Cielos agitados

Cielos agitados

29 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

El frustrado intento de provocar un estallido en un avión de Northwest, que protagonizó el día de Navidad un nigeriano, ha traído las primeras consecuencias políticas. Barack Obama dijo a los norteamericanos, desde Hawai, que presionará y derrotará a los terroristas de Al Qaeda, provengan de donde provengan. Y mencionó a Yemen, posible origen de la trama que intentó causar la muerte a los 278 pasajeros y a los tripulantes del avión. Obama ha recibido críticas de los republicanos por las grietas en el sistema de seguridad y el asunto amenaza con crear una nueva pelea política y, además, un infierno para millones de pasajeros. Ahora es más difícil viajar, más lento, más ingrato y más costoso a causa de las nuevas medidas de seguridad que empieza a aplicar Estados Unidos y que seguramente se extenderán a todos los aeropuertos del mundo.

Así ocurrió tras los actos del 11 de septiembre del 2001. A la tragedia siguieron intensas requisas, prohibición de portar objetos cortopunzantes, largas colas y descenso en el uso de la aviación comercial. Tiempo después, a raíz de otro atentado fallido, se prohibió llevar líquidos en los implementos de mano. La seguridad sigue siendo reactiva, casuística y, por momentos, delirante.
Hasta ahora las medidas habían funcionado con éxito. Pero el episodio del nigeriano Umar Farouk Abdulmitallab, que en un vuelo entre Holanda y Detroit (E.U). quiso provocar un incendio con elementos explosivos ocultos en su ropa interior, ha sembrado el pánico, inclusive en la burocracia encargada de las normas de protección. La secretaria de Seguridad estadounidense, Janet Napolitano, aceptó que el sistema no funcionó, tras haber proclamado lo contrario. Los primeros en pagarlo son los usuarios. Entre las nuevas medidas figuran la limitación a una pieza de los equipajes de mano (¿habrá que dejar el computador, o los artículos personales?), someterse a requisas mucho más detalladas y, durante la última hora de vuelo, abstenerse de ir al baño y mantener el regazo despejado y las manos visibles.

Muchas otras medidas no se anunciarán y cambiarán constantemente. De modo que los pasajeros nunca sabrán a qué atenerse y se llevarán constantes y enojosas sorpresas.
Lo más importante en estos casos es la seguridad. Pero no es posible tratar a todos los viajeros como sospechosos de terrorismo. Han tardado las autoridades en crear y promover nuevas máquinas, detectores más eficaces y aplicar mayor inteligencia: al parecer, Farouk entró al avión irregularmente. Conviene impedir, además, que, so pretexto de la seguridad, algunas aerolíneas hagan su agosto cobrando por las valijas de mano. Los pasajeros no son los culpables del problema, ni deben ser sus víctimas.
editorial@eltiempo.com.co

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