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Elefantes blancos africanos

Elefantes blancos africanos

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de marzo 2010 , 12:00 a. m.

Nelspruit es una ciudad sudafricana de 230.000 habitantes. Fundada por pastores hace 105 años, tiene un aeropuerto internacional que le permite servir de escala para los turistas que viajan al Parque Nacional Kruger y a Mozambique. Centro agrícola y mobiliario, es, sin embargo, un lugar donde abunda la pobreza y campea la corrupción administrativa. Buena parte de su población carece de agua potable y de sanitarios. Pero desde junio, Nelspruit tendrá uno de los estadios más modernos del África, donde podría acomodarse uno de cada seis habitantes de la ciudad.

Es el escenario que el gobierno de Sudáfrica construye a un precio de 137 millones de dólares, como parte de las obras del Campeonato Mundial de Fútbol que se celebrará entre el 11 de junio y el 11 de julio de este año. El problema es que el estadio de Nelspruit solamente albergará cuatro de los 64 partidos que se disputarán durante el torneo. Después, sin mayor tradición futbolística y con una capacidad casi igual a la de El Campín, podría convertirse en un elefante blanco.

Reflexiones como esta surgen a medida que se acerca la fecha de la Copa Mundo. Es la primera vez que el continente africano será sede del más famoso torneo deportivo del mundo, del que se han celebrado 18 finales desde 1930. Como todos los países que logran acoger el torneo, Sudáfrica está decidida a mostrarse ante el mundo como un país pacífico, pujante, próspero, moderno. Para ello, ha invertido cerca de 6.000 millones de dólares. Una parte de ellos, según investigaciones de las autoridades, fueron objeto de malos manejos y de enfrentamientos políticos violentos. Al menos tres listas de amenazados circulan por el país y una de las víctimas mortales, Sammy Mpatlanyane, era director asistente del Departamento de Deportes.

Siempre ocurre en esta clase de eventos que el mundo pone sus ojos en las cualidades y las lacras de los países. Cuando el Congreso Eucarístico de Bogotá se publicó en Europa que Hitler vivía en Colombia. Digamos que es parte de los riesgos. Lo grave es la inversión sin sentido en medio de zonas socialmente deprimidas. Unos Juegos Olímpicos sirvieron para refundar a Barcelona; pero porque existía una estrategia urbanística completa. En cambio, el mundo está lleno de instalaciones deportivas levantadas para ocasiones determinadas que carecían de propósito una vez pasado el certamen y ahora crían yerba. Ojalá no sea ese el destino de algunos de los estadios de Sudáfrica.
editorial@eltiempo.com.co 

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