¿Una plaga puede ser negocio?

¿Una plaga puede ser negocio?

Entre microorganismos, plantas acuáticas y terrestres, invertebrados acuáticos, vertebrados terrestres, anfibios, peces, aves, entre otros, hay 100 especies alienígenas invasoras en el mundo.

06 de enero 2010 , 12:00 a.m.

 En un jardín del barrio Modelia, al occidente de Bogotá, una ama de casa libró una épica batalla contra un escuadrón de caracoles. Empleó cualquier cantidad de métodos para deshacerse de los invasores que estaban acabando con sus plantas. Llegó al extremo de aplastarlos uno por uno y aún así no los pudo erradicar: los moluscos regresaron con renovadas fuerzas como en una película de clase B de los años 50. Desesperada llamó a una emisora donde se discutía sobre el cultivo de caracoles en Colombia o Helicicultura. Le explicaron que el Hélix Aspersa, nombre científico del caracol de tierra que la acosaba, al ser una especie extranjera carecía de predadores naturales que controlaran la población. "Cómprese un pato para que se los coma, a lo mejor eso le sirve", le dijeron entre chiste y chanza. Pues bien, ese fue el único remedio, aunque ahora tiene que aguantarse los graznidos del ave.

La historia es relatada por Úrsula Ramírez, profesora de la Universidad Javeriana y miembro del Instituto de Genética de la Universidad Nacional, además, encargada de realizar una investigación que busca obtener datos concretos acerca de la distribución de la especie en Colombia y su diversidad genética tanto en el medio natural como en cautiverio. Con su informe espera zanjar una controversia que sostienen miles de criadores del molusco, ansiosos por vender un producto altamente apetecido en Europa y biólogos que ven en el caracol una plaga de alto peligro ecológico.

Al parecer el Hélix Aspersa llegó ilegalmente a Colombia a mediados de los años setenta y como tal fue introducido al país sin tener en cuenta las mínimas normas de protección y las consecuencias de la crianza de un molusco que en su hábitat natural -Europa- tiene ciclos definidos de reproducción dados por las estaciones. En Colombia se reproducen 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año. Según el doctor en ciencias biológicas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Francisco Gutiérrez, experto en especies invasivas, gracias a ese ritmo acelerado de reproducción el caracol ya se encuentra en 28 departamentos de los 32 que tiene el país. El profesor Gutiérrez señala un documento de Proexport titulado Estudio de las posibilidades de producción de caracoles en Colombia, de 1985, como uno de los impulsores del cultivo de Hélix Aspersa. Un impulsor descuidado por decir poco.

La promesa de un cultivo supuestamente fácil de llevar, en el que había que invertir poco y que generaba una gran rentabilidad, llevó a muchas personas a soñar con la gallina de los huevos de oro. El problema es que no había información sobre la forma adecuada de criarlos y mucho menos legislación al respecto. Algunos entusiastas pasajeros fracasaron en su intento de llenarse los bolsillos al poner caracoles en las mesas europeas y abandonaron los criaderos a su suerte. Bastó con que un solo par de caracoles hicieran de Adán y Eva para empezar a poblar el campo colombiano. La irresponsabilidad de estos oportunistas alentados por la magia de la exportación per se es la causante de que en treinta años el molusco se haya dispersado en Colombia hasta llegar a lugares como la Sierra Nevada de Santa Marta. Otros productores, en teoría, más cuidadosos buscaron información y se apoyaron en experiencias como la de Argentina -pasaron por alto las condiciones colombianas y su clima tropical-, se resistieron a perder el dinero invertido y perseveraron hasta que se vieron recompensados con una polémica ley expedida por el Ministerio de Agricultura en el 2006 que reglamenta el cultivo del Hélix Aspersa. La ley fue expedida haciendo caso omiso del concepto emitido en el 2005 por el Instituto Alexander Von Humboldt que declaraba a la especie como invasiva, título que en pocas palabras significa que altera gravemente el ecosistema donde se introduce.

