Hoja de vida/ 2009 visto por siete escritores

Hoja de vida/ 2009 visto por siete escritores

Habría podido vivirse una Gran Depresión como la de los años 30. Pero, "gracias a las medidas impulsadoras", sólo estuvimos a punto.

25 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Sin embargo, no es consuelo. Se dice que el próximo año será duro para el empleo. Pero no se piensa qué significará vivir en un planeta habitado por tantas personas en el límite de sus nervios.

Dice el informe anual de la OIT, ni más ni menos que la Organización Internacional del Trabajo, que en los últimos catorce meses "sólo" hubo 33 desempleados por minuto. Mejor dicho: que cada minuto perdieron su trabajo 33 personas. Treinta y tres personas: de esas que se despiertan en la madrugada sin saber cómo volver a dormirse, de esas que pierden la esperanza al final de los domingos y aplazan el hambre de un día al día siguiente. Todas las cifras son absurdas. Todas pretenden ponerles orden a los hechos, explicar los enredos de la realidad, acercar los fenómenos a la vida diaria, y todas fracasan, sin falta, en el intento. Pero ninguna resulta tan incomprensible, tan descarnada, tan indescifrable como la que la OIT ha descubierto en estos primeros días de diciembre: que "sólo" hubo 33 desempleados por minuto en los últimos catorce meses.

El informe asegura, con las cifras en la mano, que esta no es la peor crisis financiera que ha vivido el mundo. Que habría podido ser mucho más grave. Desde octubre del 2008 hasta diciembre del 2009 perdieron el trabajo, en todo el planeta, 20 millones de personas. El número de gente sin trabajo, a lo largo y lo ancho de la Tierra, llegó a 239 millones: el 7,4 por ciento de la población. Muchos países tardarán un año largo, un año más, en recuperar sus niveles de empleo previos al desastre. Y, si los gobiernos no mantienen los estímulos fiscales que han salvado a tantas industrias de la debacle, si no protegen a las empresas que protegen sus puestos de trabajo, muy pronto muchos hombres y muchas mujeres más (ciertos analistas se atreven a pensar en 5 millones más) saldrán por la puerta de atrás del mercado laboral. Pero habría podido ser mucho peor.

Habría podido vivirse, por ejemplo, una Gran Depresión como la de los años 30 del siglo pasado. Pero, "gracias a las medidas impulsadoras del empleo", sólo estuvimos a punto.

Sin embargo, no es ningún consuelo. Una compasiva encuesta, contratada por The New York Times y la cadena CBS, reveló el estado del espíritu de, por ejemplo, los desempleados de los Estados Unidos: descubrió que el 69 por ciento vive estresado, el 60 por ciento está agotando poco a poco sus ahorros, el 55 por ciento tiene serios problemas para dormir, el 53 por ciento vive gracias a alguna plata prestada, el 48 por ciento ha sufrido ataques de ansiedad o de pánico o de tristeza, y el 47 por ciento ha renunciado a su servicio de salud porque no le alcanza el dinero para pagarlo. Lo que quiere decir, en muy pocas palabras, que cada persona sin trabajo es un mundo que colapsa. "Desde que perdí mi empleo, en marzo, todo se fue abajo", les dijo Vicky Newton, una madre soltera, a los encuestadores. "Luché y luché para cumplir con mis obligaciones, pero finalmente me tragué mi orgullo y pedí ayuda por lo menos para alimentar a mi hija".

Son, en verdad, días extremos: el impaciente Calvin Gosz, de 19 años, se cansó de enviar hojas de vida a las indolentes empresas de Wisconsin. Y un buen día se le ocurrió subastar su nombre en el portal de Internet eBay. Suena medio infantil, medio desesperado, pero así es: ofreció cambiar su nombre por el de cualquier empresa que le diera 5.000 dólares. Y entonces apareció una compañía finlandesa que vende electrodomésticos por la web, Verkkokauppa.com (que en finlandés significa "compre online"), con la oferta que estaba esperando: "Me dieron los 5.000 que pedía y me prometieron otros 5.000 si lograba mucha publicidad con este tema", le dijo a la BBC. "La verdad es que me han tratado muy bien". Lo que significa que, como aquel tipo que se bautizó Alco Hall en los días de la prohibición por una suma de dinero, este hombre anda por ahí, hoy en día, llamándose Verkkokauppa.com. Y es citado, en todo el mundo, como un ejemplo de las ideas delirantes que produce el desempleo.

