Año nuevo, polvos nuevos... y mejorados / Sexo con Esther

Año nuevo, polvos nuevos... y mejorados / Sexo con Esther

Para los que no han pensado seriamente en cuál será su propósito de Año Nuevo, aquí va mi sugerencia: mejorar los polvos.

26 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Por si acaso lo dudan, el sexo es uno de los principales ingredientes del bienestar humano.

Es tan democrática esta herramienta que no hay cultura ni concepción política o culto religioso que, así sea por el mero papel de procrear, no le den al polvo y sus arandelas un lugar de importancia dentro de la sociedad.

Sí señores, hacer el amor, ligar, coger o como quieran llamarlo es tan natural como respirar.

Es más, reto a la persona, hombre o mujer, capaz de afirmar que jamás se ha imaginado un buen orgasmo, que no se ha estremecido en una cama, que no ha disfrutado de una paja adolescente y furtiva o que por lo menos no haya sentido que sus hormonas lo traicionan con una erección matinal o un cosquilleo y una humedad bajo el vientre. Que aparezca ya para diagnosticarle, de una vez por todas, un alto grado de anormalidad.

No está de más notificarle a tanto mojigato que, en el escalafón de los órganos del cuerpo, los genitales ocupan el mismo lugar del corazón o del presuntuoso cerebro, y que hablar de ellos con vergüenza y en voz baja o darles alias ridículos -como pija, polla, cucaracha o concha- es caer en tontos eufemismos que rayan con la estupidez.

El pene y la vagina (cuyos sonoros nombres fueron remplazados con tantos terminachos rebuscados), las hormonas y aledaños no son, en el equipamiento del cuerpo, elementos de adorno o que requieran permisos especiales o licencias sociales para ser usados. No señores: ellos tienen funciones que hay que permitirles ejercer a plenitud.

Coartar este precepto biológico no es más que un embeleco. ¿O dudan de que el origen de tanta ignorancia y vulgaridad tenga su origen en prohibiciones y tabúes en torno al sexo?

Y al que dijo que el placer de los polvos es pecado puro, hay que condenarlo al fuego eterno, porque si una cosa deja es beneficios, físicos y mentales. Eso dicen los estudios.

Lo mejor del asunto es que puede conseguirse gratis, pues para lograrlo sólo se requiere darle uso pleno a la dotación que cada uno tiene, dejando a un ladito tanto pensamiento atávico que frena el deseo y echa a perder toda faena bajo las sábanas.

No hay, insisto, ninguna excusa para no mejorar los polvos, tanto en calidad como en cantidad; insisto en que sea ese un propósito para el Año Nuevo. Empiece por hablar sin tapujos, por aprender a tomar la iniciativa, a decir lo que le gusta y lo que le disgusta, por entender que hay sexo sin amor, por propiciarse una que otra aventura y por "darle a su cuerpo alegría macarena...", sin remordimientos. ¡Feliz año y hasta luego!

ESTHER BALAC
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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