En una carta dirigida a la Corte Constitucional remitida por el Departamento de Biología Marina de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, se cuestiona la ley por varios motivos pero quizás el más llamativo es que no era de competencia del Ministerio de Agricultura legislar sobre este tema. Palabras más, palabras menos usurpó las funciones del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, el encargado natural de este tipo de asuntos. Además "se legalizó lo ilegal", anota la carta, como se lee en el artículo 2: "Zonas de Vocación Helicícola. Denomínanse Zonas de Vocación Helicícola las regiones del país donde se encuentran las caracoles del género Hélix. A partir de esta ley, dichas regiones quedan declaradas como zonas aptas para el cultivo de este género de caracol y en ellas se permitirá la explotación de la actividad helicícola, atendiendo las instrucciones que sobre manejo ambiental definan las respectivas autoridades. Los zoocriaderos de caracol terrestre del género Hélix y sus diferentes especies podrán funcionar en las modalidades extensiva, intensiva o mixta y bajo sistemas abiertos, cerrados o mixtos". Ya hecho el daño y para que no se presenten más fugas de caracoles la recomendación de las autoridades ambientales es que por lo menos se cultiven en sistemas cerrados, consejo que la ley promovida por el Ministerio de Agricultura desconoció por completo.

De la lectura de la dudosa norma se puede desprender una conclusión: los motivos económicos parecen haber primado sobre los motivos ambientales y como recalca el profesor Gutiérrez "increíblemente se legisló sobre una sola especie. Ahora el Hélix Aspersa tiene su propia ley", lo que abre un boquete jurídico: ¿cada especie debe tener su ley o debe hacerse una ley que las cobije a todas? El problema de fondo que señala el biólogo, especializado en investigar las consecuencias de las especies introducidas, no es que los caracoles se coman las rosas de las señoras. El gran temor es que las consecuencias de introducir especies indiscriminadamente pueden ser gravísimas a largo plazo. En su artículo titulado "Las invasiones biológicas y los cambios climáticos" menciona casos de especies introducidas en Hawaii y trabajos de científicos que "han estudiado los cambios climáticos respecto a las invasiones biológicas, el uso del suelo, las aves endémicas, todo lo cual está directamente relacionado con la aparición de pandemias como la malaria aviar".

En su estudio la profesora Úrsula Ramírez ha tenido conocimiento de caracoles que se encuentran en los caños de Bogotá. Su investigación pretende saber qué clase de patógenos pueden transportar los moluscos. Esperemos que no revistan gravedad.

Armando Rey se enfrentó al mismo problema del ama de casa de Modelia: un ejército de caracoles estaba acabando con las heliconias de su finca. Recurrió a internet en busca de una solución y se enteró de que vender la carne del caracol que se arrastraba por los pasillos de su casa era un negocio próspero en muchos lugares del mundo. Esa casualidad lo llevó a la Helicicultura. Hoy, después de mucho dinero y tiempo invertidos, y de haber franqueado legalmente un sinfín de obstáculos -incluida una ley que prohibió importación de Hélix Aspersa-, está a punto de vender caracol procesado en cinco formas diferentes.

Colombia posee 51 especies de plantas invasivas, 2 de anfibios, entre ellos la rana Toro, un gran depredador que se reproduce con la misma facilidad de los caracoles, 8 de aves, 8 de mamíferos, 7 de invertebrados y 17 de peces, entre ellos la trucha. Es posible que el molusco siga el camino de este pez, una especie introducida que acabó con peces nativos y alteró el ecosistema para siempre pero que a la vez representa un sustento económico para miles de personas en Colombia. El estudio de la profesora Úrsula Ramírez ayudará a aclarar el tema. Aún así la experiencia de Armando Rey y otros tanto helicicultores ilustra un dilema moral propio de estos tiempos: ¿vale la pena el beneficio económico a riesgo de sacrificar la estabilidad del medio ambiente? ¿Vale la pena hacer plata si en un par de décadas millares moriremos de una extraña gripe en menos de una semana?

Por Andrés Felipe Solano

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