El barrio Santa Fe, un lugar de contrastes con viviendas, locales comerciales y prostíbulos

El barrio Santa Fe, un lugar de contrastes con viviendas, locales comerciales y prostíbulos

Algunos de los habitantes tradicionales reaccionaron indignados a una reunión de seguridad que el alcalde local Luis Ernesto Rincón realizó en un prostíbulo.

06 de febrero 2010 , 12:00 a.m.

Un disparo que suena a las 10 de la mañana al otro lado de la calle donde está su casa en el barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá, fue el saludo que le dio el Año Nuevo a Andrea*, el primero de enero de este año.

"Es una locura. El asesino era un joven que se alejó despacio, friamente", recuerda. "Y el cuerpo ahí, tirado, en plena calle".

Las imágenes se deslizan en una cascada de palabras. Andrea vive sus 20 años. Es tan joven como el asesino del primero de enero.

Su voz suena pausada, reflexiva, pero indignada; igual que la de sus vecinos, que llevan una semana explicándoles a los periodistas por qué les molestó que el alcalde de la localidad de Los Mártires, donde está su barrio, los invitara a una reunión de seguridad en un prostíbulo: Piscina Internacional Day.

La indignación -explica Amparo, una vecina que vive hace 12 años en el barrio- radica en que llevan ocho años lidiando con prostitutas, travestis, atracadores, venta de drogas, consumo de licor y ruido. Por si fuera poco, en el 2002 el barrio fue declarado por decreto zona de tolerancia.

Desde entonces, vivir en las 64 manzanas que componen el barrio, uno de los 63 incluidos en el plan de recuperación del centro, ha sido una tortura. De los 1.920 predios registrados en Catastro, 1.443 se usan como vivienda. Y no cualquier vivienda. Un apartamento en Santa Fe es tan grande y lujoso en acabados como uno de estrato 6, en el barrio más exclusivo del norte. Tienen en promedio 158 metros.

Pero claro, muchos combinan la vivienda con comercio: ferreterías, panaderías, cerrajerías, ventas de pintura, salones de belleza y, últimamente, bodegas de reciclaje. En los registros oficiales aparecen 75 moteles y residencias. Esos son los legales. Pero la cifra es incierta porque sin licencia ni permiso, muchos prostíbulos invadieron antiguas viviendas. Incluidas las de interés cultural. En la zona hay 112, según el Instituto Distrital de Patrimonio.

"En mi cuadra, la carrera 16, solo vivimos dos ancianos, mi esposo y yo. Lo demás son prostíbulos", dice Mélida, residente desde hace 36 años. "Uno se asoma por la ventana y lo primero que ve son prostitutas y rateros".

La pareja no solo ha tenido que lidiar con insultos. Al esposo de Mélida lo apuñalearon en una ocasión por tratar de impedir que prostitutas y travestis se pararan en la puerta de su casa. "Un día hasta nos embadurnaron la puerta con materia fecal". Mélida recuerda que su hijo jugaba a los tarros y en esas épocas buenas del barrio no se pensaba en que algo le podía pasar.

Santa Fe es una zona de contrastes. "Yo de aquí no me voy, porque es un barrio lindo". La que habla es Ligia, una matrona que llegó hace 43 años y un día salió en pijama y hasta zarandeó por la camisa, en plena calle, al administrador de un prostíbulo que no la dejaba dormir por el ruido y los gritos.

Por situaciones como esta, los vecinos que se oponen a la zona de tolerancia se negaron a ir a la reunión de seguridad que el alcalde local, Luis Ernesto Rincón, presidió en uno de esos negocios. Piden un sitio neutral. "No voy a asistir a reuniones donde hay prostíbulos que nos han hecho mucho daño", dice Alejandro, quien vive desde niño en el barrio.

"No soy bogotano, pero amo a Bogotá y a este barrio", afirma un paisa que, cuando niño, jugaba fútbol frente a la casa del poeta León de Greiff, hoy convertida en parqueadero de uno de los prostíbulos.

Sobre la calle 22D, todavía está en pie la casa donde vivió Gustavo Rojas Pinilla, el abuelo del actual Alcalde. Y en el borde norte, sobre la calle 26, está el Cementerio Central, patrimonio de la ciudad.

Es el barrio Santa Fe, ombligo de la ciudad, lo llaman sus residentes. Sitio estratégico y central para ellos y para los negocios de tolerancia.

"A veces me desespero, pero me digo: esta es mi casa. ¿Por qué me tengo que ir?", se pregunta Mélida

"Lo más difícil es vivir con las consecuencias de la zona de tolerancia", reflexiona Andrea: "Veo a muchas prostitutas embarazadas, niños que nacen y después están sueltos en la calle; niños solos y sin educación, con problemas nerviosos y sin valores. Uno sabe que cuando crezcan, su único apoyo serán ellos mismos. Y lo más fácil para ellos será robar y delinquir".

* Nombre cambiado por seguridad.

Alcalde dice que seguridad mejoró

El alcalde de Los Mártires, Luis Ernesto Rincón, dijo que convocó a una reunión en el prostíbulo porque es un negocio legal. Según el funcionario, la tasa de homicidios bajó en el último año 31,6 por ciento (25 casos menos).

Hernando Cardona, representante de Asovegas, que reúne a los negocios de la zona de tolerancia, dice que el alcalde local y la Policía son los que deben garantizar que las trabajadoras sexuales no ejerzan en la calle y que se cumplan las normas sobre ruido.

YOLANDA GÓMEZ TORRES
SUBEDITORA BOGOTÁ

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