tropenbos.

En 1958, recopiló material vegetal de las sierras nevadas de Santa Marta y El Cocuy. Más adelante estudió el Parque de los Nevados, las serranías de La Macarena y Chiribiquete, Tatamá, Sumapaz, entre otros.

"Cada sitio que investigaba tenía mérito para ser protegido. Con sus documentos, el naturalista Jorge 'El Mono' Hernández y un grupo de pioneros ambientalistas, argumentaron la declaratoria de estas áreas protegidas", explicó Rodríguez.

El pasado 10 de marzo, después de 59 años de trabajo, el profesor Van der Hammen cerró su libreta de campo. "Uno de los últimos sabios del mundo", según el investigador Orlando Rangel, del Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional; murió a los 85 años, en su estancia de Chía, luego de resistir un cáncer y sufrir la partida -tres meses atrás- de su esposa, Anita, y de Cornelis, su hijo menor.

"Fue un sabio porque ya no hay personas que dominen tantos campos del saber. Además de geólogo, fue botánico, arqueólogo, palinólogo (estudio del polen) y otras más, que le dieron una idea muy clara de lo que es la naturaleza", explicó Rangel.

El legado

A lo largo de su vida, Van der Hammen trabajó para universidades colombianas y holandesas, en las que perteneció a muchos comités de ciencias.

El geólogo José Lozano, de la Academia Colombiana de Ciencias, dijo que se hizo célebre en el mundo por sus estudios sobre polen, para determinar las variaciones climáticas.

Al respecto, Rangel agregó: "Sobre la espalda de Thomas descansa toda la historia y la documentación del cuaternario de Colombia (últimos 2 millones de años), en suelo, flora, vegetación y relaciones ecológicas. Reconstruyó con especial interés la evolución de la cordillera oriental y la sabana de Bogotá".

Consideraba que la investigación debía ser integrada y creó grupos de trabajo de expertos de diferentes entidades (IGAC, Inderena, institutos de ciencias y universidades).

En 1967 consiguió becas de doctorado en Holanda para 20 nacionales mediante la Fundación Wotro, el Colfuturo de la época (el 80 por ciento regresó al país).

De allí salió la obra Cuaternario de Colombia, de 20 volúmenes. Para entonces ya había ayudado a crear de la Facultad de Geología de la Universidad Nacional.

Hacia los 70, como no había mucha información de las tres cordilleras y de la Sierra Nevada de Santa Marta, creó el programa Ecoandes, del que generó siete tomos de más de 5.000 páginas.
Fue uno de los ideólogos de la Fundación Tropenbos para estudiar el trópico del mundo, programa que sigue vigente.

En total dejó unas 400 publicaciones. Algunas de sus producciones son: Investigaciones arqueológicas en los abrigos rocosos del Tequendama, Plan ambiental de la cuenca alta del río Bogotá y Atlas de páramos de Colombia.

Hace un mes, con deficiente visión, terminó sus memorias y el libro Historia geológica de la Sabana, que será editado por el IGAC.

Otras luchas

Van der Hammen tuvo injerencia en la formulación de las leyes de Páramos, Agua, Bosques y Ordenamiento Territorial.

Con el ambientalista Julio Carrizosa Umaña, aconsejó a las autoridades poner límites al crecimiento urbanístico de Bogotá y estudió el denominado Borde Norte (Calle 190 hasta los límites con Chía). Por diez años, esperó infructuosamente la redeclaratoria de la reserva de esta zona.

Pero, estas nos fueron sus únicas decepciones. "Le dolió volver a sitios ricos en biodiversidad y hallar su destrucción. Le dolió la soledad de las palmas de cera, la transformación del paisaje con retazos de pinos y eucaliptos, la agroindustria en los páramos, el desacato a sus recomendaciones en los planes de ordenamiento y las modificaciones a la Ley de Páramos", expresó Rodríguez.

"Si hoy me preguntaran cómo la Nación debe honrar su memoria, es claro que él se sentiría tranquilo si restauráramos los ecosistemas alterados y conserváramos lo poco que queda", expresó Carrizosa Umaña.

Artista y consejero

Fue intérprete del violín, bailarín de ballet y escultor. Aunque las normas holandesas le impidieron nacionalizarse, él se sentía colombiano.

Y como tal adoró los ritmos patrios. Sus amigos lo recuerdan ejecutando acrobáticas polkas, bambucos e interpretando la Gata golosa en su violín.

Es memorable una serenata que en el 52 le llevó a su prometida, Anita Malo, con unos muchachos que se llamaban Garzón y Collazos. Un año después se casó, y entonces Anita, además de ser madre de Thomas, María Clara y Cornelis, pasó a coordinar la logística de varias expediciones.

Antoine Cleef, discípulo y amigo holandés, contó que él gozó de buen humor. "La forma de 'sacar' a los expedicionarios de sus carpas era imitando perfectamente una trompeta militar en las madrugadas". "En la casa también nos levantaba así", expresó su hijo Thomas.

Era muy persistente. Quizá su mayor 'aventura', fue convertir un terreno de su finca en bosque altoandino. Ayudado por su familia, durante 17 años plantó decenas de árboles de 90 especies diferentes.

Justo allí, sobre el sendero, su hija María Clara advirtió que luchará para conservarlo; al igual que la casa, que en realidad fue un centro de pensamiento ambiental.

En ese lugar había una permanente procesión de ministros, directivos, investigadores, estudiantes y grupos juveniles, en busca de consejo, análisis y debate.

Después de un proceso reflexivo encontró a San Francisco de Asís y se consagró a él. Erigió en su honor una ermita, cerca de la casa.

Su ex alumno José Lozano lo describió como un hombre "austero, sencillo y generoso". Para Rangel fue "la mejor conjugación de la ciencia con la humanidad: recato, humildad, ninguna ostentación de su sabiduría y posición, un fiel reflejo del maestro que lo inspiró".

Cuando se aproximaba el final de sus días, Van der Hammen dio a su familia las instrucciones de un sencillo funeral. Planeó la ceremonia, las palabras, las canciones y seleccionó su tumba en un espacio verde, entre la capilla y el bosque.

Alrededor de su cuello y sobre el traje gris que siempre le gustó, llevó la tau (cruz franciscana). Pidió un único ramo floral silvestre, que Carlos Rodríguez elaboró con flores de laurel, raque (árbol preferido), monina, pasiflora y uva de páramo.

El pasado 13 de marzo se realizó su entierro, después de que un grupo de niños indígenas de la reserva de Chía le dedicara un concierto de flauta, tambora y cantos en lengua tradicional, ante 400 asistentes.

POR
OLGA CECILIA GUERRERO

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