Se dice que el próximo año será duro. Se habla de una recuperación total del mercado laboral para el año 2014. Pero no se piensa qué significará vivir, durante tanto tiempo, en un planeta habitado por tantas personas en el límite de sus nervios: puede hablarse del curioso caso de Jimmy Quillen, el peluquero de Washington, Estados Unidos, que a comienzos de esta semana introdujo en su barbería las tarifas para desempleados; puede contarse la experiencia del señor Junior Pérez, en la provincia de Upata, en Guayana, que superó la tristeza que le produjo su despido de la empresa Edelca a punta de la venta directa de productos de maíz; pero también puede citarse el caso del desesperado Pedro Carranza Beltrán, en Santa Marta, Colombia, que se suicidó a los 34 años, hace un par de semanas, porque no encontraba ningún trabajo para comprarles a sus cinco hijos los regalos de Navidad.

No se habla lo suficiente de los desempleados de Colombia. El informe de la OIT le reconoce al país el esfuerzo por crear nuevos empleos, pero le advierte que la crisis está lejos de terminar, que los trabajadores del sector informal se encuentran desamparados y que sólo a finales de 2010 comenzará a notarse cierta mejoría. El Dane, ni más ni menos que el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, informó en octubre que en el último año 517.000 colombianos perdieron su trabajo y 2'300.000 individuos entraron a los terrenos del subempleo. Y un reconocido investigador de la Universidad Nacional, Ricardo Bonilla, le dijo a Caracol Radio que está convencido de que el desempleo a principios del próximo año puede acercarse al 15 por ciento. Y que los doce meses que vendrán serán, en el más esperanzador de los escenarios, doce meses de lenta recuperación.

En el consejo comunal que se llevó a cabo en Moñitos, Córdoba, el pasado sábado 12 de diciembre, el presidente Uribe comunicó que su gobierno girará 120 millones pesos a cada municipio del país para combatir (mediante "pequeñas obras en cada localidad") las cifras del desempleo en Colombia. La declaración fue recibida con poco entusiasmo por el administrador Bernardo Aguilar, en Bucaramanga, que toma antidepresivos desde que fue despedido de la empresa en la que trabajaba; por el comunicador Herney Restrepo, en Pereira, que todos los días piensa que no le queda otra salida que dejar la ciudad en la que nació; y por la señora Fabiana Toro, en Barranquilla, que le pide a Dios que el negocio de postres que acaba de montar ("porque nadie me da nada afuera") no se le caiga por el camino.

La situación colombiana es de cuidado. Y requiere mucha solidaridad. Pero a nadie del Gobierno se le ha oído una crítica de frente a los grandes empresarios o al sistema financiero, "en donde se desencadenó la crisis", dice la OIT, "con la toma irresponsable de riesgos". Hay que volver la cabeza a Estados Unidos para oír alguna voz que, por ejemplo, ponga en su sitio a los bancos. Se trata de la voz del presidente Barack Obama, en una entrevista en el programa 60 minutes, diciendo "yo no gané las elecciones para ayudarles a unos banqueros gordos de Wall Street que siguen ganándose bonos gigantescos: a la gente de Wall Street, que no se entera de nada, todavía les intriga por qué la gente anda brava con los bancos. Expliquémoselos: ustedes siguen ganándose bonos de 20 millones de dólares después de que el país ha pasado por una de sus peores crisis económicas de las últimas décadas, y ustedes causaron el problema". Y cada vez que pestañean, listos para sus vacaciones de diciembre, una persona de carne y hueso guarda los objetos de su escritorio en una desvencijada caja de cartón. Y, de golpe, se convierte en una cifra.

RICARDO SILVA ROMERO
Para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.