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"Siendo un analfabeto musical, logré hacer casi 200 canciones de pura memoria": Jorge Villamil

"Siendo un analfabeto musical, logré hacer casi 200 canciones de pura memoria": Jorge Villamil

Perfil del compositor que creó las obras más emblemáticas del lado andino de la colombianidad (Espumas y Llamarada), publicado en 2008 para la serie sobre leyendas vivas de EL TIEMPO.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de marzo 2010 , 12:00 a. m.

Es el apartamento de Jorge Villamil Cordobez, en Bogotá. Anita abre la puerta. los últimos ocho años, ha sido enfermera, ama de llaves y hasta ángel de la guarda del maestro, que espera en la sala, sonriente, jovial y pleno de aire juvenil a sus 79 años. 

Lo acompaña la tiplista Olga Acevedo. "Ella me alzó a mí, cuando chiquito", bromea Villamil, a sabiendas de que fue al revés. Era el padre de Acevedo quien la llevaba, siendo niña a la casa del compositor para mostrarle su talento musical.

Juntos, el compositor y la tiplista, están decididos a hacer una colección de diez CD, una antología del compositor, en tiple. Hace un par de meses grabaron el primero de estos discos. Y el maestro quiere que la música esté de fondo durante la charla. Se oye entonces Si pasas por San Gil y él tararea...

-Aracataca... Aracataca... Aracataca ¿Aracataca? Anita lo explica: Villamil dice Aracataca en vez de whisky, para quedar bien en las fotos.

Así, entre 'Aracatacas', Villamil cuenta que reunirá 180 obras en la antología. Son, inicialmente, para el museo de Neiva que lleva su nombre (aunque están disponibles para el público). Y son instrumentales porque hay aires criollos que hoy nadie toca y por eso le importan más las melodías.

¿Qué lo tiene más satisfecho del trabajo realizado?

"Que siendo un analfabeto musical, logré a lo largo de 50 y pico de años, hacer casi 200 canciones de pura memoria", responde.
Sus canciones son retratos. El Barcino, por ejemplo, trae la imagen de un torete llamado El Confite, que llevaron al Cedral, la hacienda de su infancia. Villamil, de 10 ó 12 años, solía molestarlo con una ruana. "Cansado de que me aporreara, mi papá se lo llevó para El Guayabero --cuenta el compositor--. De allá se lo llevó la guerrilla". 

El toro huyó en el tiroteo de un enfrentamiento con el ejército. Lo vieron, ya libre, en Balsillitas. Salvaje, duró cuatro años más, matando lo que encontraba para comer, hasta que el ejército lo encontró y lo mató para comérselo.

Villamil supo de su fin por un teniente, que le describió al toro de cachos blancos y puntudos. Y al acordarse de él, años después, en México, le compuso: "Arre torito bravo, que tienes alma de acero..."

Luna roja es para Villamil el paisaje del Alto Menegua, en el Meta. En especial, de un atardecer con amigos en la finca La Ponderosa, frente a una luna inmensa, que era roja porque ardían los pajonales. Fue el telón de fondo de unos toros que peleaban y del mayordomo de la finca que pasó a caballo persiguiendo a su mujer, que se voló y, de paso, inspiró la canción.

Pero los Copleros de Arauca le ayudaron al maestro a estructurarla, por eso, aunque nació en el Meta, Luna roja habla de "bellas noches araucanas".

De El Cedral, el lugar donde el compositor nació y se crió (cerca de Neiva), hay una reconstrucción a escala en el Museo Jorge Villamil.

¿Tirofijo trabajó en El Cedral?

"No trabajó, pasó --responde el autor de Espumas--. Tenía un tío por allá, Abel Marín. Llegó huyendo de la justicia porque lo acusaban de matar a un señor en Tuluá. El tío nos lo presentó. Duró unos ocho días y se fue. Volví a encontrarlo en la Gobernación del Huila, como inspector de la carretera Planadas-Gaitania. Nos escribíamos porque yo era médico en la carretera, nombrado por el Gobierno para enganchar alrededor de 400 guerrilleros a la carretera, al pico y pala".

Del Villamil médico se habla poco. Para él, lo mejor de ejercer la medicina fue haber aplicado tratamientos modernos para la época en el Hospital de Neiva. Sin embargo, Villamil es leyenda por su obra musical.

