Novela en el ático

Novela en el ático

Un nuevo libro califica 'El diario de Ana Frank' como un trabajo literario mayor y no sólo como registro de una adolescente sobre el genocidio.

21 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

La imagen tiene apenas una duración de diez segundos y nos muestra una calle, en apariencia, común. Hay bicicletas, gente que va y viene, algunos carros que cruzan la avenida. Se trata de un día bastante normal, salvo por la aparición repentina de una pareja de novios enfrente de un edificio y la imagen de una pequeña asomada a la ventana de su apartamento. La imagen es algo borrosa, y rápida, un destello casi, pero constituye un documento histórico de gran valor, ya que se trata de la única imagen en movimiento que se tiene de la niña más famosa de la historia del siglo XX, Ana Frank.

Para quienes han estudiado de cerca la vida y la obra de Ana Frank, estos diez segundos de grabación casera son tan importantes como los borradores que se conservan del diario en la casa museo de Amsterdam o el debate que persiste sobre si se trata de una obra literaria o un testimonio juvenil con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo.

"Como la mayoría de los lectores de Ana Frank", dice la escritora norteamericana Francine Prose en su más reciente libro sobre Ana Frank, 'Anne Frank: the book, the life, the afterlife', que acaba de aparecer en el mercado anglosajón, "siempre había visto su diario como el relato inocente y espontáneo de una niña adolescente. Pero al releerlo bajo una mirada más adulta, me doy cuenta de que se trata de un trabajo concienzudo de literatura".

El trabajo de Prose ―su libro anterior, 'Reading like a writer', hizo parte de la lista de los libros más vendidos del diario New York Times recientemente― ha sido también concienzudo. Con la mirada puesta en lo que a su juicio es una obra literaria de gran nivel, Prose abre las entrañas de cada página para realzar las cualidades narrativas de su autora.  "Ana se veía a ella misma no sólo como una niña que estaba escribiendo un diario, sino como una escritora", dice Prose, citando a la misma Ana cuando, cuatro meses antes de que su familia fuera descubierta en el ático en el que se refugiaban del ejército alemán, escribiera: "Si no tuviera ningún talento para escribir libros o artículos de periódico, bueno, entonces voy a poder escribir siempre para mí... Lo haré hasta que muera. Por eso mismo le agradezco a Dios que me haya dado este don, la posibilidad de desarrollar mi escritura, de expresar todo lo que tengo adentro".

Ana Frank escribió su diario entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944. Sólo tres años después, y tras varios rechazos de las editoriales, se publicó una primera versión en Alemania corregida por el padre de Ana, Otto Frank.

Una de las razones de Prose es la manera como su autora trabajó en la reescritura de las primeras entradas del diario, ajustándolas al tono maduro que se encuentra al final. El resultado, a su juicio, es contudente: "El diario de Ana es una composición sinfónica de temas mayores y menores, de notas y acordes que resuenan con suficiente regularidad y frecuencia como para que uno no pierda la conciencia". Cuando uno de los ocho miembros que se refugiaban en el ático desaparece de las páginas, y el lector comienza a extrañarlo, de repente vuelve y aparece para darle dinamismo a la historia. La intención es evidente: contar la vida de los residentes del ático como si hicieran parte de una historia donde la tesión tiene que prevalecer... el diario tendría menos elementos de diario que de novela. La espontaneidad que se lee en sus entradas surge de una maquinaria narrativa pacientemente aceitada.

Los críticos, sin embargo, están lejos de verlo así. Gran parte del impacto y la notoriedad del diario, dicen, provienen de las circunstancias que rodearon su vida y su muerte. "Tratemos de imaginar que Ana sobrevivió al campo de concentración de Bergen-Belsen", dice uno de sus críticos, Robert Alter. "Y digamos que se radicó en Cleveland, se volvió una periodista, se casó y tuvo dos hijos. ¿A alguien le importaría su diario?" 

De cualquier modo, el aspecto más relevante en todo este asunto es la intención con la que Ana escribió, intención que da buena cuenta de la forma en que la pequeña veía y asumía su escritura.  "Para alguien como yo es una sensación muy extraña escribir un diario", se puede leer en la entrada correspondiente al 20 de junio de 1942. "No sólo porque nunca he escrito, sino porque me da la impresión de que más tarde ni a mí ni a ninguna otra persona le interesarán las confidencias de una colegiala de trece años".

De ser ciertas las palabras de Prose, esta confesión no sería más que un hábil maquillaje de sus verdaderas intenciones: contar la historia de los ocho ocupantes de "la casa de atrás", o Het Achterhuis, como si se tratara de una novela que le interesaría a todo el mundo. El tiempo, su muerte trágica en un campo de concentración  y el trabajo de corrección de Otto y los editores, cumplieron su deseo.

Por: Mauricio Becerra

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