Abuelos samarios no asisten a comedores por temor a que les nieguen subsidio

Abuelos samarios no asisten a comedores por temor a que les nieguen subsidio

Por lo menos 300 adultos mayores han abandonado el programa de alimentación de la Alcaldía temiendo que no les entreguen el subsidio económico que da cada dos meses el Gobierno Nacional.

23 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

A las 10:30 de la mañana, cuando comienzan a servir las raciones de sopa, arroz, carne, ensalada, leche o jugo de frutas, las mesas están casi vacías en el comedor del barrio San Jorge, uno de los 23 existentes en Santa Marta para entregar alimentos a los adultos mayores del programa 'Juan Luis Londoño de la Cuesta'.

Hace tres meses, en este comedor preparaban 125 almuerzos, pero hoy sólo asisten 90 abuelos. Pero la mayoría llega con portacomidas para llevarse el almuerzo a sus casas o los mandan a buscar con familiares.

En el otro extremo de la ciudad, en el corregimiento de Gaira, la situación se repite. Aunque hay 91 abuelos afiliados al programa, al comedor ubicado en el Centro de Vida 'Otoño de Gaira' únicamente llegan unos 30.

"Se han ido desapareciendo porque dicen que si los ven por acá no les dan plata", cuenta Betty Ramírez, encargada de preparar los alimentos en San Jorge y quien en ocasiones ha tenido que salir a buscarlos en bicicleta para que la comida no se pierda.

El temor a que les nieguen el subsidio económico que entrega cada dos meses el Gobierno nacional los ha espantado.

Esta deserción masiva se originó, según el jefe de la oficina de Población Vulnerable de la Alcaldía, Carlos Ortiz,  luego de que en junio pasado el Ministerio de la Protección Social realizó un cruce en las bases de datos de los programas que benefician a la tercera edad y detectó que cerca de 600 samarios recibían doble beneficio: almuerzo y subsidio, lo cual sólo es permitido en municipios pilotos como Ciénaga y Fundación (Magdalena).

Tras hacer una depuración, en la oficina de Población Vulnerable los pusieron a escoger en cuál de los dos programas querían continuar, lo que ha generado confusión y provocado que muchos abandonen los comedores ante el rumor que si iban no podrían recibir el subsidio de 150.000 pesos. No obstante, Ortiz explica que hasta tanto les aprueben el subsidio pueden seguir asistiendo al comedor.

El otro factor que terminó de alejarlos es el nuevo sistema para controlar la entrega de los almuerzos implementado por el Instituto de Bienestar Familiar. Desde hace tres meses deben anotar su nombre en una planilla o estampar su huella si no saben escribir y "eso los tiene aburridos porque piensan que esa firma es comprometedora", afirma Ramírez.

La cobertura del programa en el Distrito es de 3.163 abuelos, pero aproximadamente 300 han desertado, según datos de la Alcaldía.
Rosa Castillo Ríos tiene 70 años y hace cuatro asiste puntualmente al comedor de San Jorge, pese a que debe caminar varias cuadras. Pero se lleva el almuerzo para su casa. Lo hace por necesidad porque hace unos años quedó viuda y sus dos hijas están desempleadas.

"Soy hipertensa y aquí donde me ve tengo que tomar todas las mañanas cuatro pastillas porque sino hasta ahí llegué", dice la mujer con la cabeza llena de canas, quien asegura que ya metió los papeles para el subsidio (fotocopias de la cédula y del carné del Sisbén), pero todavía no le ha salido.

Igual le ocurre a Jaime Pinedo, quien tiene sus esperanzas puestas en la  ampliación de la cobertura en materia de subsidios, que posiblemente se dé en los primeros meses del próximo año. Lleva cuatro meses asistiendo al comedor de Gaira pero espera salir beneficiado con el auxilio económico porque recientemente sufrió un accidente y no tiene plata para comprar las medicinas.

"Me cayó un cerro encima y se me partieron varios huesos, ahora tengo un problema en la columna y no me pueden operar porque es riesgoso", cuenta el hombre de 67 años, mientras se levanta la camisa para mostrar la faja que le rodea la cintura y le permite caminar con cierta dificultad.

Para recuperar a los abuelos que se han ido y atraer a nuevos beneficiarios, la Unión Temporal Luz de Vida, operadora del programa de alimentación en Santa Marta, se ha valido de todo tipo de estrategias que van desde visitarlos en sus casas hasta organizar actividades lúdicas como paseos y fiestas para "que les reviva el interés de regresar al comedor", dice María Angélica López, coordinadora del programa.

Paola Benjumea Brito
Corresponsal de EL TIEMPO
SANTA MARTA

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