Dejó de ejercer la medicina en 1972. Su renuncia no fue una decisión planeada. Ocurrió de repente, en plena consulta con un paciente enfermo de la cintura. La enfermera lo tendía en la cama cuando llamó Lucho Bermúdez a pedir la letra de Oropel.
Villamil había comenzado a dictarle: "No vuelvas a decir jamás que has triunfado en la vida...", cuando el paciente protestó:

-Doctor, carajo, vine a que me mire un médico, no un compositor. Estoy adolorido.

Y Villamil dijo: "Tiene razón". Al terminar la consulta llamó a la secretaria y le dictó: "Señor gerente del Seguro Social, de la manera más atenta, quiero presentar la renuncia irrevocable a mi posición de médico de ortopedia del Seguro Social. Los motivos  son personales..."

Fue porque a finales de los 60 y comienzos de los 70, Villamil era el midas de la composición musical. Toda canción suya era un éxito. Su etapa dorada coincidió con sus años en México, del 67 al 70, cuando voces como las de Lola Beltrán y Javier Solís estrenaban sus canciones. No podía seguir siendo médico.

¿Y extrañó la medicina?

No. Cómo será de fuerte la música que vence todas las cosas.

Así que dejó la medicina por 'Oropel'... 

"Oropel también nació en México, inspirada en la historia de un amigo que llegó al país azteca y fue colmado de atenciones por el gerente de una empresa", recuerda el compositor. Después descubrió que el gerente estaba enamorado de su mujer y le preparaba una celada. "Todo es oropel, todo es traición", se quejó el amigo ante Villamil. De ahí salió la canción.

Villamil dice que guardará las demás historias para cuando vaya sacando los demás discos de su colección en honor al tiple.

¿Siente que el tiple se está perdiendo?

"Nunca, porque moriría Colombia --responde--. Pero la extravagancia de la música nueva ha barrido con todo... ¡Ay!... Aracataca..."

¿Y cuando le ofrecen premios? ¿Es feliz?

"Pues sí, uno se acostumbra. He recibido todos los honores en vida. La palma de Oro en Hollywood. Ese que le dieron a Jorge Celedón este año en las Naciones Unidas, también", cuenta.

Pero su casa está limpia de premios. Los museógrafos se lo llevaron todo, desde las placas más humildes hasta los galardones internacionales, pasando por los discos de oro y de platino. "Hicieron un inventario y se lo fueron llevando --dice Anita--. Como 400 premios".

¿Y con qué se quedó el maestro?

"Con la cama y el Cristo de Buga".

¿Y de salud, cómo va?

"Usted sabe que la diabetes no se cura --responde--. Ataca todos los sistemas. Tengo 18 médicos que me atienden y están dispuestos a no dejarme morir tan pronto. También tengo al Cristo". 

Anita resume su historia clínica reciente. Por algo, Villamil dice que los médicos no hablan con él sino con ella. Porque tiene presente el mes que estuvo hospitalizado en el 2004, las entradas a la clínica del resto del año, la isquemia cerebral del 4 de enero del 2005 y los dramáticos días en que los médicos perdieron la fe, le quitaron la diálisis y lo mandaron a la casa a morirse.

"Él vive porque Dios quiere que no se muera todavía", dice Anita. 

Le quitaron el suero, el oxígeno y Villamil vivió 18 días con las cucharaditas de agua que le pudo recibir. Resistió hasta que los médicos hicieron otra reunión. Hasta el hijo del maestro le preguntó qué hacían.

"Y le dije -recuerda ella- que sea Dios y no los médicos quienes decidan".

Así que lo llevó a una nuevla diálisis. Y el maestro se recuperó. En el 2007, Villamil padeció una anemia y pasó por una operación sin anestesia. "Me operaron a palo seco, porque tenía neumonía -dice el maestro-. La cirugía duró tres horas y no sentí nada. Tenía el Cristo al lado".

Recuperado fue a dar gracias y testimonio a la iglesia de la 39 con 18. "Lloraba la gente", dice Anita.

"Aracataca...", dice Villamil. Concluye diciendo que terminó con los sueños pues ha cumplido su ciclo. Le queda terminar la colección de discos. "Y si yo no alcanzo, la terminarán mis hijos", dice satisfecho.

El primer CD

El primer volumen de la colección que graban Jorge Villamil y Olga Acevedo, se distribuye en la Academia de la tiplista (Calle 115 No. 53-96 apartamento 304, de Bogotá, teléfono: 214 7786) y en la Gobernación del Huila, en Neiva.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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