Crímenes atroces y votos por la paz y la felicidad

Crímenes atroces y votos por la paz y la felicidad

23 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.
  El fallecimiento de mi padre en la madrugada de un 25 de diciembre me enseñó, hace muchos años, la posibilidad de que haya amarga aflicción en el seno de los hogares mientras en el exterior resuenan las explosiones de alegría con motivo de las conmemoraciones cristianas de la Navidad. Esta vez, el suceso ha estremecido a algo más de una familia. Al país entero por el asesinato atroz del gobernador Luis Francisco Cuéllar y del joven a cargo de su seguridad, el patrullero Javier Simón García. Aunque se siga deseando a los demás paz, alegría y felicidad, el duelo actual reviste características nacionales por la gravedad y significación de las muertes despiadadamente criminales.
Típico acto terrorista, interrumpe los preparativos de la liberación de dos militares cautivos, uno de ellos el cabo Moncayo, con diez o más años de secuestro inhumano. Se asemeja, más que a los anteriores de las mismas Farc, a las estratagemas espectaculares del M-19 en Colombia o de la Eta en España. La Operación Jaque debió de dejarles cierto sabor de ceniza y moverlas a utilizar el viejo ardid del vestuario.
No con fines altruistas de liberación, sino con el objeto de tomar un rehén de alta jerarquía en reemplazo de los que se les escaparon de las manos y con abierta violación del Derecho Internacional Humanitario. En sus épocas de auge, eran plagios masivos, como en los casos de los diputados en Cali o de los habitantes de un edificio en Neiva. En la presente ocasión, parecieron inclinarse a la selectividad por lo expedito de llegar a la víctima.
Los expertos han hablado de los encuadramientos guerrilleros en la Cordillera Central. Desde luego, procuran tener abiertas las rutas del narcotráfico, de donde su financiamiento depende. Y atrincherarse mimetizadamente en cercanías de las fronteras con Venezuela y también del Ecuador, aunque de este no les sea posible esperar indulgencia, negligencia y menos cooperación encubierta. Tanto las Farc como el Eln juegan a la hipótesis de un conflicto con aquella república hermana, bajo el gobierno de su impulsivo e insolente Jefe de Estado, el comandante Hugo Chávez, cuyas inclinaciones expansionistas no son ningún secreto.
El bolivarianismo semántico y conceptual da trazas de aproximarlo a las debilitadas y acosadas guerrillas colombianas. Equívoco por despejar dentro de los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos, sin derivar a querellas azarosas, ni cerrar los ojos a las prerrogativas de los gobiernos democráticamente constituidos. Con franqueza cabe reconocer la hostilidad que impregna las relaciones con Venezuela. Cualquier episodio menor se agrava, aun habiendo la ocasión de ponerlo en sus exactas dimensiones. Por ejemplo, el del avioncito no tripulado que, según declaración del comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia, se destina únicamente a observar aquí, en los perímetros de las torres eléctricas, para prevenir sus voladuras y de ningún modo para espiar más allá de las fronteras patrias.
El tono belicista y las amenazas del presidente Chávez no abonan el terreno para el entendimiento entre los dos países. Por el pretexto de la facilitación del uso de bases militares colombianas a Estados Unidos, por su empeño de armarse hasta los dientes y por simpatizar con los movimientos subversivos en predio ajeno. Por si fuera poco, ahora el problema es con Holanda por la presencia de armas norteamericanas en Curazao y Aruba.
Aun así, sería inconcebible que no pudiera haber siquiera un modus vivendi entre las dos naciones hermanas y vecinas, civilizado y mutuamente respetuoso, en vez de los abominables sones de guerra. Entre otras cosas, porque de pronto se pasa de las palabras a los hechos. Ante tantas conminaciones, se comprende que Colombia se precava contra eventuales desafueros. Pero ello no obsta para que se haga supremo esfuerzo por preservar la paz entre los dos pueblos, al fin y al cabo las víctimas de una descabellada guerra binacional.

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